León XIV en España: “La dignidad humana no deja de ser violada”

León XIV en España: “La dignidad humana no deja de ser violada”
MADRID, 06/06/2026.- El papa León XIV pronuncia un discurso en el Salón de las Columnas durante el acto de bienvenida oficial al Sumo Pontífice que tiene lugar este sábado en el Palacio Real. EFE/J.J. Guillén POOL
En su primer discurso del viaje apostólico, el Papa llama a superar la polarización, abandonar la lógica de “las armas y los muros” y situar la dignidad humana como criterio ante los desafíos de la inteligencia artificial, la paz y la convivencia democrática

El papa León XIV inició su viaje apostólico a España con una llamada a recuperar la dignidad humana como brújula para responder a los grandes desafíos de nuestro tiempo. En su primer discurso público, pronunciado ante las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático reunidos en el Palacio Real de Madrid, el pontífice planteó una reflexión de fondo sobre la fragmentación social, los conflictos internacionales, la revolución tecnológica y la necesidad de reconstruir vínculos.

“Hoy, la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad humana no deja de ser violada”, advirtió León XIV en una intervención con fuerte contenido social y político, en la que invitó a abandonar las lógicas de confrontación y recuperar una cultura del encuentro.

El discurso confirmó una de las grandes líneas del nuevo pontificado, expresada en su encíclica Magnifica humanitas: la defensa de la persona y su dignidad inviolable como criterio para orientar la política, la economía, la tecnología y las relaciones internacionales. Frente a una época marcada por “terribles desequilibrios y conflictos”, León XIV defendió la necesidad de avanzar hacia “la civilización del amor”, un horizonte que sitúa el cuidado de la vida, la paz y el bien común en el centro de las decisiones humanas.

León XIV llegó al Palacio Real tras ser recibido oficialmente por los Reyes de España. Ante las principales autoridades del país, comenzó agradeciendo la invitación a realizar un viaje apostólico que definió como “un itinerario en varias etapas” destinado a mostrar la riqueza de una nación que “desde hace casi dos milenios, ha acogido la Palabra del Evangelio”.

El Papa recordó la tradición que vincula la primera evangelización de la Península Ibérica con la predicación del apóstol Santiago y subrayó la profunda huella cristiana en la cultura española. Sin embargo, precisó que este vínculo histórico “no agota la multiforme identidad” del pueblo español. “¡Es un pueblo lleno de pasión, que ama la vida y lo manifiesta!”, expresó.

“No es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro”

El núcleo de su intervención fue una llamada a superar la polarización que atraviesa las sociedades actuales. León XIV aseguró que la historia muestra que “no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad”.

En un momento internacional marcado por tensiones crecientes, guerras y discursos de confrontación, defendió que el mensaje de paz puede parecer “ingenuo” para algunos y “provocador” para otros, pero encuentra acogida en quienes “no se encierran en ideologías prefabricadas”.

León XIV hizo referencia explícita al papa Francisco y a uno de los principios centrales de Evangelii gaudium: “la realidad es superior a la idea”. El Papa la situó precisamente al hablar de la necesidad de superar las ideologías cerradas y recuperar caminos de diálogo en sociedades cada vez más fragmentadas.

“Como nos ha enseñado el papa Francisco”, recordó León XIV, existe “una tensión bipolar entre la idea y la realidad”. Y añadió citando la exhortación programática de su predecesor: “La realidad simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad”.

Desde esa perspectiva, alertó de un riesgo muy presente en la comunicación pública y en la vida social actual: “Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen, del sofisma”.

Para León XIV, esta primacía de la realidad abre caminos de encuentro porque “la verdad es siempre más grande que nosotros” y conduce hacia procesos “de purificación y reconciliación”, donde el diálogo con los demás se convierte en una dimensión fundamental.

Para profundizar en esta mirada, León XIV recurrió a algunas de las grandes figuras espirituales españolas. Presentó a Juan de la Cruz y Teresa de Ávila como referentes de una “mística con los ojos abiertos”, una espiritualidad “no ajena a la historia”, sino capaz de llegar “a la raíz de las cuestiones, al corazón de la realidad”.

El Papa utilizó la imagen de la “noche oscura” de Juan de la Cruz para hablar de una época atravesada por incertidumbres, miedos y pérdida de referencias. En esos momentos, señaló, hacen falta “hombres y mujeres que intuyan, en la oscuridad, la luz”.

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También recuperó la imagen del “castillo interior” de Teresa de Ávila para defender la necesidad de interioridad, conciencia y apertura al otro. “El espacio se amplía, la mente se abre, las contradicciones se resuelven, las tensiones se disuelven, los demás encuentran su lugar, el universo se convierte en hogar”, explicó.

Desde esa perspectiva, defendió la libertad religiosa y de conciencia, así como una Iglesia presente en la sociedad desde el servicio: “La Iglesia católica está al servicio de este corazón humano. No de forma impositiva, sino con el testimonio evangélico”.

León XIV pidió abandonar “las narrativas divisivas y polarizantes” y pasar “de la simplificación estéril a la apreciación fecunda de la complejidad”, porque los enfoques identitarios que parecen explicarlo todo terminan, advirtió, poblando “el mundo de fantasmas y enemigos”.

Inteligencia artificial, paz y una nueva cultura del cuidado

En la segunda parte del discurso, León XIV abordó algunos de los grandes desafíos globales que atraviesan la humanidad, especialmente el desarrollo tecnológico y la inteligencia artificial.

“Las nuevas tecnologías se han convertido en un entorno artificial en el que nuestras opciones fundamentales se ponen a prueba”, señaló. En ese nuevo escenario, alertó de que “los prejuicios se exacerban, el pensamiento crítico se debilita” y determinados intereses pueden alimentar dinámicas contrarias a la vida.

Frente a una mirada ingenua o dominada por el miedo, el Papa recuperó los criterios planteados en Magnifica humanitas: “la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común, la paz”.

Pidió traducir esos principios en decisiones concretas: “planificación responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz”.

León XIV dirigió además una llamada directa a quienes tienen responsabilidades económicas, políticas e institucionales. Reclamó “un salto cualitativo” y “un cambio de rumbo” en las inversiones para fortalecer la educación, la universidad, la investigación, las comunidades locales y la sociedad civil.

La seguridad, defendió, no puede construirse desde el miedo ni desde la separación entre pueblos. “La seguridad, que con demasiada frecuencia nos ilusionamos que provenga de las armas y los muros, madura más bien al aprender a avanzar junto al otro, a crecer juntos, codo con codo”, afirmó.

El Papa volvió entonces la mirada a la propia historia española para recordar que los periodos de mayor fecundidad cultural nacieron del contacto y el diálogo. Destacó la convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos, y puso como ejemplo la escuela de traductores de Alfonso X el Sabio, donde distintas tradiciones colaboraron para transmitir el patrimonio árabe, griego y hebreo.

También evocó a Ignacio de Loyola como ejemplo de transformación personal y discernimiento: alguien que “prefirió la paz a las armas y los santos a los poderosos”.

En la conclusión, León XIV agradeció a España su “fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo”, así como su compromiso con “la paz y la solidaridad entre los pueblos”.

Al mismo tiempo, animó a cultivar el diálogo interno, escuchar “las perspectivas de los pobres y los jóvenes” e impulsar una Europa que no se construya “en oposición a otras potencias”, sino “como un don para toda la familia humana”, concluyó.

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