León XIV en España: una visita que abre puertas y ventanas

León XIV en España: una visita que abre puertas y ventanas
FOTO | David Zorrakino, vía Europa Press

Creo que merece la pena hacer alguna reflexión, y más de una, en torno al viaje del papa León XIV a España.

Personalmente, me motivan a hacer este esfuerzo dos realidades: el enorme valor simbólico que aún posee la Iglesia católica en España y el efecto catalizador que ha supuesto esta visita, en el sentido de que las diferentes maneras de leer este viaje han hecho aflorar las actitudes de fondo de distintos grupos ante esta realidad.

Respecto al valor simbólico que aún conserva la Iglesia, cabe destacar el impacto mediático que ha tenido en todos los medios, televisivos y escritos, así como la reacción, para mí sorprendente, de la acogida del mensaje del Papa en los dos Parlamentos estatales, con el largo aplauso final de casi todos los grupos parlamentarios.

Me pregunto qué alcance tiene este hecho cuando hay quienes se han afanado en recordar que, del 50% de españoles que se manifiestan católicos, tan solo un 18% es practicante. La respuesta que me atrevo a formular en este momento es que no sería inteligente apoyarse únicamente en esta constatación evidente para dejar de estar abiertos a los cambios que, en muchos sentidos y sin prisa pero sin pausa, debe seguir recorriendo tanto la Iglesia como institución como el conjunto de quienes nos reconocemos cristianos del siglo XXI.

Ahí entra en juego lo que he apuntado como efecto catalizador. Algunos grupos han reaccionado con una fuerte carga crítica, sobre todo desde ámbitos no creyentes, como los llamados “laicistas”, que han vuelto a poner en cuestión los Acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede y, a partir de ahí, toda una serie de reclamaciones que van desde el tratamiento de los abusos sexuales, que consideran débil y poco transparente, hasta las inmatriculaciones de propiedades y terrenos por parte de una Iglesia que consideran poseedora de grandes bienes raíces.

Otros grupos, de carácter confesional, han intentado también hacerse oír sin conseguirlo, como el grupo de mujeres feministas “Alcem la veu”, a quienes la policía impidió acercarse al Papa cuando se dirigía a la Sagrada Familia. Este grupo entendió que habría sido una buena oportunidad para León XIV para hablar de la mujer en la Iglesia de cara al futuro y no contentarse con la pálida imagen de unas mujeres que tuvieron que limitarse a leer la Biblia, recitar algunas peticiones y administrar la comunión durante la celebración de la Eucaristía.

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A pesar de estas, digamos, “lagunas” de cierto alcance, que reaparecerán constantemente en el futuro, la visita ha supuesto para un gran número de personas, no precisamente creyentes, una visión más abierta de la institución y un agradecimiento por su contenido fuertemente social.

Aquí creo que es preciso decir que ha faltado una mirada magnánima por parte de algunas personas de ese otro 50% no creyente o indiferente ante un viaje que ha abierto puertas y ventanas a favor de una vida política más madura y respetuosa; que ha insistido con fuerza en el valor de las personas migrantes, con el gesto valiente de ir a Canarias para incidir en este drama; que ha tenido un recuerdo amable hacia las internas e internos de nuestras cárceles, y que ha querido hacerse presente en el mundo popular marginado que se reúne en torno a una humilde parroquia de Barcelona.

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