Canarias celebra un nuevo circulo de silencio en defensa de los derechos migrantes un mes después de la visita de León XIV

La Parroquia Virgen de la Vega, situada entre los barrios de San Cristóbal y San José, en Las Palmas de Gran Canaria, celebró este sábado un Círculo de Silencio por la dignidad de las personas trabajadoras migradas, una iniciativa impulsada por la comunidad parroquial con el apoyo de personas vinculadas a la HOAC de Canarias, la Pastoral de Migraciones y Cáritas Diocesana.
“Dentro de la programación parroquial siempre ha existido una dimensión social importante. No queremos quedarnos solo rezando; queremos salir al barrio, implicarnos en su realidad y colaborar con las asociaciones vecinales y con quienes trabajan por mejorar la vida de las personas”, señala la recién nombrada presidenta de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Canarias, Delia Jiménez, vinculada a la parroquia desde que era niña.
Desde su orígenes, allá por los años 70 del siglo pasado, la comunidad ha estado enraizada en el tejido social de un barrio obrero que hoy acoge a personas migrantes, empleados en sectores tan esenciales como la limpieza de hogares, los cuidados, la atención a personas dependientes, la hostelería o los mercadillos.
Durante la asamblea de final de curso de este movimiento de trabajadoras y trabajadores cristianos, surgió una pregunta que también se estaban haciendo muchas personas tras la visita del papa León XIV al archipiélago: “¿qué hacemos ahora?”
Apenas unas semanas después de una visita marcada por constantes llamamientos al respeto de la dignidad de las personas migrantes, muchos comentaban con preocupación que aquellas palabras parecían haberse olvidado “demasiado pronto”.
De hecho, al poco, entró en vigor el Pacto Europeo de Migración y Asilo, una normativa que numerosas organizaciones sociales, eclesiales y de defensa de los derechos humanos consideran excesivamente orientada hacia las devoluciones y el control de fronteras.
La reciente decisión judicial de internar en un centro de internamiento a 82 ciudadanos senegaleses llegados a El Hierro, junto con la deportación de una treintena más, confirmó la urgencia de celebrar un gesto en favor de los derechos de las personas a migrar,
“Después de la visita del Papa nos preguntábamos qué gesto podíamos hacer para continuar su mensaje, para reivindicar y denunciar lo que está ocurriendo con las migraciones. Creíamos que era necesario darle voz a esta realidad, alzar la voz y hacer algo”, resume Delia Jiménez.
La idea encontró inspiración en un Círculo de Silencio celebrado un mes antes en Vecindario. A partir de aquella experiencia se propuso organizar uno similar tras la Eucaristía dominical en la plaza situada junto al templo.
“Un silencio que no es vacío sino denuncia”
Sin embargo, los organizadores quisieron añadir un elemento nuevo que favoreciera una mayor participación de la comunidad, manteniendo el tono de recogimiento, de expresión contenida.
Era, como bien decía el comunicado, “un silencio que no es vacío sino denuncia. Un silencio que no es ausencia sino presencia firme ante la injusticia”.
Las breves frases y mensajes relacionados con la dignidad humana, los derechos de las personas migrantes, las dificultades laborales y sociales que afrontan muchas trabajadoras y trabajadores migrados y la necesidad de construir una sociedad más acogedora y fraterna rompieron el clima de la concentración.
Pero en lugar de concluir simplemente con una despedida o lectura de un comunicado, se invitó a cada persona participante a leer nuevamente los carteles utilizados durante la celebración y elegir aquella frase que más le hubiera llegado personalmente.
Una vez escogida, cada persona la colgó en un tendedero reivindicativo y solidario preparado para la ocasión. Poco a poco, el tendedero se fue llenando de mensajes de esperanza, denuncia, fraternidad y compromiso, convirtiéndose en una expresión visible de la reflexión compartida durante el Círculo de Silencio.
Posteriormente, el conjunto fue instalado a la entrada de la parroquia, donde permanecerá expuesto durante todo el verano como una especie de escaparate de sensibilización para la comunidad y para quienes pasan por el entorno del templo.
La intención es que siga interpelando a las personas mucho después de que haya terminado el acto y que permanezca allí hasta que sea sustituido por nuevas iniciativas y nuevos mensajes.
Con este sencillo gesto, la comunidad de la Parroquia Virgen de la Vega quiso responder a la llamada del papa León XIV a no acostumbrarse al sufrimiento de las personas migrantes ni permitir que su dignidad quede relegada a un segundo plano.
Un compromiso concreto para que las palabras escuchadas durante la visita papal sigan teniendo consecuencias en la vida cotidiana de las comunidades cristianas y de los barrios populares donde esa realidad está presente cada día.
A la parroquia, enclavada en un barrio obrero donde muchas familias viven situaciones de precariedad y cuentan con recursos económicos muy limitados para llegar a fin de mes, comienzan a llegar también nuevos vecinos llegados de fuera de nuestras fronteras.
De esto modo, el silencio habla. “Habla de justicia, habla de dignidad, habla de humanidad Al terminar este ratito de silencio en palabras y acciones que sigan resonando, porque una sociedad justa no deja a nadie atrás, porque la dignidad no se negocia. Ni aquí ni en ningún lugar”.
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Redactor jefe de Noticias Obreras



