Aisha: cuando el fuego no pudo apagar la Luz

Aisha: cuando el fuego no pudo apagar la Luz

Aisha, una mujer magrebí de 30 años, ha fallecido cinco meses después de que dos sicarios, presuntamente contratados por su expareja, la rociaran con un líquido inflamable y le prendieran fuego mientras sostenía en brazos a su bebé de seis meses, que sobrevivió al ataque. Ocurrió el 2 de febrero de 2026, fiesta de la Presentación del Señor y de las Candelas, cuando celebramos que la Luz entra en el mundo. Hoy, desde el respeto a la pluralidad religiosa que compartimos con tantos hermanos y hermanas musulmanes, nos unimos en el dolor y elevamos nuestra oración al Dios clemente y misericordioso. Frente al fuego del odio y al hielo de la indiferencia –como evocó Robert Frost– pedimos la fuerza para hacer creíble una cultura del cuidado, de la no violencia y de la esperanza.

 

Dios,
Compasivo y Misericordioso,
Ar-Rahmán, Ar-Rahím,
Padre de toda vida,
Tú que no distingues el llanto
por la lengua con que se pronuncia tu Nombre,
acoge hoy a Aisha,
tu hija amada.

Aquel 2 de febrero,
cuando en tantos templos
encendíamos las candelas
recordando la Presentación del Niño,
la Luz era llevada en brazos
para anunciar que ninguna oscuridad
tendría la última palabra.

Pero, ese mismo día,
en otra casa,
el fuego no fue bendición,
ni lámpara,
ni hogar.

Fue odio.

Fue violencia.

Fue un corazón
que creyó tener derecho
a decidir sobre la vida de una mujer.

Mientras un niño de seis meses
quedaba milagrosamente ileso entre las llamas,
su madre era rociada con muerte,
abrasada por un fuego
que no descendía del cielo,
sino de la crueldad humana.

Cinco meses…

Cinco meses de curas y vendas,
de quirófanos y silencios,
de médicos y enfermeras,
de manos intentando reconstruir
lo que el odio había destrozado.

Cinco meses
en los que el amor luchó
contra el incendio.

Y, sin embargo,
las heridas siguieron ardiendo
hasta abrirle el paso definitivo
a tu Misericordia.

Hoy, Señor,
Aisha ya no tiene quemaduras.

No hay piel desgarrada,
ni infecciones,
ni dolor.

Sólo queda su nombre
escrito en la palma de tus manos.

Robert Frost escribió
que unos creen que el mundo terminará en fuego
y otros en hielo.

Nosotros sabemos
que ambos habitan todavía entre nosotros.

El fuego que mata los cuerpos.
El hielo que enfría la conciencia.
El fuego del dominio.
El hielo de quien mira hacia otro lado.
El fuego de la violencia.
El hielo de las palabras vacías.

Y ambos, juntos,
siguen intentando apagar
la humanidad.

Por eso nos preguntamos, Dios:

También puedes leer —  Cómo acompañar en la vivencia de la triple comunión en el mundo obrero

¿Qué palabra puede ser creíble
cuando una mujer ha sido quemada viva?

¿Qué fe anunciamos
si no somos capaces
de apagar tantos incendios?

¿Qué comunidad construimos
si seguimos resolviendo los conflictos
con el lenguaje del poder,
del miedo,
de la posesión?

Nos hacen falta menos discursos
y más vidas.

Menos consignas
y más referencias.

Más hombres capaces de amar sin poseer.

Más mujeres libres para vivir sin miedo.

Más comunidades
que enciendan velas
pero, sobre todo,
desarmen los fuegos del odio.

Haznos profundamente contraculturales.

Que aprendamos a responder al odio
sin copiar sus armas.

Que eduquemos en el cuidado
antes que en el dominio.

Que mostremos, con la propia vida,
que otro modo de amar es posible.

Hoy lloramos con la familia de Aisha.

Con quienes pronuncian tu Nombre
desde el Evangelio.

Con quienes lo pronuncian
desde el Corán.

Con quienes sólo saben llorar
porque el dolor no necesita traducción.

Porque las lágrimas
hablan la misma lengua.

Porque la misericordia
no conoce fronteras.

Porque Tú eres más grande
que todas nuestras religiones,
y en tu corazón
caben todos los hijos e hijas
que la violencia nos arrebata.

Que la llama encendida en la fiesta de las Candelas
no recuerde ya el fuego que destruye,
sino la Luz que ninguna violencia puede extinguir.

Y que Aisha,
liberada por fin de todas sus heridas,
descanse en tu Paz.

Amén.

Apoya y cuida Noticias Obreras
Tu aportación hace posible un periodismo comprometido con la dignidad del trabajo, la justicia social y la esperanza. Puedes colaborar también a través de Bizum al 13744. Cualquier aportación, por pequeña que sea, suma y nos ayuda a seguir construyendo, día a día, esta mirada compartida al servicio del bien común