La solidaridad planta cara a las deportaciones del ICE

“El futuro de la humanidad no está solo en manos de los grandes líderes, de las grandes potencias y de las élites. Está, sobre todo, en manos de los pueblos; en su capacidad de organizarse y también en esas manos que riegan, con humildad y convicción, este proceso de cambio”. Estas palabras del papa Francisco siguen resonando en la historia.
Estamos durante algunas semanas en misión en Estados Unidos con una delegación formada por Luca Casarini, fundador de Mediterranea Saving Humans; César Piscoya, asesor del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM); y yo, como coordinador de la plataforma Encuentro Mundial de Movimientos Populares.
Nuestra visita se desarrolla en distintas ciudades y nos lleva a conocer diversas experiencias para estrechar y fortalecer las relaciones. En San Diego, California, fuimos invitados a acudir al Palacio Federal para comprobar de primera mano lo que está sucediendo.
Como es sabido, desde hace más de un año se ha puesto en marcha en Estados Unidos un plan de deportaciones que implica controles masivos del ICE en distintas zonas del país. Las personas que son encontradas sin la documentación de residencia en regla son detenidas, internadas en centros de detención, deportadas o puestas en libertad provisional si interviene un abogado. En este último caso, son citadas posteriormente ante un tribunal para decidir si la deportación se ejecuta o no.
Ante el programa de deportaciones anunciado por las autoridades, el papa Francisco intervino en uno de los últimos actos de su pontificado escribiendo una carta a los obispos de Estados Unidos. En ella pidió no permanecer indiferentes y recordó que creer en Cristo significa también defender la dignidad de toda persona humana y comprometerse para que la fraternidad universal se haga realidad. El papa León XIV ha confirmado este llamamiento.
San Diego es una ciudad especialmente expuesta, ya que se encuentra cerca de la frontera con México y en ella viven numerosas familias de origen latinoamericano. La Iglesia y los movimientos populares se han encontrado ante una situación muy difícil: ¿cómo permanecer al lado de nuestros hermanos y hermanas que son detenidos o deportados?
Decidieron volver a lo más sencillo y, al mismo tiempo, a lo más radical: estar físicamente junto a las personas citadas para afrontar detenciones arbitrarias o deportaciones, formando equipos que las acompañan a las audiencias judiciales. Es una práctica sencilla y radical de solidaridad: hace sentir a quienes son citados que no están solos y transmite también a los agentes del ICE un mensaje desarmado y profundamente transformador de fraternidad universal.
El lunes nos unimos a estos equipos y acompañamos a las personas que habían sido convocadas. Los rostros y las historias que allí se encuentran impresionan profundamente. Las personas llegan atemorizadas, a veces entre lágrimas. Saben que, tras los controles del ICE y las audiencias, pueden salir con dispositivos electrónicos de vigilancia en los tobillos, ser detenidas e internadas en centros de detención o ser deportadas.
La presencia de los equipos que las acompañan y les ofrecen ese mensaje radical de fraternidad cambia con frecuencia el curso de los acontecimientos, como pudimos comprobar con nuestros propios ojos: las personas fueron puestas en libertad tras los controles y las audiencias, que quedaron aplazadas durante varios meses.

Hace casi dos siglos, Alexis de Tocqueville advertía en su libro La democracia en América de la expansión de un nuevo sentimiento: el individualismo. Aparentemente inofensivo, el individualismo lleva a las personas a replegarse sobre sí mismas y sobre su círculo más cercano, desentendiéndose de los demás.
Con el paso del tiempo, ese individualismo abre el camino a un despotismo suave, en el que las autoridades procuran que los ciudadanos persigan únicamente su bienestar y su entretenimiento, siempre que no piensen en otra cosa que en divertirse y se desentiendan del bien común, de la justicia y de quienes sufren.
Hoy vemos cómo el individualismo se ha desatado en todo el mundo. Pero precisamente aquí, en Estados Unidos, está surgiendo algo radicalmente distinto: la solidaridad como forma de vida. Un número cada vez mayor de personas está eligiendo vencer el individualismo y comprometerse para que quienes atraviesan dificultades no tengan que afrontar solos las injusticias.
Eso es precisamente lo que se ve en el Palacio Federal: una nueva sociedad que renace de la decisión valiente de luchar por amor y de situarse, de manera radical, junto a quienes padecen la injusticia.
Quizá esta sea hoy la gran lección que llega desde Estados Unidos, el mismo país en el que hace sesenta años Rosa Parks, Martin Luther King y muchas otras personas enseñaron al mundo que las cosas pueden cambiar. Sigue haciéndose realidad aquello que explicaba Martin Luther King: los imperios militares nacen y caen, se suceden a lo largo de la historia, pero el Reino de Jesús, construido sobre el amor, permanece y crece, porque el amor es el poder más duradero del mundo.
Apoya y cuida Noticias ObrerasTu aportación hace posible un periodismo comprometido con la dignidad del trabajo, la justicia social y la esperanza. Puedes colaborar también a través de Bizum al 13744. Cualquier aportación, por pequeña que sea, suma y nos ayuda a seguir construyendo, día a día, esta mirada compartida al servicio del bien común

Sacerdote, coordinador del Encuentro Mundial de Movimientos Populares (EMMP) y capellán del Mediterranea Saving Humans



