La vivienda gana centralidad en la agenda sociolaboral de la Iglesia

Del “derecho a techo” trabajado por la Pastoral del Trabajo a las “causas sistémicas” señaladas por León XIV, la crisis de la vivienda conecta ya trabajo, salarios, juventud, propiedad y acción pública de la Iglesia
La vivienda ha pasado de ser una cuestión recurrente de la Doctrina Social de la Iglesia y de la acción eclesial ante situaciones de exclusión a convertirse en un problema pastoral y sociolaboral que obliga a preguntarse por las condiciones de trabajo y los salarios, la emancipación juvenil, la función social de la propiedad y la respuesta de las propias comunidades cristianas.
La Jornada Mundial por el Trabajo Decente de este 7 de octubre hace visible ese desplazamiento. Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) ha colocado la crisis habitacional en el centro de su convocatoria bajo el lema “Ante la exclusión, trabajo decente”, con una constatación de fondo: tener empleo ya no garantiza acceder a una vivienda digna ni sostener un proyecto de vida propio.
La Jornada llega, además, después de unas semanas en las que el desahucio de Maricarmen desencadenó masivas movilizaciones en más de medio centenar de ciudades, el Congreso rechazó dos reales decretos-ley sobre vivienda, se disolvieron las Cortes y CCOO y UGT acordaron una huelga general de 24 horas por vivienda y salarios. El problema habitacional ya no puede analizarse al margen del mundo del trabajo.
De preocupación eclesial a problema estructural
La consideración de la vivienda como derecho tiene un largo recorrido en la enseñanza social de la Iglesia. Pero esa preocupación fue ganando una expresión institucional cada vez más concreta en España.
En noviembre de 2024, en la primera Asamblea Plenaria presidida por Luis Argüello, el acceso a la vivienda apareció entre los principales problemas sociales señalados por el presidente de la CEE. Argüello advirtió del precio de alquileres y propiedades, de su impacto sobre la vida familiar y social y de una emancipación que se retrasa hasta obligar a personas de 30 y 40 años a compartir vivienda.
Cuatro meses después, la Pastoral del Trabajo convocó el diálogo “Derecho a techo: el acceso a la vivienda”. Allí se denunció su tratamiento creciente como mercancía, se reclamaron políticas estructurales y se calificó la falta de vivienda como un “escándalo” ético.
La reflexión introdujo además una exigencia hacia dentro: el Pueblo de Dios no debía limitarse a reclamar soluciones a las administraciones, sino buscar “alternativas creativas”, colaborar con las organizaciones sociales y examinar también el uso de sus propios bienes.
León XIV ha reforzado ese recorrido desde la senda trazada por el papa Francisco. En su primer encuentro con los movimientos populares, en octubre de 2025, retomó la reivindicación de “tierra, techo y trabajo”, afirmó que “la tierra, la casa y el trabajo son derechos sagrados” y pidió a la Iglesia acompañar esas luchas.
Su planteamiento va más allá de las respuestas de emergencia. Ha denunciado la “autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera” y, ante el desahucio de Maricarmen, reclamó preguntarse por las “causas sistémicas” que permiten que una persona vulnerable pueda ser expulsada de su hogar.
La CEE expresó pocos días después una posición convergente. Su secretario general, Francisco César García Magán, afirmó que la vivienda “no es un privilegio, sino un derecho”, pidió un pacto de Estado y cuestionó las respuestas “de parche”.
La vivienda figura también expresamente entre las prioridades de las líneas pastorales de la CEE para 2026-2030, Poneos en camino. El documento propone “reflexionar y promover alianzas sociales y políticas” sobre “el problema de la vivienda”, junto con las migraciones, el empobrecimiento y las desigualdades.
Sin embargo, cuando concreta las acciones de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción Humana, no establece todavía un programa específico sobre vivienda. La prioridad está formulada, pero su desarrollo pastoral permanece abierto.
Cuando tener empleo ya no garantiza un hogar
ITD traslada con especial claridad ese debate al mundo del trabajo. “El trabajo decente no puede desligarse del derecho a un techo digno”, sostiene su manifiesto. Si alquileres y precios de compra impiden sostener una vivienda, la exclusión puede continuar incluso cuando existe empleo.
La afirmación obliga a revisar también qué entendemos por salario digno. Ya no basta con cuánto se cobra: importa qué condiciones de vida permite sostener esa remuneración allí donde una parte creciente de los ingresos termina absorbida por el alquiler.
Alex Bernet y Ángel Aguas, portavoces de esta iniciativa eclesial, insisten en que el salario debe permitir cubrir las necesidades presentes y futuras y construir un proyecto familiar. Incluso señalan una paradoja cada vez más visible: empresas que encuentran dificultades para cubrir puestos porque las personas trabajadoras no pueden pagar una vivienda próxima a su lugar de trabajo.
Por eso ITD une reivindicaciones laborales y habitacionales: contratos estables y a tiempo completo, salarios acordes con el coste de la vida y conciliación, pero también ampliación del parque público, movilización de viviendas vacías, regulación de los precios de alquileres y freno a la especulación.
También la HOAC sitúa el fundamento de esa relación en la propia tradición social cristiana: trabajo y vivienda son derechos que no pueden desligarse cuando está en juego una vida digna, y ni la propiedad privada ni la libertad económica pueden entenderse como absolutos por encima del bien común.
La juventud concentra muchas de esas contradicciones. El manifiesto describe una generación obligada a prolongar la convivencia familiar o compartir pisos durante años porque los alquileres resultan inaccesibles y la compra se aleja. “Los sueldos no suben, pero la vida sí”, resume.
El testimonio de Britanny Corral, joven trabajadora de 25 años de San Antón, en Elche, pone rostro a esa realidad: precariedad laboral, arraigo en su barrio y una emancipación que aparece lejana porque trabajar ya no basta para poder permanecer en el lugar donde ha construido su vida.
De la reflexión a la presencia pública
La novedad de esta agenda eclesial está también en el paso de la reflexión a la organización y la presencia pública.
La JOC llevaba meses trabajando sobre vivienda a través de su campaña “Defender nuestro derecho: todas bajo un techo”, relacionando emancipación, precariedad laboral y permanencia en los barrios. Cuando comenzó la acampada de la Puerta del Sol, militantes jocistas y de la JEC decidieron participar.
“Nuestra fe nos mueve a no quedarnos quietos, a no ser simples espectadores y mojarnos”, explicó la presidenta de la JEC, Clara Rodríguez. Alex Bernet, de la JOC, lo formuló de manera semejante: “El seguimiento de Jesús no se entiende sin llevar la fe a la vida”.
El gesto preparado por ITD para este 7 de octubre, en el que celebran distintas convocatorias por todo el país, resume gráficamente ese recorrido. El trabajo decente aparece como una llave que abre una puerta. Antes quedan expresiones como “contrato temporal”, “alquileres imposibles” o “miedo al desahucio”. Después aparecen “proyecto de vida”, “hogar” y “un techo seguro”.

La propuesta recupera además las tres palabras que han recorrido el magisterio social reciente: tierra, techo y trabajo, con especial atención a jóvenes, mujeres y personas migrantes.
En este recorrido, el obispo de San Sebastián, Fernando Prado, ha planteado recientemente que la propia Iglesia examine si algunos de sus bienes pueden ponerse al servicio de necesidades habitacionales, prolongando aquella llamada a buscar alternativas también desde dentro de la comunidad cristiana.
Aunque las distintas voces eclesiales no emplean el mismo lenguaje ni adoptan idénticas formas de acción —desde la reclamación de políticas estructurales hasta la participación directa en las movilizaciones—, el suelo común es cada vez más claro: un empleo que no permite acceder a un hogar difícilmente puede garantizar una vida digna.
Y desde ahí la vivienda interpela al trabajo, la propiedad, las políticas públicas, la organización colectiva y a la propia Iglesia.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



