El obispo Fernando Prado reclama un pacto por la vivienda y pide a la Iglesia revisar el uso social de sus bienes

El obispo de San Sebastián reclama acuerdos estables más allá de la campaña electoral y plantea que la propia Iglesia examine si parte de sus bienes puede ponerse al servicio de nuevas necesidades sociales
El obispo de San Sebastián, Fernando Prado Ayuso, ha situado la crisis de la vivienda en el terreno de la responsabilidad política, social y también eclesial. En una nota titulada Una casa para vivir, un hogar para crecer, reclama un acuerdo estable que sobreviva a los ciclos electorales y pide a la propia Iglesia revisar cómo administra sus bienes y si algunos pueden responder a necesidades sociales emergentes.
Prado parte de una constatación que atraviesa ya buena parte de la realidad social: tener trabajo no garantiza poder acceder a una vivienda ni construir un proyecto de vida autónomo. El prelado señala especialmente a los jóvenes que, aun teniendo empleo, encuentran “enormes obstáculos para independizarse, formar una familia y construir su propio proyecto de vida”, y recuerda que ya había definido el acceso a la vivienda como “uno de nuestros más graves problemas sociales”.
El obispo señala que una casa no puede reducirse a un activo económico. Es el espacio donde una persona puede “echar raíces, cuidar y ser cuidada, educar a sus hijos y desarrollar una vida digna”. Por eso sostiene que la vivienda “no puede ser considerada ni sola ni primariamente como un bien económico”. Cuando acceder a ella se convierte en una barrera casi infranqueable para amplias capas de la población, el problema deja de ser individual para convertirse en una cuestión de bien común.
Un pacto que no dependa de las elecciones
Su texto llega en pleno inicio de un nuevo proceso electoral y en él reclama “un esfuerzo colectivo capaz de mirar más allá de los tiempos electorales” y suficientemente amplio como para estudiar con rigor la realidad, escuchar a quienes conocen el problema y acordar medidas sostenibles a medio y largo plazo, en línea con lo planteado recientemente por el portavoz de la Conferencia Episcopal, que reclamó en pacto de Estado.
Ese esfuerzo, añade, debería incorporar también, además de las Administraciones y partidos, a expertos, entidades sociales, agentes económicos, propietarios, promotores y organizaciones que acompañan a personas vulnerables. Prado admite que ningún acuerdo resolverá por completo un problema tan complejo, pero considera esencial construir consensos básicos y duraderos.
También lanza una advertencia directa a las fuerzas políticas ante la campaña a las que reclama que expliquen sus propuestas, pero evitando convertir “el sufrimiento y las legítimas preocupaciones de tantas personas” en “un instrumento de confrontación”.
Prado recuerda que la Iglesia no entra ordinariamente en el juicio técnico sobre cada política, aunque sí debe hacerlo en su dimensión moral. “No todo lo que una ley permite o establece es, por ese solo hecho, justo o moralmente aceptable”, afirma. Entre los criterios que deben orientar las respuestas cita la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, el derecho a la propiedad y su función social, la solidaridad y el bien común.
La responsabilidad también llega a la Iglesia
“La responsabilidad no corresponde únicamente a los poderes públicos”, escribe. Administraciones, agentes sociales y económicos, instituciones y ciudadanía tienen algo que aportar. Y añade de forma explícita: “También alcanza a la Iglesia”.
El obispo reconoce que la Iglesia necesita recursos para sostener su misión pastoral, atender a las comunidades, conservar su patrimonio y servir a las personas más necesitadas. Pero precisamente por eso considera que la forma de administrar esos bienes también tiene que someterse a examen.
“Debemos preguntarnos con sinceridad si los gestionamos de la mejor manera posible y si, allí donde las circunstancias lo permitan, podemos poner algunos de ellos al servicio de nuevas necesidades sociales”, afirma. Prado vincula esa revisión a una exigencia de “creciente coherencia evangélica”.
El planteamiento de Prado implica que la respuesta de la Iglesia a la emergencia habitacional no puede limitarse a reclamar soluciones a otros, también debe preguntarse qué puede hacer con sus propios recursos.
“No se trata de proponer soluciones fáciles ni de exigir a unos lo que no corresponde exigir a todos”, matiza. Se trata de que cada institución se pregunte qué puede aportar desde sus posibilidades y responsabilidades.
Vivienda, trabajo y vida digna
La reflexión de Prado coincide de lleno con el planteamiento que Iglesia por el Trabajo Decente está llevando este año a la Jornada Mundial por el Trabajo Decente del 7 de octubre.
El manifiesto de la iniciativa, promovida por Cáritas, la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Justicia y Paz, la Juventud Estudiante Católica (JEC) y la Juventud Obrera Cristiana (JOC), sostiene que “tener empleo ya no garantiza acceder a una vivienda digna” y advierte de que los precios y alquileres inasumibles están obligando a muchas personas trabajadoras a compartir vivienda, endeudarse o renunciar a un proyecto autónomo.
ITD reclama políticas concretas como son ampliar el parque público de vivienda, regular los precios del alquiler y frenar la especulación. También advierte de que “el trabajo decente no puede desligarse del derecho a un techo digno”.
Prado subraya los principios, los consensos y la corresponsabilidad necesarios, pero coincide con ITD en el diagnóstico: cuando ni siquiera el empleo permite acceder a una vivienda, el problema deja de ser solo habitacional y golpea de lleno la posibilidad de una vida digna.
Por eso recuerda que una casa es mucho más que “cuatro paredes”: es el lugar donde la vida puede echar raíces. Y, en tiempo electoral, recupera la invitación de León XIV a “abandonar las narrativas divisivas y polarizantes”. La vivienda, viene a decir Prado, exige menos ruido y más responsabilidad. También por parte de la Iglesia.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



