Un clamor por la vivienda digna redobla la presión en las calles

Más de 50 manifestaciones convocadas durante el fin de semana extienden la protesta tras el rechazo de los decretos. Familias, mayores y jóvenes exigen soluciones, mientras el movimiento inquilino llama a construir una huelga general y UGT no la descarta
El Congreso rechazó los decretos y las calles han respondido con un clamor por la vivienda digna que recorre el país. Familias, personas mayores, jóvenes y adolescentes redoblan la presión para exigir medidas que permitan conservar el hogar, afrontar el alquiler y construir un proyecto de vida.
Más de 50 manifestaciones convocadas durante este fin de semana, según el Sindicato de Inquilinas, dan dimensión a una movilización trasversal que reúne a distintas generaciones. La indignación por los desahucios y los precios inasumibles encuentra una exigencia compartida: hacer efectivo el derecho a la vivienda.
Madrid ha sido una de las grandes expresiones de esa respuesta. Cientos de miles de personas han recorrido la ciudad en cuatro columnas hasta confluir en Cibeles, en una marcha pacífica y reivindicativa. Más allá de la batalla de las cifras, las crónicas de los principales medios de comunicación del país coinciden en describir una protesta multitudinaria.
La diversidad de quienes marchan expresa la extensión del problema: afecta a quienes buscan su primera vivienda, a quienes trabajan sin poder sostenerla y a quienes temen perder la casa donde han vivido durante décadas. En València, la movilización ha expresado también ese clamor, con incidentes aislados al final de la marcha que no empañan el valor de la protesta.
Después de una semana de acampada en Sol, María Mondéjar, militante de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), nos cuenta la llegada a Cibeles como un encuentro cargado de emoción. Recuerda los abrazos, las caras y la atención con la que se escuchaban las intervenciones de sindicatos y asociaciones. “Es una lucha en la que todos nos vemos reconocidos”.
Sin vivienda se cae el proyecto de vida
Mondéjar sitúa la reivindicación en una necesidad elemental de las personas jóvenes: “Poder imaginar un proyecto vital, tener un techo, una vivienda digna en la que poder imaginarlo, porque si no se cae todo”.
La incertidumbre residencial condiciona las decisiones más básicas. También transforma los barrios obreros, donde la militante de la JOC observa la pérdida de comercios de proximidad y el debilitamiento de las relaciones vecinales. Su participación tiene una motivación de fe explícita: “El Evangelio nos empuja a salir a la calle y a ponernos en marcha”.
María José Extremera, militante del mismo movimiento de jóvenes de la Iglesia, destaca la fuerza de encontrarse con personas de distintas organizaciones: “Ves que todo el mundo va en la misma dirección”. Vincula esa experiencia con la campaña de la JOC sobre vivienda, una cuestión “que nos atraviesa tan de lleno” y “nos impulsa a luchar por nuestros derechos”.
Sus testimonios muestran cómo la preocupación individual encuentra una respuesta colectiva. Es el paso que María Azargui, también militante de la JOC, planteaba: “Organizar la frustración, organizar la rabia para poder llevar acciones colectivas”.

“No hay vuelta atrás”
Maricarmen sigue siendo una referencia central de la protesta. Su desahucio hizo visible una violencia que muchas otras personas sufren sin cámaras. El acuerdo para que pueda regresar a su casa ha dado al movimiento una conquista concreta sobre la que sostener la lucha.
Alicia del Río, del Sindicato de Inquilinas, ha presentado ese resultado como una “victoria sindical histórica” y el desahucio como “un punto de no retorno”. “No hay vuelta atrás. Hemos vuelto a poner la vivienda en el centro”, ha proclamado al término de la manifestación.
Frente a esa conquista, ha denunciado el rechazo parlamentario de unas medidas que pretendían preservar los hogares y dar estabilidad a quienes pagan su alquiler. “El Congreso está secuestrado por el rentismo”, ha afirmado.
Su respuesta es ampliar la organización: “Seas quien seas, vengas del barrio que vengas, sea cual sea tu trabajo, sea cual sea tu idioma materno, nos necesitamos todas”.
Valeria Racu, portavoz también del sindicato, ha extendido la advertencia a cualquier escenario electoral: “Gobierne quien gobierne, no vamos a tolerar otros cuatro años sin atajar el mayor problema de este país”.
La organización propone construir una huelga general junto con los sindicatos laborales y una alianza de movimientos feministas, antirracistas, ecologistas y asociaciones vecinales. “A partir de hoy mismo empezamos a construir esa huelga”, ha anunciado Racu.
La propuesta todavía debe concretarse. “La huelga general todavía no tiene fecha, no la podemos poner nosotras”, ha precisado después. Su convocatoria requiere el acuerdo de las organizaciones sindicales.
Mientras tanto, la acampada de Sol continúa. Tras el rechazo de los decretos, la asamblea decidió permanecer en la plaza. El Sindicato de Inquilinas reorganiza y su presencia para reforzar la actividad en los barrios y construir la propuesta de huelga general, mientras la asamblea mantiene la decisión sobre el futuro de la acampada.
UGT no descarta una huelga general
El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, ha valorado en RNE las protestas “de manera muy positiva”. “Las movilizaciones han sido el motor. Maricarmen ha sido la chispa que ha encendido una mecha”, ha señalado.
Preguntado por una huelga general, ha explicado que su organización mantiene un debate interno y que en los próximos días UGT y CCOO concretarán su posición. “En ningún caso descartamos que lo hagamos”.
Ante las objeciones del presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, sobre una posible ilegalidad, Álvarez ha precisado que una eventual convocatoria incluiría reivindicaciones laborales. Ha mencionado la negociación del acuerdo de empleo y negociación colectiva y la tramitación de la ley de salud laboral.
El vínculo entre salario y vivienda lo ha resumido con una frase directa: “No hay convenio que aguante la subida de la vivienda cada año”. El alquiler puede absorber las mejoras salariales y vaciar de efectos la negociación colectiva sobre la vida cotidiana.
Las declaraciones de Álvarez concretan el paso que CCOO y UGT anunciaron tras el rechazo de los decretos: preparar una respuesta junto con los movimientos sociales e incorporar reivindicaciones del mundo del trabajo.
También las convocatorias de Iglesia por el Trabajo Decente para el próximo 7 de octubre sitúan esta realidad en el centro. La iniciativa reclama vivienda pública, regulación de los alquileres y freno a la especulación: “Tener empleo ya no garantiza acceder a una vivienda digna”.
Las calles han reforzado la exigencia al sagrado derecho a techo. El siguiente paso será sostener esa fuerza en los barrios y los centros de trabajo, mientras las instituciones siguen teniendo pendiente una respuesta que permita vivir con dignidad en un techo seguro.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



