Una Iglesia en el Raval: la comunidad que crece en las periferias

El paso de Prevost por nuestro país, además de momentos de apoteosis escénica y titulares de impacto, está ofreciendo también encuentros de un profundo significado pastoral y espiritual que la vorágine informativa impide valorar en toda su hondura. En Sant Agustí, ante la atenta mirada de integrantes de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), el Papa confesó: “Me siento en casa”.
Si en Madrid Prevost acudió al centro abierto 24 horas para personas en situación de calle en el barrio del Lucero, para acercarse —aunque solo fuera durante unas horas— a la labor social de la comunidad cristiana, el escenario escogido en Barcelona para el encuentro con movimientos, entidades y personas entregadas a mil y una causas sociales fue la iglesia de Sant Agustí, un espacio cargado de simbolismo en pleno barrio del Raval.
La militante de la JOC de Cataluña y Baleares, activista de la Federación del Vallès, Mercè Clua, describe un ambiente de complicidad: “Ha sido muy bonito el espíritu de respeto, de encuentro, de hermandad que había”, acierta a decir.
“Todas las personas, en el fondo, éramos muy conscientes de que navegamos en el mismo barco y que estamos remando en la misma dirección”, completa.
León XIV no ocultó su alegría por “encontrar una iglesia con una comunidad de agustinos” y por reunirse con personas “concretamente vinculados a la asistencia, acompañamiento y promoción de quienes más lo necesitan, sobre todo en los tiempos que estamos viviendo, en los que parece haberse perdido el sentido de la dignidad sagrada del ser humano”.
César Guardiola, también de la JOC catalana, destaca la diversidad de personas que se dieron cita en la iglesia de los agustinos.
“Había muchos movimientos sociales, lo que es de valorar”, aunque, desde su punto de vista, hubiera sido todavía mejor si hubiera habido ocasión de “mencionar” a quienes estaban allí, aunque solo fuera para “conocernos entre nosotros”. La también militante de la JOC, Sofía Osorio, comprometida en el Besòs, coincide: “Yo también lo he encontrado a faltar”.
Eso no quita, añade con el asentimiento de sus compañeros, que “las tres entidades que participaron e interpelaron directamente al Papa —Cáritas, Fundación Obinso y Fundación Amaranta— estuvieran muy bien escogidas”.
El pontífice enfatizó que, como seguidores de Cristo, “el cristiano, además de ser bondadoso y amable, ha de ser compasivo, amar sin interés y buscar el bien de los demás, sabiendo que en cada hermano y hermana que sufre es el mismo Señor quien pide y recibe, quien es acogido o rechazado, amado o despreciado”.

Los tres militantes coinciden en que los testimonios fueron “conmovedores” y subrayaron la necesidad de apoyo y respeto a quienes pelean en el día a día para defender la dignidad humana en peligro.
“Estar en el margen de la sociedad es duro y agotador, porque no se llega a todo”, apunta Sofía, quien explica que reconforta “sentir apoyo cuando te enfrentas a estas injusticias, a estas desigualdades tan grandes”.
Por eso, agradece a la organización de la visita pontificia la oportunidad de palpar que “no estamos solos, que hay mucha más gente”.
De hecho, admite que ha sido un “respiro” poder, como dice el lema del viaje, “alzar la mirada” y poder renovar los ánimos para a pesar de “la rabia” ante injusticias tan grandes, “seguir perseverando cuando no se puede hacer más que acompañar”.
Las preguntas del pequeño Renzo no pasaron desapercibidas. “Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien… Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón”, matizó el Papa.
Mercè agradeció la claridad de la explicación al dejar patente que “el perdón no es inocente ni ingenuo. No significa aceptar cualquier realidad. Tiene que ser transformador y liberador”.
Su compañera Sofía interpreta que “perdonar no es olvidar ni permitir que el daño continúe, sino abrir un camino que sane y libere”.
El Papa no se ha cansado de defender “la dignidad inalienable de todo ser humano”, no como una idea teórica, sino como un fundamento con implicaciones políticas y sociales que no pueden ser desoídas por los responsables públicos, como también ha hecho explícito en otros mensajes, destaca César.
La parroquia de Sant Agustí que acogió a León XIV forma parte de esas pequeñas y no tan pequeñas comunidades cristianas que miran y abren sus brazos a esa periferias que normalmente no concentran las miradas.
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Redactor jefe de Noticias Obreras




