Mensakas, más que repartidoras, una comunidad

La cooperativa Mensakas encarna un contrarrelato a las plataformas de reparto que se basan en la precarización del trabajo.
Los repartidores a domicilio en bicicleta forman parte del paisaje de nuestras ciudades desde que las plataformas delivery, de reparto, desembarcaron en 2015 en España. Es una de las profesiones que nos vienen a la cabeza cuando hablamos de precariedad laboral. Y es que muchos de estos trabajadores son autónomos, su relación laboral está mediada por una aplicación informática y trabajan en condiciones de presión sostenida. Por eso, a mediados del 2017 algunos de estos trabajadores se acercaron a la Intersindical Alternativa de Cataluña para constituir la plataforma Riders x Derechos, de la cual más adelante surgiría la cooperativa sin ánimo de lucro, Mensakas.
En el año 2019, Nasir Mehmood, trabajador de Glovo y miembro del colectivo Riders x Derechos nos decía: «A los riders nos están matando: las plataformas están ganando mucho dinero gracias a las compras en línea a expensas de precarizarnos». Ocho años después: ¿cómo está el sector? «En 2015 se instauraron en Barcelona siete plataformas que operan con la misma legislación, independientemente del país donde estén. Ahora quedan solo tres, Glovo, Uber Eats y Deliveroo, que están batallando por el monopolio de la ciudad», relata Ruth Mestres, socia-trabajadora desde hace cinco años y hace un año presidenta de Mensakas.
Un hito para el colectivo de trabajadores fue la ley riders, cuyo texto el colectivo Riders x Derechos negoció con el Ministerio de Trabajo español, Comisiones Obreras, UGT y CEOE, y obligó a las empresas de mensajería a dar de alta a los trabajadores en la Seguridad Social y que dejaran de ser autónomos. La aplicación de esta ley ha suscitado más de cincuenta sentencias contra estas plataformas: «La ley rider está muy bien, pero más allá de esto, las empresas han seguido sin cumplir la legislación y hasta que no ha habido una sentencia del Tribunal Supremo contra Glovo con consecuencias penales no ha empezado a haber movimientos. Uber Eats el año pasado anunció el fin de los falsos autónomos, pero veremos», valora Mestres.
A los riders nos están matando:
las plataformas están ganando mucho
dinero gracias a las compras en línea
a expensas de precarizarnos
El hecho de que los mensajeros tengan que entregar los pedidos en un tiempo determinado incide de manera determinante en las enfermedades profesionales y en los accidentes laborales, principalmente las enfermedades físicas, como pueden ser las consecuencias de un accidente directo, pero también el hecho de estar tantas horas sobre una bici, con lesiones crónicas de espalda y de rodillas, sobre todo. Habría que añadir las enfermedades profesionales que tienen que ver con la salud mental, mucho más invisibilizadas: «Es lo que implica estar cada día en una carretera, en una ciudad que suele ser bastante violenta para los ciclistas y para otros peatones. También el hecho de ir constantemente a contrarreloj, con la angustia y el estrés que conlleva», señala Mestres.
A esto se añade que el perfil mayoritario de trabajadores en las empresas de reparto son personas migradas sin papeles. En este sentido, el proceso extraordinario de regularización que se ha iniciado podría beneficiar a estos trabajadores: «Pese a la ley riders, la mayoría de las contrataciones que hacen las plataformas es a través de falsos autónomos. Y una de las cosas que más se hacen ahora es el alquiler de cuentas de estas plataformas. Por lo tanto, personas que están regularizadas y que tienen un contrato, ceden estas aplicaciones a personas que no tienen papeles y esto beneficia a las empresas. El proceso de regularización puede hacer que puedan exigir el cumplimiento de sus derechos como trabajadores, pero tenemos que ver como responderán las empresas», matiza Mestres.
También se trata de una profesión altamente masculinizada que pone una serie de trabas a las mujeres: «Para una mujer estar en la calle y en la carretera no significa lo mismo que para un hombre: reciben comentarios despreciativos y violencias de todo tipo, sexuales también. Por ejemplo, utilizamos nuestros propios móviles y hemos tenido situaciones de clientes que han asediado a trabajadoras o que te reciben en calzoncillos o con el albornoz. Al estar tantas horas en la calle encontramos a faltar ir al lavabo con seguridad, muchos negocios no te dejan entrar sin consumir. Todo esto dificulta nuestro día a día», continúa Mestres.
Alternativas en la economía solidaria
Además de los repartidores de plataforma digital, existen alternativas en la economía solidaria como las cooperativas Ambici, Trèvol o Mensakas, esta última fundada en 2018. Se trata de un sector con una elevada rotación, de hecho, en Mensakas prácticamente no está ninguno de los fundadores, pero preservan la idea original: «Queremos ser una alternativa y creemos que las cosas pueden hacerse diferentes: cuidar los derechos de las personas trabajadoras, pero también que sea una economía más justa e intentarlo hacer de la manera más comprometida con el medio ambiente, con bicis eléctricas», explica Mestres. «Lo que nos hace fuertes y nos hace seguir adelante en un ecosistema tan feroz es sentirnos propietarios y sentir que trabajamos en equipo por nuestros propios beneficios y recursos. Y que no lo hacemos solas, porque la intercooperación es muy importante. No cada día lo vemos igual, tenemos muchos altos y bajos, en Mensakas estamos en crisis constante, pero vamos adelante, con esperanza», continúa.
En Mensakas son 18 personas socias-trabajadoras, junto a diversas socias que han ido pasando y ahora están vinculadas como colaboradoras en diferentes tareas del día a día. La flota de bicicletas es propiedad de la cooperativa, con el propósito de aumentarla y mejorarla. Su especialización, después de dejar de repartir comida a domicilio, es la llamada «última milla», para evitar las descargas de los camiones dentro de la ciudad y, por tanto, utilizan unas bicis especiales para llevar bastante carga. El comercio local y la distribución de productos agroecológicos son sus principales clientes.
Al tratarse de un trabajo muy físico, los socios-trabajadores realizan media jornada y la gran mayoría tienen un segundo trabajo. «En Mensakas somos una agrupación de gente muy diversa. Mi segundo trabajo es ser camarera y hay otra gente cuyo segundo trabajo son proyectos personales, serigrafía, diseñadores…», defiende Mestres. En diciembre del 2024 sufrieron un trágico incendio y ya vuelven a estar en su local, que han aprovechado para reordenar.
La intercooperación de Mensakas se concreta en formar parte de dos cooperativas de segundo grado: por un lado, Coopcycle, cooperativa internacional que facilita la aplicación de mensajería de código libre y, del otro, Som Ecologística, del ámbito catalán. En las asambleas generales participan otras cooperativas, empresas y colectivos con los mismos valores: «Allá no solo comprendemos las decisiones de la cooperativa, sino que hacemos diferentes talleres, compartimos experiencias, y esto tiene un valor. Todas luchamos juntas para tener un sector más justo», remata Mestres. •
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Periodista en Catalunya Cristiana. Miembro de Acción Católica Obrera (ACO)



