Este verano, ocupa tu tiempo. Desconecta…

Este verano, ocupa tu tiempo. Desconecta…
En este tiempo en el que los días se van haciendo más largos y agradecemos ese ratito de charla al finalizar la jornada, en muchas conversaciones se van colando los planes de vacaciones.

Queremos dejar atrás las prisas, el curso va pesando, anhelamos el descanso, «desconectar» y ya si vas teniendo cierta edad en cualquier momento surge la pregunta, y tú ¿cuándo te jubilas?

Está siendo un año marcado por multitud de acontecimientos en lo local y en lo mundial ante los que cuesta sostener la mirada y corremos el riesgo de mirar hacia otro lado, sin profundizar mucho. Las diversas guerras abiertas, el crecimiento de la desigualdad, las dificultades de acceso a la vivienda o a un trabajo digno, la invisibilidad y discriminación a la que se ven sometidas tantas personas, el aumento de corrientes ultraderechistas…. No anima escuchar los informativos a la mañana, ni poner las noticias, no sea que el telediario nos amargue la sobremesa. Eso que oímos en tantas ocasiones y que no deja de ser desmovilizador: «un pesimista es un “optimista” bien informado». Así que, tal vez lo mejor sea apuntarse al maratón de nuestra serie favorita, pasar de pantalla, o quizá, hacer una escapadita…, sin olvidar el móvil, confirmando que hay conexión wifi y enviar un selfi que inmortalice el momento, buscando nuestro mejor perfil.

Leía hace unos días que, según datos de la red Instagram, cada jornada se suben noventa y cinco millones de fotografías. No solemos caer en la cuenta de que cada correo almacenado, cada vídeo reproducido, cada foto «guardada en la nube», cada documento resumido por una inteligencia artificial (IA) depende de una cadena física: centros de datos, servidores, equipos de red, sistemas de respaldo, refrigeración, cableado y dispositivos… con el consiguiente gasto de energía. Otras cifras a tener en cuenta: los centros de datos consumen en torno a 415 teravatios-hora (TWh) al año y podrían alcanzar 945 TWh en 2030. Para hacernos una idea un TWh es aproximadamente la energía necesaria para abastecer a unos 200.000 a 300.000 hogares durante todo un año. Los datos no «flotan» en el espacio limpio, abstracto, sin coste alguno. Lo digital no es inmaterial. Detrás del clic de una consulta, cuando «subimos» un archivo, hay una infraestructura física que exige energía, refrigeración, materiales y territorio.

El papa León XIV en su mensaje con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año, profundizando en este contexto tecnológico, en los retos que presenta el uso de la IA, destacaba: «El desafío, por tanto, no es tecnológico sino antropológico… Acoger con valentía, determinación y discernimiento las oportunidades que ofrecen la tecnología digital y la inteligencia artificial no significa ocultar para nosotros mismos los puntos críticos, las opacidades, los riesgos». También recordaba que: «No somos una especie hecha de algoritmos bioquímicos definidos de antemano. Cada uno de nosotros tiene una vocación insustituible e inimitable que surge de la vida y que se manifiesta precisamente en la comunicación con los demás».

En el documento Antiqua el nova (2025) del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación se dice en el nº 4: «Con todo, existe un amplio consenso en que la IA marca una nueva y significativa fase en la relación de la humanidad con la tecnología, situándose en el centro de lo que el papa Francisco ha descrito como un “cambio de época”. Su influencia se hace sentir a nivel global en una amplia gama de sectores, incluidas las relaciones personales, la educación, el trabajo, el arte, la sanidad, el derecho, la guerra y las relaciones internacionales.

En esta época que corre
el riesgo de ser rica en tecnología y
pobre en humanidad, nuestra reflexión
solo puede partir del corazón humano

Puesto que la IA sigue avanzando rápidamente hacia cotas aún mayores, es de importancia decisiva considerar sus implicaciones antropológicas y éticas. Esto implica no solo mitigar los riesgos y prevenir los daños, sino también garantizar que sus aplicaciones se dirijan a promover el progreso humano y el bien común». La cuestión no es qué puede hacer la IA, sino qué debemos hacer para garantizar que el desarrollo tecnológico se oriente hacia el florecimiento integral de la persona y de todas las personas.

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José Laguna en la reflexión que publicaba recientemente en Cristianismo i Justicia, con el título Desconectados. Por una vida improductiva, una lectura muy recomendable para este verano, si no se ha hecho ya, nos hace una invitación: «Llevar una vida “desenchufada” no es un capricho esnob que busca recuperar viejos vinilos frente a la música digital de Spotify. Lo que está en juego es bastante más hondo e inquietante que una frívola caricatura neohippy. La deserción digital que aliento se relaciona con la defensa de palabras mayúsculas como sostenibilidad, libertad o dignidad».

Igual podemos comenzar por ocupar este tiempo de verano de un modo diferente aceptando esa invitación que nos hacen desde la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) para el próximo julio, en sus Cursos de Verano (preguntando a sus militantes, en esta revista, en www.hoac.es/cursos encontraremos información detallada). Ocupar nuestro tiempo, desconectando de las prisas y dedicando unos días al encuentro, la reflexión compartida, la oración, la celebración… Un tiempo gratuito, en el que dejarnos sorprender, escucharnos, discernir los signos de los tiempos, reforzar vínculos, reconocernos como parte de una historia de salvación, de una larga cadena de testigos, abrirnos a la esperanza…

Ahondar como dice el papa Francisco en la sabiduría del corazón: «En esta época que corre el riesgo de ser rica en tecnología y pobre en humanidad, nuestra reflexión solo puede partir del corazón humano. Solo dotándonos de una mirada espiritual, solo recuperando una sabiduría del corazón, podremos leer e interpretar la novedad de nuestro tiempo y redescubrir el camino de una comunicación plenamente humana. El corazón, bíblicamente entendido como la sede de la libertad y de las decisiones más importantes de la vida, es símbolo de integridad, de unidad, a la vez que evoca afectos, deseos, sueños, y es sobre todo el lugar interior del encuentro con Dios. La sabiduría del corazón es, pues, esa virtud que nos permite entrelazar el todo y las partes, las decisiones y sus consecuencias, las capacidades y las fragilidades, el pasado y el futuro, el yo y el nosotros» (Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2024).

Así que, dale al me gusta, pincha en el enlace y «desconecta»… con la HOAC. Te esperamos.

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