León XIV: “La acogida abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral”
El Papa culmina en Tenerife su mensaje sobre las migraciones con una llamada a construir comunidades capaces de reconocer la dignidad de cada persona. Tras encontrarse con migrantes en el centro Las Raíces y con las realidades de integración en La Laguna, advierte del riesgo de un “segundo naufragio” después de llegar: quedar sin vínculos, sin trabajo y sin esperanza
León XIV cerró en Tenerife su mirada sobre la realidad migratoria con una llamada a superar la lógica de la emergencia para construir verdaderos procesos de integración. Después de encontrarse con personas migrantes acogidas en el centro Las Raíces, el Papa compartió en la plaza del Cristo de La Laguna un encuentro con las realidades sociales y eclesiales que acompañan a quienes llegan a Canarias buscando un futuro.
El pontífice recordó que el desafío no termina cuando una persona logra sobrevivir a la travesía. La dignidad humana exige abrir caminos para reconstruir proyectos de vida. “La acogida abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral. La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro”, afirmó ante quienes hacen posible estos procesos de acompañamiento.
Desde La Laguna, una ciudad que definió como “sin murallas” y “abierta”, el Papa invitó a mirar más allá de las fronteras visibles y señaló aquellas otras barreras que impiden reconocer plenamente al otro. “Las barreras más difíciles de derribar no son siempre de piedra. A veces están en la mirada, o en el miedo o en la indiferencia”, aseguró.
León XIV recordó que el mar que rodea Canarias “trae hasta nosotros historias que no siempre sabemos leer: historias de dolor, de esperanza y de búsqueda”, y pidió aprender “el lenguaje de la cercanía, ese que se comprende más con las manos que con las palabras”.
Para el Papa, la integración comienza precisamente cuando cambia la forma de mirar a la persona migrante. “Hay miradas que ven y, sin embargo, no reconocen; convierten un rostro en cifra, una historia en expediente y una diferencia en distancia”, lamentó. Ante esta deshumanización, defendió una lectura de la realidad que nazca “de la cercanía, de la paciencia y de unas manos capaces de socorrer, acompañar, orientar, enseñar y abrir caminos”.
Integrar es reconstruir el futuro
En su discurso, León XIV quiso profundizar en el verdadero significado de la integración, alejándola tanto de la simple asistencia como de cualquier intento de borrar la identidad de quienes llegan. “Integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria. Tampoco significa crear mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente”, explicó.
El Papa planteó la integración como un camino compartido: “Quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro”.
En este proceso, señaló también la responsabilidad de las personas acogidas: “Aprender su lengua, respetar sus leyes, conocer sus costumbres, participar en la vida común y ofrecer con gratitud sus dones”.
Porque, subrayó, “toda sociedad que acoge tiene deberes hacia quienes llegan”, pero también quien es acogido descubre que “la dignidad reconocida como derecho florece cuando se convierte en responsabilidad y deseo sincero de construir junto a los demás”.
León XIV insistió en que la primera mirada nunca puede ser administrativa ni reducir a las personas migrantes a una dificultad que gestionar. “Hablamos, ante todo, de personas creadas a imagen y semejanza de Dios, antes que de categorías jurídicas o de problemas que administrar”, señaló.
Son personas que, después de “viajes difíciles”, buscan que alguien les diga con gestos: “Tu vida no es un descarte, tu sufrimiento no es invisible, tu dignidad no ha quedado disuelta en las aguas que has atravesado”.
Pero buscan también, añadió, “una posibilidad concreta de recomenzar, de aprender, de trabajar, de servir, de participar, de no quedar encerrados para siempre en la condición de víctimas”.
En este punto, el Papa advirtió de una realidad menos visible que también amenaza la vida de quienes migran. “Existe también un naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad”, afirmó.
“Integrar es impedir ese segundo naufragio”, resumió.
El tesoro de humanidad de quienes llegan
Antes de este encuentro, León XIV visitó el centro Las Raíces, donde compartió un momento con personas migrantes acogidas. Allí situó su saludo bajo el signo del Sagrado Corazón de Jesús, que la Iglesia celebraba este viernes, como expresión del “amor misericordioso e infinito de Dios por cada ser humano”.
“El amor de Dios no conoce fronteras, no hace distinciones, se da a todos y nos congrega en la unidad”, expresó.
El Papa reconoció los sufrimientos vividos por muchas personas migrantes, pero también la solidaridad encontrada durante el camino. “Pienso también en sus corazones, heridos por tantas dificultades y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos”, señaló.
Recordando a dos santos vinculados a Canarias, el santo Hermano Pedro y san José de Anchieta, destacó que ellos “también fueron migrantes que se dirigieron hacia lo desconocido, llevando como principal equipaje la fe, la esperanza y la caridad”.
Desde esa experiencia histórica, León XIV invitó a las personas migrantes a compartir aquello que llevan consigo: “El tesoro de humanidad, de sueños y de cultura que han traído a estas islas”. Citando su encíclica Magnifica humanitas, recordó que las migraciones “pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos”.
“Todos –de algún modo– somos migrantes, todos somos peregrinos en camino”, añadió.
“Deténganse. Conviértanse”
El discurso en La Laguna incluyó también una de las denuncias más contundentes del viaje contra quienes convierten la vulnerabilidad de las personas migrantes en negocio.
León XIV dirigió “una palabra clara” a quienes “organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio”. “Deténganse. Conviértanse”, reclamó.
El Papa denunció que “las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios” y recordó que el dinero obtenido mediante la explotación “no dará paz, ni honor, ni futuro”.
“Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina”, advirtió.
Frente a esa realidad, León XIV concluyó recordando que “la última palabra no puede tenerla el miedo, la indiferencia ni la violencia de quienes comercian con la vida humana”.
La última palabra, afirmó, pertenece a Cristo, que “se identifica con el forastero” y llama a reconocerlo “en cada hermano que necesita ser acogido, protegido, promovido e integrado”.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



