El Círculo del Silencio de Málaga denuncia las dificultades añadidas de acceso a la vivienda de las personas migradas

Convocadas por la Delegación de Migraciones, decenas de personas participaron en una nueva edición del Círculo del Silencio, en la plaza de la Constitución, en esta ocasión, centrada en el acceso a la vivienda de trabajadores, todavía más difícil cuando se trata de migrantes.
“El acceso y la estabilidad residencial se ha convertido en el mayor problema de las personas en mayor vulnerabilidad”, denunciaba el comunicado que rompió el ambiente de visible recogimiento y sorda indignación.
Las dificultades se multiplican para las personas migradas, independientemente de sus medios económicos, subrayaba la declaración. No disponer de un hogar estable y en condiciones, matizaba, tiene consecuencias indeseables, como “la falta de arraigo, la imposibilidad de elaborar un proyecto de futuro, no poder formar o traerse a la familia de procedencia, falta de intimidad, de empadronamiento, de derechos sociales o de reconocimiento”.
Esta iniciativa, en la que participan diferentes ámbitos eclesiales como Cáritas, la HOAC e Iglesia por el Trabajo Decente, además de Pastoral de Migraciones, lleva desde más de una década llamando la atención sobre las discriminaciones de la población migrante.
En esta ocasión, la representante de la plataforma “Un Techo por Derecho”, Rosa Galindo, intervino para compartir la experiencia de su organización en el acompañamiento a familias afectadas por la crisis de la vivienda, muchas de las cuales son personas migradas.
“Todo el mundo hoy tiene dificultad para acceder a una vivienda”, dijo. “Pero una persona que viene de fuera tiene muchísima más dificultad para acceder a ella”.
Galindo recordó que muchas de las mujeres que forman parte de la plataforma son migrantes, familias monoparentales o mujeres racializadas que sufren múltiples formas de discriminación.
El círculo puso el foco en “este acuciante problema” y sirvió como denuncia de la falta de compromiso con el derecho a la vivienda de las instituciones públicas, pero también advirtió de la propagación de bulos que confunden la verdad y culpabilizan a los migrantes del problema de la vivienda.
Frente a relatos interesados en alimentar el resentimiento hacia quienes tratan de salir adelante tras dejar atrás sus lugares de origen, especifica el documento que “la realidad de las personas migradas que sufren exclusión social es que viven en viviendas realquiladas, que tienen que ocupar una habitación para toda la familia, que los precios que tienen que pagar impiden que puedan hacerse cargo de otros gastos necesarios como la energía, el transporte, la alimentación o la atención sanitaria…”
Desde el movimiento por el derecho a la vivienda, Galindo comenzó agradeciendo el espacio de encuentro y reflexión “tan bonito y tan necesario en estos momentos tan convulsos”.
Acostumbrados a la injusticia
La activista llamó a no dejarse vencer por la indiferencia: “estamos muy acostumbradas, y no deberíamos, a que estas personas sufran múltiples discriminaciones”, afirmó.
Al tiempo, destacó, la pesada carga que supone la burocracia y la falta de vías seguras: “la gran mayoría no tienen su situación administrativa regularizada y eso las coloca en una situación de mucha desventaja y de una carencia de derechos que vivimos todos los días”, explicó.
Quiso recordar también a las personas migrantes que están trabajando en los campos de Huelva o en los invernaderos de Almería, en condiciones, denunció, “absolutamente infrahumanas”, mientras ha mucha otra gente “mirando para otro lado”.
Contra la apelación a los peores instintos de quienes fomentan el odio, hizo una llamada a la convivencia y la solidaridad de la ciudadanía: “Yo quiero confiar en mis vecinas y mis vecinos. Sé que tienen buen corazón y que si se encuentran a una persona migrante con una dificultad la van a ayudar”.
Como parte del movimiento, confesó “nosotras preferimos seguir apostando por la humanidad de la gente”.
También criticó el actual modelo de acceso a la vivienda y el peso de la especulación inmobiliaria. “Está en manos de unos poquitos rentistas que están especulando con nuestras vidas y nos está costando la vida”, manifestó.
En el final de su intervención, lanzó un llamamiento a situar a las personas más vulnerables en el centro de las políticas sociales. “Hasta que no se pongan esas personas que viven en los márgenes de los márgenes en el centro, no vamos a conseguir una vida digna para todos”, afirmó.

Redactor jefe de Noticias Obreras



