Una tarde de emoción y aliento en el Olímpic

La Vigilia de Barcelona fue una potente llamada a la reconciliación y a la incesante busca de sentido que ha dejado una profunda huella en sus asistentes, entre los que se contaban una joven trabajadora y un adulto del mundo obrero. Ambos resaltan las cuestiones candentes planteadas al papa León XIV y la hondura de sus palabras.
La presidenta de la JOC de Cataluña y Baleares (JOC Nacional de Catalunya i les Illes), Aina Argueta, poco acostumbrada a participar en eventos religiosos tan multitudinarios, subraya la fuerza innegable de los tres testimonios presentados.
El público asistente, así como la audiencia de la retransmisión, pudo escuchar los relatos de una joven cuyo padre intentó asesinar a su madre, el de una maestra que había superado una depresión y una persona joven que se había sentido abrumado por la presión del éxito.
En este sentido, alaba el coraje de León XIV que no dudó en utilizar la palabra “feminicidios” y hablar de la violencia machista como un “problema real” que está muy arraigado en la sociedad.

Un Papa que habla de “feminicidios”
“Vivimos en un mundo tan ridículo que a veces llamar a las cosas por su nombre se convierte en un posicionamiento político, casi revolucionario”, confiesa, por lo que valor que el Papa no tuviera reparo en pronunciar el término.
Igualmente, Argueta subraya las palabras del pontífice sobre la depresión y la salud mental, “un tema que hemos trabajado como movimiento en campañas recientes”.
Argueta no deja de de agradecer los “pequeños guiños” hacia la cultura catalana y su actitud ante la polémica previa generada en torno al uso del idioma catalán, destacando su emoción al escuchar a la Escolanía de Montserrat interpretar el Virolai, un himno que se ha convertido en seña de identidad de la espiritualidad del pueblo catalán. “Son detalles que apreciamos mucho”, apunta.
No obstante, dado el carisma específico de este movimiento de trabajadores cristianos, le hubiera gustado escuchar “un posicionamiento más explícito sobre el trabajo y las dificultades de la clase obrera y de la juventud en particular” y una orientación sobre cómo abordar los conflictos sociales y las dificultades de tantas personas para llevar una vida digna.
Tampoco pasaron inadvertidas las interrupción con vivas al papa del ambiente de celebración generalizado que se vivió en la tarde de ayer en el Estadi Olímpic Lluís Companys.
Aún así, resume, “fue una vigilia bonita”.
Un discurso a rescatar
Poco amigo de eventos masivos, Berchmans Garrido, de la HOAC (GOAC, en catalán) de Barcelona, que asistió también a la vigilia de oración de este martes en el Lluís Companys, declara haber salido “reconfortado y reconocido”.
En su opinión, los formatos en escenarios tan amplios y tan masivos, tienen sus ventajas, porque “atrae mucho atención, movilizan a mucha gente y generan titulares”, pero también pueden “eclipsar la profundidad del mensaje”, más aún cuando León XIV está diciendo “cosas muy importantes que pueden pasar desapercibidas en lecturas superficiales”.
También concede que la presencia cristiana —con Montserrat como referente— se vive de un modo particular en Cataluña, aunque eso no impide que haya voces críticas con la visita o con los recursos destinados a ella.
Es verdad, matiza que hay veces que “se pierde o se tergiversa la esencia evangélica que León XIV quiere transmitir”, ante producciones tan abrumadoras. Pese a ello admite salir del estadio deportivo “reconfortado y reconocido”.
Berchmans opina que la Iglesia en Cataluña tal vez sea “todavía más plural que en el resto del Estado”, en parte por la histórica vinculación entre el ámbito cristiano y el civil, y por la relación fluida que durante décadas mantuvo con la socialdemocracia, los antiguos convergentes e incluso sectores republicanos.
Desde su óptica, en la capital catalana, “no se vive la misma presión que en Madrid, por ejemplo”, porque allí se concentran las instituciones del Estado y las sedes de los grandes medios de comunicación.
Tampoco el ambiente político es idéntico, aunque sí percibe “la pugna entre los partidos y actores sociales” que da pie a polémicas sobre si “el Papa hablaría o no en catalán”.
En la vigilia, Berchmans también percibió una profundidad emoción espiritual, especialmente cuando el Papa habló de “la acogida, el perdón y el mal”, en torno a las interpelaciones de las personas jóvenes. Temas que, según él, que “no son fáciles de asumir” y que requieren una gran reflexión como la que planteó León XIV.
Por eso, argumenta que el pontífice presentó “una espiritualidad inserta en la realidad”, capaz de iluminar situaciones para las que no existen “respuestas simples”.
Termina expresando su deseo de que las “pompas y fastos” no acaben por tergiversar u ocultar la esencia evangélica que León XIV ha tratado de transmitir.
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