Una inteligencia artificial ética y social

Vivimos rodeados de un relato sobre la inteligencia artificial que oscila entre la fascinación y la alarma. Se nos habla de máquinas que lo sabrán todo de nosotros, de algoritmos que decidirán por nosotros, de gigantes tecnológicos que acumulan datos —ergo poder– como quien acumula territorio. Es un relato centrado en el control, en el dominio, en la extracción de valor.
Sin dejar de preocuparnos por los peligros del mal uso de la IA, debemos destacar que existe otra forma de entender la tecnología, más silenciosa y menos glamurosa, que no aparece tanto en los titulares: la que se construye desde los pueblos, desde las comarcas que se vacían, desde las personas de las que nadie lleva la cuenta. Kloosiv es un ejemplo claro de ello.
Cuando tenemos un problema de salud, sabemos adónde ir. Existe un sistema, por imperfecto que sea, que nos orienta y nos conecta con los recursos que necesitamos. Pero ¿adónde iríamos si el problema fuera social?
En España, una de cada cuatro personas vive en riesgo de pobreza o exclusión, un dato alarmante. Y en el mundo rural el envejecimiento, la soledad y la falta de recursos agravan aún más la situación. Existe, es cierto, un sistema de inclusión social -una red de profesionales y entidades del tercer sector que acompañan a personas en situación de vulnerabilidad-, muchas veces saturados, sobrecargados de burocracia e incapaces de dar respuestas rápidas a problemas que no tienen margen de espera. Cada territorio tiene necesidades y recursos distintos, y coordinarlo todo sigue siendo uno de los grandes retos, por no decir incapacidades, del sector.
Es desde esta constatación, y desde Campdevànol, en el Ripollès -una de las comarcas más envejecidas y afectadas por la despoblación en Catalunya-, que nació Kloosiv. Laura Ayala, Carles Gómez y Gerard Casaus, cofundadores de Kloosiv, nos hicimos una pregunta que parece sencilla pero que esconde una ambición enorme: ¿cómo podríamos mejorar el sistema actual de inclusión social? Puede ser la IA una herramienta útil, comprometida y con fundamentos éticos?
La respuesta no fue importar un modelo de otro sector, sino estudiar plataformas de vivienda, sistemas de servicios sociales y modelos de intervención, y combinar lo mejor de cada ámbito en una herramienta propia. Y sí, usar la IA a favor nuestro. Así nació una plataforma digital de inclusión social que conecta a personas en situación de vulnerabilidad con vivienda en entornos rurales.
La vivienda, primer paso hacia la inclusión
El modelo de Kloosiv parte de una idea de sentido común que a menudo se olvida en el diseño de políticas sociales: cuando una persona consigue una vivienda estable, es mucho más fácil intervenir sobre su salud, su autonomía y sus vínculos comunitarios. La vivienda no es un premio de consolación al final del proceso de inclusión; es su base. ¿Quién puede construir un proyecto de vida sin disponer de un techo?
A partir de ahí, el equipo ha desarrollado una metodología propia basada en datos: recoge y evalúa las necesidades de cada persona, identifica las oportunidades residenciales más adecuadas y define un itinerario de acompañamiento personalizado. La tecnología, aquí, no sustituye el criterio profesional: lo alimenta, le da una visión integral para que pueda tomar decisiones más informadas. Y, tanto o más importante, lo agiliza exponencialmente.
Y esto es lo que distingue la tecnología desarrollada por Kloosiv de otros usos, más oscuros, de la inteligencia artificial. El acompañamiento no termina cuando la persona entra en su casa. La plataforma continúa observando su evolución para detectar a tiempo posibles pérdidas de bienestar, conflictos de convivencia o nuevas necesidades de apoyo.
La gestión ética de los datos tiene, pues, un potencial enorme en el camino hacia la justicia social. No se trata de vigilar evoluciones, sino de anticiparse a las dificultades, de ayudar a los profesionales a priorizar intervenciones antes de que los problemas se cronifiquen. Es una IA pensada para acompañar, no para controlar; para respaldar a los profesionales del tercer sector, no para sustituirlos ni para tomar decisiones opacas que dan la espalda a la realidad social.
Esta filosofía la hemos puesto a prueba. En 2024, Kloosiv validó su modelo con el Hub de Innovación de la futura agencia integrada social y sanitaria de Catalunya, con una prueba piloto de diez meses y doscientas personas, entre ellos gente mayor en situación de soledad no deseada y personas migradas sin red de apoyo en el Ripollès. Los resultados confirmaron la intuición inicial: había que dar un paso más para hacer el modelo escalable, y por eso Kloosiv unió esfuerzos con el Barcelona Supercomputing Center para desarrollar una inteligencia artificial segura desde el punto de vista de la privacidad de los datos, ética y en la lengua propia, hoy ya integrada en la plataforma.
No es un detalle menor: en un ecosistema digital dominado por grandes corporaciones que diseñan sus herramientas en inglés y para mercados globales, apostar por una IA que hable la lengua del territorio al que sirve es, también, una declaración de intenciones de proximidad y compromiso con la comunidad.
Autonomía plena en tiempo récord
Hoy Kloosiv es una realidad consolidada: un equipo de diez profesionales que combina tecnología e intervención social y que ya ha acompañado a más de 2.500 personas en el proceso de inclusión. Detrás de las cifras hay nombres propios e historias personales concretas: Dolors, que ha podido seguir viviendo acompañada en su propia casa; Vicente, que tras meses viviendo en su coche ha accedido a una vivienda estable.
El modelo, sostenible y dual -adquisición de viviendas rurales gestionadas con alquileres con apoyo, combinada con servicios tecnológicos para administraciones y entidades sociales-, permite reinvertir los beneficios en nuevas plazas de inclusión. Los resultados lo avalan: el 70% de las personas atendidas con el método Kloosiv alcanza la autonomía plena en doce meses, y el riesgo de caer en la telaraña de la dependencia asistencial se reduce un 40%.
El reto, ahora, es escalar este modelo sin traicionar su alma. Llevar la metodología a más territorios, encontrar más aliados entre administraciones, entidades y universidades, y seguir perfeccionando el sistema con nuevas pruebas piloto e investigaciones.
Es un reto técnico, pero también es un reto de principios: cómo crecer sin convertirse en aquello que rehuimos, cómo escalar una tecnología pensada para la atención cercana sin perder en ningún momento su calidez. Y, en paralelo, desarrollar herramientas de apoyo a colectivos vulnerables con fines integradores.
Es el caso de la app ‘Integra’, web app desarrollada para facilitar el proceso de regularización de migrantes simplificando significativamente la carga administrativa y burocrática gracias a las tecnologías de vanguardia.
La app, disponible en más de 10 idiomas, es el fruto de la colaboración de Kloosiv con la Taula del Tercer Sector de Catalunya, entidades sociales vinculadas a los procesos de regularización y organizaciones de la economía social y solidaria con apoyo de Coòpolis (Ateneu Cooperatiu de Barcelona) y del Ateneu Cooperatiu de les Terres Gironines. El funcionamiento sigue una lógica sencilla: La persona responde un cuestionario inicial que determina si cumple los requisitos, y en caso afirmativo, genera automáticamente un expediente digital con código único. Con este código la entidad o professional que acompaña a la persona migrante puede acceder al expediente, revisar la documentación y continuar la tramitación de forma ordenada y con trazabilidad garantizada. La web app indica paso a paso qué documentos faltan y en qué punto se encuentra el proceso de regularización.
Tecnología al servicio de las personas
Kloosiv es el resultado de tres convicciones que vale la pena defender más allá de un caso concreto: que la tecnología puede y debe estar al servicio de las personas, que la economía social también puede innovar desde la máxima ambición, y que los grandes proyectos pueden nacer y ser exportables desde el mundo rural. En un momento en que buena parte del debate público sobre la inteligencia artificial gira en torno al riesgo, la desinformación o la concentración de poder, estamos convencidos de que vale la pena fijarse en experiencias como la de Kloosiv. Porque estamos determinados en demostrar que existe otro camino posible. Una IA enfocada a reducir las cargas burocráticas en beneficio del fin social, ideada desde y para el entorno local, útil y profundamente humana, concebida para cuidar a la sociedad y la comunidad, no para dominarla.
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