El Papa en la Sagrada Familia: “Levantemos el rostro de quienes yacen en el polvo”

El Papa en la Sagrada Familia: “Levantemos el rostro de quienes yacen en el polvo”
Foto Kike Rincón (EUROPA PRESS)
En la tarde de este miércoles 10 de junio, tras la oración ante el Santísimo y ante la tumba de Antoni Gaudí, el Papa León XIV celebró la Eucaristía en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona y bendijo la torre de Jesucristo. En su homilía, el Pontífice recordó que “como arquitecto ardiente de fe, el venerable Antoni Gaudí concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo”.

El Papa afirmó que la Sagrada Familia es “la iglesia más alta del mundo, no para destacar en clasificaciones mundanas, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina en España, con la cruz que ilumina el camino, como una lámpara encendida en la espera del regreso del Esposo”.

Agradeció a las autoridades civiles y religiosas, así como a los miembros de otras comunidades cristianas y de otras religiones presentes en la celebración, y subrayó que esta basílica acoge a la ciudad y a toda Cataluña como un signo de unidad y concordia.

Recordó que Benedicto XVI consagró el templo en 2010, destacando su condición de “signo visible del Dios invisible”, y anunció que, en continuidad con aquella oración, bendeciría la torre más alta, la de Jesucristo. Subrayó que esta iglesia es un único edificio compuesto por muchas piedras, y que “todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin”.

La Sagrada Familia, dijo, sigue siendo una obra en construcción que recuerda que la vida cristiana es siempre un camino y un proyecto que Dios lleva adelante.

El Papa insistió en que no se trata de una obra inacabada, sino de un templo en construcción cuya imperfección “no es un defecto, porque da testimonio de un deseo”, y que expresa una promesa que los creyentes están llamados a honrar con coherencia.

“Puesto que somos templo del Espíritu Santo, esta obra coincide con nuestra vida, que Dios concibe como una obra maestra que debemos realizar juntos”, afirmó.

Al comentar las palabras dirigidas por Dios al rey David —“¿Tú me vas a construir una casa para morada mía?”—, el Pontífice recordó que es Dios quien da un lugar al ser humano, y que ese lugar es su propio corazón.

En el Evangelio, añadió, Cristo invita a la salvación y a la libertad, y se presenta como Emmanuel, fuente de gracia y perdón. “No podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente incluso antes de que nazca. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria”.

En catalán, el Papa señaló que la cruz corona la basílica y que sus fachadas narran cómo el Hijo de Dios se hace el último en la Natividad, redime en la Pasión y da vida eterna en su Resurrección.

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Al contemplar la torre de Jesucristo, invitó a alzar la mirada hacia Él, “Aquel que sólo nos revela la verdad de Dios y la verdad de nosotros mismos”. La cruz, dijo, se convierte en estandarte de caridad y signo de esperanza, brillando de día y de noche como un faro abierto al Mediterráneo.

El Pontífice afirmó que la luz de Cristo brilla en las tinieblas, aunque estas no la acojan, y que es necesario pasar por la pasión del Crucificado para ser iluminados por la gloria del Resucitado. La cruz es así “el signo luminoso de su amor”, y cuando Cristo es elevado, “nuestras obras glorifican a Dios”. Entre esas obras, destacó el arte, que convierte el talento en alabanza y la creatividad en testimonio del Creador.

Recordó que Gaudí concibió la basílica como una narración de los misterios de Cristo y que, junto a él, la Iglesia agradece a promotores, benefactores, artistas y trabajadores que han contribuido a esta obra maestra arquitectónica y catequética. La Sagrada Familia, afirmó, renueva la tradición de la Biblia pauperum, mostrando cómo el arte y la belleza son canales privilegiados de evangelización.

Finalmente, el Papa León XIV invitó a aprender del Maestro el arte de vivir según el Evangelio y, alzando la mirada hacia el Crucificado Resucitado, a “levantar el rostro de quienes yacen en el polvo”.

Concluyó recordando que la Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo no para destacar, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios en España, iluminando el camino con la cruz “como una lámpara encendida en la espera del regreso del Esposo”.

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