La nueva encíclica social une a sindicatos y trabajadores cristianos en la defensa de la dignidad del trabajo sobre la rentabilidad

La encíclica de León XIV no ha pasado desapercibida para las organizaciones de personas trabajadoras de España. Desde el ámbito sindical, ha despertado gran interés el punto de vista de la Iglesia Católica sobre la disrupción tecnológica y la disolución de las fronteras entre humanidad y tecnología. Para la HOAC, además, supone un documento lleno de interpelaciones y orientaciones a tener en cuenta en su misión.
La presidenta de la HOAC, Paloma Becerra,admite la “gran alegría y esperanza” que ha generado dentro del movimiento obrero de Acción Católica la nueva encíclica Magnifica Humanitas, en la que el papa León XIV reconoce que “estamos viviendo un profundo cambio de época” marcado por los avances tecnológicos y la irrupción de la inteligencia artificial.
En este sentido, señala Becerra, el texto ofrece “claves para discernir desde el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia” los desafíos de esta nueva revolución.
El secretario general de USO, Joaquín Pérez, admite que el discurso de León XIV “concuerda” con su enfoque sindical en el que “el desarrollo tecnológico no puede vulnerar los derechos fundamentales (incluidos los laborales), y que “exige un principio estricto de control humano sobre los algoritmos y sistemas automatizados”.
Pero también señala los valores coincidentes defendidos por esta nueva aportación al magisterio social de la Iglesia como “la paz como horizonte irrenunciable, la primacía del bien común sobre cualquier interés particular y la defensa de la dignidad humana en todos los ámbitos, también en aquellos transformados por la revolución tecnológica”.
En el sindicato que dirige Unai Sordo, quien participará en un coloquio organizado en la fundación Pablo VI sobre el contenido de la nueva carta pastoral vaticana, destacan la relevancia de la Encíclica León XIV sobre IA, al dejar clara la postura de la Iglesia dentro del necesario “debate existente sobre el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo y en la sociedad”.
Desde esta organización, confiesan su sintonía con la necesidad de reivindicar “la dignidad y el control humano, en contraposición al determinismo tecnológico”.
“Un discurso que concuerda con nuestro enfoque sindical en el que el desarrollo tecnológico no puede vulnerar los derechos fundamentales (incluidos los laborales), y que “exige un principio estricto de control humano sobre los algoritmos y sistemas automatizados”.
Una cuestión irrenunciable para el cambio de era
Para la militancia de la HOAC, dice Becerra, la carta pastoral representa “una llamada, a seguir interpelándonos desde nuestra militancia en el mundo del trabajo, en este cambio de era”.
Al calor de la revolución tecnológica actual, el santo padre plantea “unas claves para discernir desde el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia”, como toma de postura de la iglesia antes lo cambios sociales sistematizado con la aparición de Rerum Novarum de León XIII.
La reflexión eclesial, casi simultáneamente a la introducción de nuevas herramientas digitales, se justifica, según Becerra, porque “las “cosas nuevas” de este nuestro tiempo, nos sitúan en una encrucijada que sacuden el mundo del trabajo, las relaciones sociales, las bases de la convivencia o incluso el sentido del desarrollo humano”.
“Como movimiento de la Iglesia encarnado en el mundo obrero, reafirmamos que el criterio decisivo para juzgar este momento es a la vez antropológico y teológico. No se trata de discutir solo las bondades o inconvenientes del desarrollo tecnológico, de la IA o de los cambios que nos rodean o están por venir. Esta nueva situación tiene un alcance mucho mayor”, matiza la presidenta de la HOAC.
Después de todo, como apunta Becerra, “en un sistema económico que reduce al ser humano a un mero dato, algoritmo o rendimiento productivo, Magnifica Humanitas nos recuerda que la dignidad de la persona humana nos pertenece simplemente por el hecho de existir. No se compra, no se mide en términos de eficiencia laboral ni está condicionada por nuestras capacidades, sean del tipo que sean”.
Para la sabiduría cristiana, detalla recogiendo ya la aportación de la encíclica, “esta dignidad se fundamenta en que somos imagen del Dios trinitario. Cada persona es pensada y querida por Dios para entrar en una historia de comunión con Él, con los demás y con la creación. El progreso técnico pierde su legitimidad si niega esta
raíz”.
Hasta el extremo, matiza, de que “termina degradando a los trabajadores a meras piezas en función de una maquinaria digital que persigue el enriquecimiento y el poder de unos pocos”.
Ante las amenazas a la dignidad humana, destaca Becerra, “la encíclica nos plantea la disyuntiva entre elegir entre el Babel del Poder, del dominio de unos pocos sobre una gran masa de descartados o la Jerusalem que proyecta Nehemías donde el caminar comunitario, el diálogo, la escucha y la inclusión van de la mano. Esto nos enfrenta a una pregunta fundamental: ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos? ¿Cuál es el objetivo del desarrollo humano, el progreso de unos pocos o el bien común?”
La respuesta que ofrece el pontífice no deja lugar a dudas: “El bien común no se entiende como la suma de intereses individuales, sino como una realidad eminentemente relacional, definida como “el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de su propia perfección”.
No es para menos, ya que “desde la Rerun Novarum la doctrina social de la Iglesia ha defendido la dignidad de los trabajadores, en laborem exercens se reconoce el trabajo como “la clave esencial”.
El trabajo humano permite a la persona, recuerda Becerra citando la nueva encíclica, “desarrollar muchas dimensiones de su propia existencia”, por lo que desde la HOAC se vuelve a plantear, como también hace la carta pastoral, “la necesidad de que el trabajo sea digno”.
Becerra recupera aquí una de las citas de Magnifica humanitas que suenan a la organización que coordina muy familiares: “El trabajo sigue siendo una dimensión fundamental de la experiencia humana, espacio de expresión, de relaciones, de contribución a la comunidad”.
“La técnica debe ser una expresión de la creatividad y la libertad humana, un medio para liberar de las cargas más penosas, nunca una herramienta para precarizar o sustituir el sustento de las familias”, añade la presidenta de este movimiento de Acción Católica especializado, quien hace suya la llamada del Papa advierte a “diseñar sistemas centrados en la persona y no solo en el rendimiento”.
No obstantes, la visión de Robert Prevost de la tecnológica no es ni mucho menos unívoca, dado que también concede que “la tecnología nos puede liberar de trabajos especialmente penosos o peligrosos”. Sus reservas se deben a que “ya está suponiendo la pérdida de empleos y la desigualdad entre los que se están enriqueciendo
con ella y los que siguen sufriendo la explotación o el descarte, en muchos casos agudizados estas nuevas formas de tecnologías”.
Después de todo, no se puede olvidar que “con el trabajo desarrollamos nuestro potencial humano pero también nuestro potencial social”, por lo que “permitir a todas las personas un acceso al trabajo y un trabajo digno debe ser prioritario tanto para las políticas públicas como para los procesos económicos”.
Becerra insiste en que “el Papa apela al esfuerzo conjunto por los responsables políticos, los empresarios y los sindicatos para acompañar el proceso de automatización y de la implantación de la IA para implementar la calidad y la dignidad de trabajo, con la mirada puesta en el bien común y en la dignidad de cada persona”, al tiempo que destaca que, como el mismo León XIV plantea, “la civilización del amor nace de pequeñas acciones cotidianas”.
En el fondo, late un profundo compromiso con una verdad que a menudo se olvida. “Ninguna transformación macro-tecnológica puede ser humana sin una conversión del corazón volcada en la justicia y el cuidado de los más frágiles. Sabiendo firmemente que con la paz no se pierde nada, mientras que con la guerra todo se puede perder”.
Para la HOAC, “la doctrina social no es teoría, es acción concreta”, de modo que “la propuesta de tomar el Magnificat como clave de interpretación es un grito de esperanza en el mundo obrero y del trabajo: Dios derroca del trono el poder de los soberbios, altera las estructuras injustas y enaltece a los humildes”.
“Hacemos nuestra la consigna final del santo padre. tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa
magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor”, concluye.
Una prioridad sindical: la humanidad antes que las máquinas
Por parte de las organizaciones sindicales, Pérez, que acaba de revalidar su liderazgo al frente de USO en su último congreso celebrado en Badajoz, comparte plenamente “la denuncia de que el trabajador no puede ser reducido a un “recurso explotable”, ni a un simple generador de datos para alimentar algoritmos”.
Este principio irrenunciable que está presente, aunque no solo, en la tradición cristiana, cobra quizás mayor trascendencia en la etapa actual de desarrollo.
“La automatización y la búsqueda del beneficio económico jamás pueden justificar la destrucción del empleo digno, la precarización o la subordinación del ritmo humano al de la máquina”, coincide en remarcar Pérez.
“La inteligencia artificial debe concebirse desde su origen bajo criterios de justicia social, transparencia y respeto a los derechos laborales”, afirma con rotunidad.
Además de por otras muchas razones, hay una en especial que cada vez se hace más evidente. “Alertamos –sostiene Pérez en línea con la encíclica.– sobre la creciente concentración del poder digital en manos de unos pocos oligopolios tecnológicos”.
La declaración no debe quedarse en las nubes. “Los algoritmos, las patentes y los avances técnicos deben estar al servicio del bien común, no del lucro ilimitado de corporaciones que dejan atrás a los trabajadores más vulnerables y profundizan las desigualdades”, acota Pérez.
Cultura de paz
USO respalda también la llamada a superar la lógica de la “guerra justa” y a reformular los recursos destinados a la carrera armamentística tecnológica hacia fines sociales, educativos y civiles.
“Defendemos con firmeza la prohibición de las armas autónomas letales y la necesidad de impedir la militarización de la tecnología, preservando su uso para la convivencia y el progreso humano”, añade el sindicalista.
En el ámbito educativo, USO coincide con la urgencia de proteger el pensamiento crítico de las futuras generaciones de trabajadores y trabajadoras.
“La escuela debe ser un espacio donde la tecnología acompañe, pero no sustituya, la reflexión, la creatividad y la autonomía intelectual. Asimismo, defendemos a la familia como bien social primario, que debe ser protegida frente a la hiperconectividad laboral que invade la vida personal y erosiona los tiempos de descanso y cuidado”, destaca Pérez.
De ahí que el dirigente sindical afirme que “la encíclica Magnifica humanitas nos recuerda que el progreso solo es auténtico cuando no deja a nadie atrás y cuando sitúa a la persona —su libertad, su trabajo y su dignidad— en el centro de toda decisión social, económica y tecnológica”.
“Ese es también el compromiso de USO”, concluye Perez, “construir un futuro donde la innovación esté al servicio de la justicia social y del desarrollo humano integral”.
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Redactor jefe de Noticias Obreras



