Compañero sacerdote

Compañero sacerdote
FOTO | Manuel Salazar, segundo por la derecha.

Yo lo llamaba compañero sacerdote y él me llamaba compañero laico. Hablo en pasado porque el 14 de agosto, en Huelva, su ciudad y la nuestra, se nos murió como del rayo, Manolo Salazar Monge, con quien tanto compartíamos. Manolo era un hombre de Dios. Murió en la capilla de su piso de la barriada de El Carmen mientras rezaba. Se ve que la conversación con el Jefe, como él llamaba a Dios, era tan importante que no podía interrumpirse y Dios se lo llevó consigo para continuar la charla.

Manolo vivió en carne propia la radicalidad del Evangelio, la fidelidad a Jesús desde la opción preferencial por los empobrecidos, por los descartados. Manolo se encarnó en la clase obrera más empobrecida. Escogió vivir y llevar a cabo su sacerdocio en barriadas humildes de Huelva: El Higueral, El Carmen, La Navidad… Manolo fue el cura de los pobres, comprometido con sus alegrías y con sus penas, con sus trabajos y con sus luchas.

Así participó de las asociaciones de vecinos de esos barrios, fue cura obrero y consiliario de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), apostó por el diálogo ecuménico con otras religiones porque en sus barrios los empobrecidos tenían distintas confesiones religiosas, abrazó a los migrantes, defendió los Derechos Humanos, apoyó la lucha obrera y militó sindicalmente, luchó para que los empobrecidos tuvieran unas viviendas como Dios manda…

Manolo fue un cura que no quería oler a cerrado y sacristía. Él, como decía su admirado Francisco, quería oler a establo, a grasa y sudor, a mundo obrero. Siempre tenía la sonrisa en la boca y el cariño en las manos. En él residía la alegría del Evangelio, la alegría del encuentro con Dios en la realidad sufriente de los empobrecidos, para los que siempre había un minuto, un abrazo, una charla… Su fe era una fe sin trampas, una fe auténtica, que encontraba en los pobres su lugar teológico. Manolo anunció y vivió el Reino, ese otro mundo posible donde la justicia, la fraternidad y el amor devuelven la dignidad al ser humano, que siempre estará por encima de los mercados y los beneficios.

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Manolo ha sido levadura que ha hecho crecer el pan de la solidaridad en la Eucaristía constante de la vida, ha sido semilla sembrada en la fértil tierra de la nueva humanidad. Manolo se fue vestido de luz y dicen las malas lenguas que cuando llegó a las puertas de la eternidad y San Pedro le preguntó a qué parte del cielo quería ir, Manolo respondió: allí donde estén los pobres.

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