Una “Carta Global de Derechos Laborales” centra la candidatura de Yolanda Díaz para dirigir la OIT

Una “Carta Global de Derechos Laborales” centra la candidatura de Yolanda Díaz para dirigir la OIT
La vicepresidenta segunda formaliza su candidatura con un programa que propone convertir en convenio internacional un suelo universal de derechos laborales. Su proyecto advierte del “riesgo existencial” que afronta la organización y plantea recuperar su liderazgo mediante el diálogo social

Yolanda Díaz ha formalizado su candidatura para dirigir la Organización Internacional del Trabajo (OIT) con un programa que sitúa como principal propuesta la aprobación de una Carta Global de Derechos Laborales con forma de convenio internacional. El objetivo es establecer un marco mínimo y universal de protección frente a las transformaciones tecnológicas, climáticas y demográficas que atraviesan el mundo del trabajo.

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social competirá, por el momento, con el actual director general, el togolés Gilbert F. Houngbo, que dirige la organización desde 2022 y aspira a la reelección. El Consejo de Administración celebrará las audiencias privadas con las candidaturas el 9 de noviembre y elegirá mediante votación secreta a la nueva dirección general el día 16 de ese mismo mes.

Según la información publicada por Europa Press, el programa presentado por la candidata española lleva por título Recuperar el liderazgo de la OIT: El diálogo social como faro de la justicia social en un mundo en transformación. En sus seis páginas, Díaz formula un diagnóstico especialmente crítico: la organización se encuentra en una “encrucijada crítica” y afronta un “riesgo existencial” para cumplir su mandato y mantener su relevancia.

La propuesta aspira a rescatar a la institución de lo que denomina una “gestión del declive”. Aunque el documento no dirige expresamente esa crítica contra Houngbo, la formulación imprime a la candidatura un perfil claramente alternativo frente al actual responsable de la OIT.

De propuesta política a convenio internacional

La Carta Global de Derechos Laborales no es una iniciativa concebida únicamente para esta candidatura. Díaz la propuso ante la 112 Conferencia Internacional del Trabajo en junio de 2024, cuando reclamó establecer unos derechos laborales básicos adaptados al siglo XXI y capaces de responder a la crisis climática y a las transiciones digital y demográfica.

“Avanzar hacia la universalización de derechos laborales efectivos de las personas trabajadoras es un auténtico orgullo para España”, afirmó entonces ante el pleno de la OIT. En aquella intervención también defendió que “la mejor política económica es una política laboral que proteja a las personas trabajadoras”.

La iniciativa dio un segundo paso en noviembre de ese mismo año. Un Congreso Internacional del Trabajo convocado en Madrid reunió a representantes gubernamentales, sindicales, universitarios, jurídicos y sociales para debatir la renovación del contrato social, la democracia en el trabajo, la inteligencia artificial, la justicia climática y la igualdad.

El encuentro concluyó con la aprobación de una Carta Global de Derechos Laborales, respaldada como compromiso político para afrontar la incertidumbre, la desregulación y las transformaciones del trabajo. Díaz la presentó como “el primer paso para reconstruir el contrato social a nivel global” y “una primera piedra en la construcción de una internacional laborista para el siglo XXI”.

“Este documento aspira a convertirse en la carta magna de los sindicatos y de las personas trabajadoras en todo el mundo”, afirmó la ministra durante la clausura del congreso. La declaración partía de una convicción: “Los derechos laborales son derechos humanos”.

La candidatura propone ahora dar un salto institucional y jurídico. La carta firmada en Madrid era una declaración política. El programa de Díaz plantea negociar su contenido entre gobiernos, organizaciones empresariales y sindicatos para convertirlo en un convenio internacional que establezca un “suelo universal de derechos laborales”.

Según el documento, esta nueva norma permitiría sistematizar los principios desarrollados por la organización a lo largo de su historia e incorporar los desafíos del trabajo en el siglo XXI. Serviría así como “referencia universal para gobernar una economía global que debe situar los derechos de las personas en el centro”.

La carta aprobada en 2024 ya contenía 17 compromisos. Entre ellos figuraban el salario vital, la igualdad y la no discriminación; la libertad sindical y el derecho de huelga; la negociación colectiva; la protección social universal; la seguridad y la salud laboral; la compatibilidad del tiempo de trabajo con la vida; los derechos de las personas migrantes; la erradicación del trabajo infantil y forzoso; y la responsabilidad empresarial por las vulneraciones cometidas en las cadenas mundiales de valor.

También recogía el derecho al cuidado, la protección de la maternidad y la paternidad, la prevención de la violencia y el acoso, la formación permanente, la estabilidad laboral, unas inspecciones de trabajo suficientes y unas transiciones digital y ecológica respetuosas con los derechos. Su horizonte era que “el trabajo decente sea la única forma de trabajo”.

Cinco prioridades frente a la crisis de la OIT

El programa articula la futura actuación de la organización alrededor del diálogo social y de cinco grandes ámbitos: las transiciones digital y climática; las empresas sostenibles y la competencia justa; el trabajo decente y la protección social; la lucha contra las desigualdades y la igualdad de género; y la Carta Global de Derechos Laborales.

En el ámbito tecnológico, Díaz propone impulsar en la Conferencia Internacional del Trabajo de 2027 una estrategia tripartita para gobernar la inteligencia artificial y el resto de transformaciones digitales. En materia climática, plantea una iniciativa que estudie y permita afrontar sus consecuencias sociales y económicas.

La candidata del Gobierno de España también defiende avanzar hacia sistemas universales de protección social y fortalecer la formación y el aprendizaje durante toda la vida, especialmente ante los cambios demográficos y las nuevas formas de empleo. Frente a la desigualdad, apuesta por salarios dignos, negociación colectiva, redistribución y eliminación de las brechas salariales y de género.

“El diálogo social solo será plenamente legítimo si incorpora en condiciones de igualdad la voz y la experiencia de las mujeres”, sostiene el programa. Díaz reclama además profundizar en la democratización interna de la OIT y garantizar que el Sur global y las representaciones sindicales y empresariales participen en condiciones de igualdad con los gobiernos.

La propuesta se apoya en tres pilares operativos: reforzar la creación y supervisión de normas internacionales del trabajo; proporcionar herramientas para diseñar políticas públicas mediante el diálogo social; y desplegar programas de cooperación capaces de aplicar esas normas y políticas sobre el terreno.

Díaz considera que la producción normativa constituye “el ADN de la OIT y su principal ventaja comparativa en el sistema multilateral”. Por ello, rechaza que la falta de presupuesto sirva como argumento para debilitar la elaboración de convenios o su sistema de control.

Nuevos recursos sin condicionar la agenda

La crisis financiera ocupa también un lugar central en su diagnóstico. El programa sostiene que las dificultades de la organización no proceden únicamente del impago de las contribuciones de algunos Estados –particularmente de Estados Unidos–, sino también de carencias internas que han fragmentado su capacidad técnica frente a otros organismos multilaterales.

Para ampliar los recursos, Díaz propone buscar contribuciones voluntarias de gobiernos donantes, agencias de desarrollo, bancos regionales y fórmulas de cooperación público-privada. Al mismo tiempo, advierte del riesgo de que estas aportaciones condicionen o fragmenten las prioridades institucionales.

Por ello, plantea que la financiación adicional sea plurianual, no condicionada y destinada a fondos estratégicos comunes. En el plano interno, defiende acometer ajustes mediante la consulta permanente con la representación sindical y el respeto de los acuerdos colectivos. Su programa sostiene que es posible “hacer mucho más sin incrementar los recursos”.

La vicepresidenta presenta como aval su experiencia al frente del Ministerio de Trabajo, marcada por los acuerdos alcanzados con sindicatos y organizaciones empresariales y por las reformas laborales aprobadas durante los últimos años.

“Esta visión, respaldada por mi experiencia de gobierno de un país que ha conocido un periodo excepcional de expansión y de creación de empleo de calidad, basada en decenas de acuerdos de diálogo social, puede contribuir de manera decisiva a reforzar el papel de la OIT”, afirma.

Díaz concluye su programa con una apelación al carácter histórico de su candidatura: “Ha llegado el momento de confiar en el liderazgo de una mujer”. Si obtiene más de la mitad de los votos del Consejo de Administración, se convertirá en la primera mujer y la primera persona española en dirigir la OIT. Su mandato, de cinco años, comenzaría el 1 de octubre de 2027.

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