Las cuatro comunidades religiosas de Ceuta reclaman recursos y convivencia frente a la crisis migratoria

Cristianos, musulmanes, hebreos e hindúes reivindican una respuesta pública que garantice la seguridad, la atención humanitaria y la dignidad de las personas. Su mensaje de unidad convivió durante la concentración con consignas partidistas y de rechazo a la población migrante
Miles de personas se concentraron este domingo en la plaza de la Constitución de Ceuta convocadas por las comunidades cristiana, musulmana, hebrea e hindú, junto con asociaciones vecinales, para exigir una respuesta estatal y europea ante la crisis abierta tras las entradas del pasado 30 de julio.
La movilización, respaldada también por CCOO y UGT, reunió a algo más de 5.000 personas, según la Policía Nacional, y a más de 10.000, de acuerdo con los organizadores. Con el lema “Basta ya. Ceuta no se rinde”, las cuatro confesiones quisieron expresar una voz común en defensa de la convivencia y reclamar medios suficientes para atender una situación que desborda ampliamente la capacidad de la ciudad.
El presidente de la Comunidad Hindú de Ceuta, Ramesh Chandiramani, leyó el Manifiesto por la Unidad de Ceuta en representación de las cuatro comunidades religiosas y de las entidades vecinales promotoras. El documento reclama al Gobierno de España, a las instituciones europeas y al conjunto de las administraciones una respuesta “inmediata, decidida y proporcionada”.
Los convocantes piden recursos humanos y materiales, atención prioritaria a la frontera y una respuesta estable que garantice simultáneamente la seguridad, la asistencia humanitaria, la protección de los servicios públicos y el bienestar de la población.
“Ceuta no puede afrontar sola una situación que supera ampliamente sus capacidades y que afecta al conjunto de España y de Europa”, sostiene el manifiesto.
“No nace del rechazo a nadie”
La iniciativa interreligiosa trató de marcar una frontera clara entre la reclamación de recursos públicos y cualquier discurso contra las personas migrantes.
“Esta llamada no nace del rechazo a nadie, sino de la responsabilidad hacia todos”, proclamó Chandiramani. Las comunidades defendieron que proteger la convivencia exige preservar tanto la dignidad de quienes han llegado como la seguridad de la población y la cohesión social.
El texto apela a los valores que comparten las cuatro tradiciones religiosas –“paz, fraternidad, solidaridad, justicia y ayuda al prójimo”– y expresa la voluntad de sus comunidades de ser “parte de la solución”.
También reclama que la escasez de medios no termine generando “tensión, miedo o enfrentamiento” entre una población agotada por la incertidumbre y las personas migrantes que continúan sin alojamiento ni atención adecuados.
Este llamamiento prolonga la posición adoptada por la Iglesia española desde el comienzo de la crisis. La pastoral de migraciones ha reclamado una respuesta “urgente, responsable y humana”, especialmente para los menores y para quienes podrían necesitar protección internacional. La diócesis de Cádiz y Ceuta también ha movilizado recursos pastorales y asistenciales para apoyar la acogida.
Una concentración atravesada por mensajes contradictorios
El contenido consensuado del manifiesto convivió, sin embargo, con expresiones que desbordaron el mensaje de unidad promovido por las cuatro confesiones.
Durante la concentración se corearon consignas contra el presidente del Gobierno y el delegado gubernamental en Ceuta, Miguel Ángel Pérez Triano, que no participó en el acto. También se escucharon peticiones de expulsión y expresiones de rechazo a las personas migrantes.
Una parte de los asistentes dificultó incluso el minuto de silencio solicitado por quienes murieron intentando alcanzar la ciudad. Desde la organización se trató de rebajar la tensión y devolver el foco al texto acordado.
Una vez terminado el acto oficial, parte de los participantes se desplazó espontáneamente hasta la Delegación del Gobierno, donde continuaron las consignas contra el Ejecutivo y las personas migrantes.
La contradicción revela la dificultad de sostener la convivencia en una ciudad sometida a una presión excepcional, con cifras todavía contradictorias sobre las personas que permanecen en sus calles, recursos de acogida desbordados y centenares de menores pendientes de una protección efectiva.
El manifiesto interreligioso, no obstante, intenta impedir que el malestar por la falta de respuesta institucional se dirija contra quienes se encuentran en mayor situación de vulnerabilidad.
Recursos públicos para evitar el miedo y el enfrentamiento
El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, que participó en la movilización, insistió en que la ciudad necesita la solidaridad del resto de España. “Solos no vamos a poder”, afirmó, después de calificar la situación de “insostenible”.
La petición central de las comunidades religiosas coincide en este punto con las demandas de organizaciones sindicales, eclesiales y sociales: reforzar la acogida, los centros de menores, la sanidad, la traducción, la atención jurídica y psicológica y las plantillas públicas que llevan días trabajando bajo una enorme presión.
La crisis no puede abordarse únicamente mediante vigilancia y control fronterizo. La falta de alojamientos y de espacios seguros está dejando a menores, mujeres y posibles solicitantes de asilo expuestos a la violencia, la trata y la explotación.
Las cuatro comunidades cerraron su manifiesto reclamando “responsabilidad, compromiso y respuestas” a las autoridades; solidaridad al conjunto de la sociedad española, y “serenidad, confianza y unidad” a la población ceutí.
“Ceuta no se rinde, Ceuta no se divide y Ceuta no pierde la esperanza”, concluyeron, tratando de preservar una convivencia que la ausencia de respuestas suficientes amenaza con deteriorar.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



