«Llamó a sus doce discípulos y los envió»

Lectura del Evangelio según Mateo (9, 36-10, 8)
Al ver a la gente, sintió compasión de todas aquellas personas, porque estaban cansadas y desorientadas como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos:
–La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos. Rueguen por tanto al dueño de la cosecha que envíe obreros a recogerla.
Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio poder para expulsar espíritus impuros y para curar toda clase de enfermedades y dolencias. Los nombres de los doce apóstoles son: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; luego Santiago el hijo de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el recaudador de impuestos; Santiago, el hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón el cananeo, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos Doce los envió Jesús con las siguientes instrucciones:
–No transiten por regiones de paganos ni entren en los pueblos de Samaría. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Vayan y proclamen que está llegando el reino de los cielos. Sanen a las personas enfermas, resuciten a las que están muertas, limpien a la gente leprosa, expulsen a los demonios; gratis lo han recibido, entréguenlo también gratis.
Comentario
Jesús siente compasión, ve a la gente desorientada y cansada, como ovejas sin pastor, estaban des-cuidadas, sin cuidado. Jesús ve como quienes dirigen al pueblo lo abaten y lo vejan, lo explotan y les hacen cargar cargas pesadas. A Jesús le conmueve la situación.
Nos recuerda al comienzo de la Evangelii gaudium del papa Francisco, nos invita en toda esa exhortación a mirar compasivamente la realidad: «El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada» (EG 2).
Esto escribía el papa Francisco en el 2013 y el papa León nos habla ya de que: «Evitemos, por tanto, el “síndrome de Babel”: la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único –incluso digital– capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos. Este es el riesgo de la deshumanización –construir el futuro excluyendo a Dios y reduciendo al otro a un medio–, una tentación antigua y siempre nueva, que hoy también toma un rostro técnico» (Magnifica humanista, MH 10).
Babel es la metáfora de la confusión, la desorientación… por eso el Papa plantea preguntas claves que toda persona tiene que intentar responder para poder orientar su vida: «¿hacia dónde vamos?» (MH 6). Quo vadis humanitas? Son preguntas que a voz de pronto cuesta contestar y mucha gente ha decidido refugiarse en la borrachera de un presente lleno de estímulos en un carpe diem; el Papa hace un esfuerzo por dar orientación, quiere hacer una propuesta en la línea del profeta Nehemías cuando quiere reconstruir la ciudad de Dios, Jerusalén con una orientación «trabajar juntos, cultivando una vida común pacífica, justa y digna en las “ciudades” de hoy» (MH 10).
Mateo rompe el discurso del pastor para hablar del campo y la cosecha; de la necesidad de obreros y obreras que hay que pedir al Señor, para «edificar juntos y juntas, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y diálogo el terreno común en el que hacer crecer la justicia y la fraternidad» (MH 10) ese es «el camino de Nehemías». No es solo la imagen del cuidador sino gente implicada en el campo de Dios para implicarse como él y hacerlo como él; para hacer la misma tarea de Jesús, eso sí, sin nada pero con autoridad.
Y comienza el Evangelio por los doce, como queriendo hablar de nuevo pueblo de Dios, con doce, de los cuales de unos conocemos bastante poco o nada y de otros, vemos en el Evangelio que no eran un portento, pero Jesús les contagia de compasión y esa es la clave, contagiar de compasión para poder descubrir dónde están los malos espíritus, donde anida el mal y acompañar para su expulsión y sanar las heridas, sanar el dolor y el sufrimiento, sanar… ¡qué necesidad tenemos de sanadores! personas cuya presencia es cuidar, reconstruir, acompañar, llorar con los que lloran, reír con los que ríen…, en el fondo, personas que pasan por la vida amando, creando espacios de comunión y comunidad.
Y los doce aprendieron haciendo, mirando a Jesús y sintiéndose enviados por él, con él y su poder, no el de ellos, el poder de Jesús. Y les invita hacerlo como él, con obras y palabras, y anunciando que la esperanza ya es posible porque el reino ha llegado, ellos no eran perfectos, pero hay cuatro cosas claras: Él, el Señor está, su poder nos acompaña; hay obras, hechos que nos llenan de esperanza (es necesario siempre el «vengan y vean», que es posible, es decir, es necesario «dar visibilidad a experiencias alternativas en la forma de vivir, personal y socialmente»)[1]. En tercer lugar, no es un negocio, nuestro interés es trabajar en los sueños de Dios y sentirnos orgullosos de hacerlo, es gratis… hay facturas que no son de dinero, pero son de poder, prestigio, reconocimiento…; y la última, a pesar de que existe el cansancio y la desorientación, no podemos perder el entusiasmo.
Esto último es clave, es la insistencia del papa Francisco en la exhortación apostólica La alegría del Evangelio, a entusiasmarnos con la propuesta de la misión: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría» (EG 1).
Que en estos tiempos sinodales este texto nos anime para la comunión, la participación y la misión guiados por el Espíritu de la alegría y la esperanza ¡es posible!
[1] Una de las cuatro claves de la HOAC.
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Consiliario general de la HOAC
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