Macu Martín: “No hay otra: el camino es una Iglesia más sinodal, participativa y corresponsable”

Macu Martín: “No hay otra: el camino es una Iglesia más sinodal, participativa y corresponsable”
Inmaculada Martín Rodrigo, la nueva delegada episcopal para la Vicaría de Comunión Eclesial y Carismas de Palencia, reflexiona sobre la reorganización pastoral de la diócesis, el protagonismo del laicado y los retos de una Iglesia más sinodal, participativa y corresponsable

En las Conversaciones Teológicas de Montesclaros (Cantabria), celebradas del 7 al 9 de julio de 2026 y dedicadas a La Escritura y la tradición desde el aquí y el ahora, coincidí con un grupo de personas de la diócesis de Palencia. Entre ellas estaba Inmaculada Martín Rodrigo, “Macu”, nombrada el pasado 23 de junio delegada episcopal para la Vicaría de Comunión Eclesial y Carismas por un periodo de tres años.

Su nombramiento me llamó especialmente la atención porque pasaba a formar parte del equipo de gobierno diocesano, encabezado por el obispo, mons. Mikel Garciandía, junto con el vicario general y los responsables de las otras tres vicarías episcopales. Era una buena ocasión para conocer mejor el alcance de esta nueva responsabilidad y el proceso pastoral que la ha hecho posible.

Las personas de la diócesis presentes en Montesclaros coincidían en señalar que esta reorganización responde a un largo recorrido eclesial. Sus raíces se encuentran en la recepción del Concilio Vaticano II y en el Sínodo Diocesano celebrado entre 1987 y 1988 bajo el episcopado de mons. Nicolás Castellanos. Desde entonces, la diócesis ha ido consolidando una apuesta por una Iglesia discípula, al servicio del mundo, especialmente de las personas empobrecidas, y comprometida con la promoción de un laicado evangelizador.

En los últimos años ese camino se ha visto reforzado, primero con mons. Manuel Herrero, impulsando procesos de escucha, trabajo en equipo y planificación pastoral compartida, y, desde hace dos años y medio, con mons. Mikel Garciandía, quien ha dado continuidad a ese estilo promoviendo una reorganización de la estructura diocesana, la revisión del plan pastoral y una amplia consulta para la elección de las personas llamadas a asumir nuevas responsabilidades.

El resultado es una organización encabezada por un vicario general y de pastoral y cuatro vicarías que responden a las dimensiones fundamentales de la vida eclesial. En ese contexto se sitúa el nombramiento de Macu.

Con este trasfondo comienza nuestra conversación.

Para empezar, nada mejor que una breve presentación

Encantada. Soy Inmaculada Martín Rodrigo, Macu, nacida en Palencia en diciembre de 1964. Estoy casada y soy madre de dos hijos. Una buena parte de mi vida ha transcurrido en el ámbito educativo y también en la pastoral, especialmente con jóvenes y en el campo de la caridad.

Actualmente soy docente en el colegio Santo Ángel y seguiré viviendo de mi trabajo profesional; no voy a dejarlo. Espero seguir cuidando mi pertenencia al grupo de Profesionales Cristianos, así como al Consejo de Pastoral y al Equipo Eclesial de la Unidad Pastoral Santa María del Otero.

¿Cuál y dónde ha sido tu formación teológica?

Cuando era joven se abrió la posibilidad de que los laicos y las laicas pudiéramos formarnos teológicamente en el seminario diocesano sin necesidad de cursar todos los estudios eclesiásticos. Podíamos estudiar asignaturas sueltas, como Cristología o Teología Fundamental.

Aproveché aquella oportunidad que, además de ayudarme a profundizar en la fe, despertó nuevas inquietudes teológicas. Más tarde completé la diplomatura en Ciencias Religiosas.

“Hay un sentimiento generalizado de apuesta por otra Iglesia más sinodal, participativa y corresponsable, que contagia entusiasmo y alegría”

¿Qué es lo que te queda después de tantos años de compromiso pastoral “a pie de obra”?

La importancia de los procesos y del acompañamiento. Necesitamos escuchar más y mejor, abrir espacios de participación y creer que en el otro, diferente a mí, también está y habla Dios.

Todo esto ha sido posible porque en nuestra diócesis se ha trabajado con ilusión la recepción del Sínodo sobre la Sinodalidad. Palencia es una diócesis pequeña, pero cerca de cinco mil personas han participado en ese proceso: miembros de nuestras comunidades, personas del ámbito universitario, del mundo de la cárcel e incluso personas no creyentes.

Algunos de aquellos grupos siguen reuniéndose. Las líneas de futuro que surgieron entonces han orientado los planes pastorales y las programaciones de estos últimos años.

Para animar este proceso se creó un equipo diocesano formado por sacerdotes, religiosos y laicos. La apuesta de mons. Manuel Herrero por el trabajo corresponsable y en equipo fue decisiva, y el obispo actual le está dando continuidad.

FOTO | Inmaculada Martín, en el centro, durante el acto de profesión de fe, juramento de fidelidad y toma de posesión de los nuevos nombramientos en la diócesis de Palencia (25/06/2026)

En la reorganización pastoral en curso, ¿existen o van a existir equipos ministeriales?

Sí, claro. Yo misma formo parte del equipo eclesial de la unidad pastoral a la que pertenezco. Está formado por dos sacerdotes, tres laicos y laicas y una religiosa.

También se están configurando otros equipos en diferentes arciprestazgos y parroquias. Nuestra realidad es sencilla, con dificultades, pero también apasionante. Poco a poco se van creando equipos eclesiales allí donde las comunidades consideran que pueden dar este paso.

¿Quién elige y nombra a los miembros de ese equipo eclesial?

En nuestro caso nació por iniciativa de los sacerdotes y de algunos laicos. De momento la comunidad no interviene directamente, aunque hay otras parroquias donde ya se está consultando qué personas podrían formar parte de esos equipos, a los que algunos llaman «equipos animadores».

Hay zonas de la diócesis donde las propuestas nacen del consejo de pastoral y otras que todavía están iniciando ese camino. Es uno de los retos que tenemos por delante.

“La autoridad no la tenemos por lo que decimos o predicamos, sino por la coherencia de vida”

¿Tenéis asambleas parroquiales como las que se celebran en la parroquia de San Pío X de Santander, destinadas a elegir, nombrar y renovar los equipos eclesiales?

Sí. Hay asambleas parroquiales, aunque todavía no para elegir y nombrar los equipos eclesiales. En septiembre alguna parroquia se plantea dar ese paso. Estamos en una fase de impulso diocesano, intentando crear equipos de animación sinodal en las parroquias y seguir desarrollando las líneas de futuro que surgieron del proceso sinodal.

Somos conscientes de nuestras limitaciones y de que necesitamos aprender de otras experiencias. Por eso el año pasado contactamos con la parroquia de San Pío X de Santander para conocer de primera mano su recorrido.

Allí vimos cómo es posible crear un espacio abierto y acogedor, organizado en torno a las cuatro dimensiones fundamentales de la vida de la comunidad cristiana: el anuncio de la Palabra y la catequesis, la celebración y la espiritualidad, la pastoral social y una organización verdaderamente sinodal y corresponsable. Nos pareció una propuesta muy práctica y muy bien pensada.

En estos últimos años la diócesis ha apostado por una formación muy pegada a la realidad, buscando referentes y aprendiendo de otras personas y de otras comunidades.

Algunos de tus compañeros presentes en Montesclaros me han dicho que tu elección fue “por goleada”. ¿Qué dices al respecto?

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Hubo una consulta diocesana y, después, el obispo me llamó para proponerme la responsabilidad de una de las vicarías.

Me sentí agradecida por la confianza, pero también abrumada por la responsabilidad. Lo primero que pensé fue en el tiempo. Soy –y quiero seguir siendo– docente a jornada completa, con clases, reuniones y otras responsabilidades educativas.

Pero, al mismo tiempo, entendí que se abría una puerta a una mayor corresponsabilidad en la toma de decisiones y a un camino para seguir construyendo una Iglesia más sinodal.

Tras las consultas y el discernimiento correspondiente, acepté el nombramiento como delegada episcopal para la Vicaría de Comunión Eclesial y Carismas.

¿Cuál es el contenido de tu área?

La vicaría integra todo lo relacionado con el apostolado seglar –movimientos apostólicos, familia y vida–. También abarca la vida consagrada –CONFER, vida contemplativa y ordo virginum–, el ministerio ordenado –presbíteros y diáconos permanentes–, además de misiones, ecumenismo y diálogo interreligioso.

Lo primero que tengo que hacer es conocer bien la realidad de todas estas áreas, ampliar el equipo de la vicaría si fuera necesario y pensar, junto con todas las personas implicadas, cómo proceder para elaborar un plan de actuación.

Ya veo que no te vas a aburrir…

Eso parece… Tengo –mejor dicho, tenemos– que coordinar todas estas áreas. Ojalá sepamos acompañar procesos que abran caminos y susciten preguntas en el mundo de hoy. Y que sepamos impulsar las experiencias que ya existen en la diócesis.

Son relatos de comunidades que crean redes de solidaridad y de humanidad, y que favorecen el anuncio y la acogida de la Buena Noticia.

Creo que es importante dar continuidad a lo que ya funciona: la asamblea diocesana de inicio de curso, las asambleas de cada zona, los planes de formación, el impulso de los consejos de pastoral y de los equipos eclesiales, los procesos de pastoral social y promoción humana o el trabajo con los jóvenes.

Al mismo tiempo, tendremos que seguir discerniendo nuevos caminos que nos permitan ser un «hospital de campaña» y encontrar lenguajes significativos para el mundo de hoy.

FOTO | Primera reunión del “Equipo Diocesano de Pastoral”. Vía @diocesispalencia (06/07/2026)

Me llama mucho la atención el impulso que tiene este proceso de renovación desde el equipo de gobierno diocesano. En la recepción del Sínodo está siendo decisiva la apuesta del obispo. Y eso resulta fundamental para que el proceso no naufrague. Al mismo tiempo –añado– será importante que todo ello siga consolidándose desde las comunidades, como sucede en experiencias como la de San Pío X de Santander, donde las propias comunidades participan en la elección de sus equipos ministeriales. Cuando la base eclesial y la cabeza diocesana se encuentran, pueden abrirse caminos nuevos para una Iglesia más misionera, estable y corresponsable. Todo ello requiere no solo el compromiso del obispo y de su equipo, sino también del laicado y del presbiterado. ¿Cómo ves la implicación de estos dos colectivos eclesiales?

Creo que hay una realidad en el presbiterado que limita la acción. Tenemos personas muy mayores, con voluntad de construir juntos, pero con pocas fuerzas para dedicar tiempo, energías y pasión a estos procesos.

Y también existe una realidad en el laicado que, en ocasiones, acomoda la responsabilidad. Hay personas más receptivas que propositivas, con procesos vitales y de fe todavía poco maduros.

Pero también es verdad que ya existen experiencias de colaboración entre sacerdotes y laicos que hacen posible una Iglesia más evangélica.

Una de nuestras líneas sinodales consiste precisamente en aprender un nuevo modo de relacionarnos entre sacerdotes, religiosos y laicos: unas relaciones marcadas por el respeto y el servicio, no por el poder.

La autoridad no la tenemos por lo que decimos o predicamos, sino por la coherencia de vida.

El problema no es que la gente no venga, sino que no se produce ese efecto contagio

De acuerdo, pero ¿ves que todo esto puede cuajar?

Sí, claro. Pero es que, además, no hay otra. Puede ser que algunos no lo vean, que hagan una lectura más catastrofista del momento actual o que busquen reproducir otros tiempos y otras formas de evangelización.

Pero también existe un sentimiento generalizado de apuesta por otra Iglesia más sinodal, participativa y corresponsable, que contagia entusiasmo y alegría.

Quizá no sabemos muy bien cómo hacerlo, pero apostamos por crear lugares de encuentro, relaciones positivas y espacios de humanidad. Y eso ya es una buena noticia.

Son muchas las personas que dicen: “¡Cuenta conmigo!”, “¡Venga, vamos a por ello!”. Creo que hay masa eclesial con el convencimiento de que esto puede salir adelante, aunque eso no nos dispense de actuar con prudencia.

En definitiva, hay motivación porque existe una conjunción entre el obispo y su equipo de gobierno, el laicado y una parte importante del presbiterado diocesano.

O sea, que esperanzada…

Sí. Creo que esto puede salir adelante.

Y saldrá si cuidamos el acompañamiento, si generamos espacios de encuentro, de comunicación de experiencias y de aliento, donde la vida pueda compartirse.

Si logramos eso, se producirá un contagio esperanzador y movilizador.

En Palencia somos conscientes de que el problema no es que la gente no venga, sino que no se produce ese efecto contagio porque lo que venimos ofreciendo hasta ahora no siempre consigue generarlo.

En definitiva, es posible acompañar la vida, acogerla y leerla desde Dios.

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