La magnífica humanidad que espera a León XIV construye acogida y fraternidad

Noticias Obreras llega a Canarias antes que el Papa para escuchar la magnífica humanidad que encontrará en la frontera sur de Europa: comunidades que acompañan, personas migrantes que sostienen a otras personas migrantes y una Iglesia que construye esperanza en medio de las heridas de la ruta atlántica
Apenas había bajado del avión en Las Palmas de Gran Canaria y esta tierra ya me estaba explicando una de las palabras que acompañarán la visita de León XIV: acogida.
Una familia a la que no conocía abrió las puertas de su casa, organizó su tiempo y cuidó cada detalle para hacer posible este trabajo periodístico de Noticias Obreras. Un gesto sencillo, cotidiano, pero que habla mucho de ellos y que ayuda a reconocer también la esperanza de quien llega con una red que sostiene, con alguien esperando al otro lado.
Durante estos días previos a la llegada de León XIV queremos escuchar lo que Canarias tiene que decir al Papa. Queremos acercarnos a las realidades y redes comunitarias que posibilitan “acoger, proteger, promover e integrar” a las personas migrantes, como quería el papa Francisco. También queremos acercarnos a otras llegadas. Las de quienes atravesaron la ruta atlántica, tuvieron que abandonar su tierra, sus vínculos y sus culturas, y buscan una oportunidad para reconstruir su proyecto de vida.
Una comunidad que cuida la mirada y se compromete
La primera parada de este camino tuvo lugar en el barrio de El Polvorín, en Las Palmas de Gran Canaria. En un local recién inaugurado de la Fundación MAIN, de la familia salesiana, alrededor de 70 personas llenaban la sala para escuchar, tomar notas y seguir acercándose a una realidad de vulnerabilidad, pero también de dignidad y esperanza.
Personas comprometidas, interesadas, interpeladas por una pregunta que atraviesa estos días: qué sociedad queremos construir.
El encuentro, organizado por la Mesa Diocesana de Migraciones, llevaba por título “La Iglesia que peregrina en el Sáhara. Inmigrantes que acompañan a migrantes” y contó con la intervención de monseñor Mario León, OMI, prefecto apostólico de El Aaiún-Sáhara.
No era una actividad pensada por la visita del Papa. Estaba convocada antes de conocer que León XIV llegaría a Canarias, al ser parte del ciclo de sesiones que organiza durante el curso para seguir concienciando e informando, educando la mirada. Y quizá precisamente por eso explica mejor lo que el Papa encontrará: una Iglesia que lleva tiempo caminando, escuchando y acompañando en la frontera.

En esa mirada que debe ser cuidada, nos acercamos a poco más de cien kilómetros de Canarias donde existe otra realidad. Una Iglesia pequeña, con apenas dos centros parroquiales separados por 530 kilómetros, que intenta construir familia humana y fraternidad en medio de un territorio marcado por las distancias, las esperas y las dificultades, contaba Mario León.
Una presencia discreta, con márgenes estrechos, donde cada paso necesita ser cuidado. Una Iglesia que acompaña situaciones complejas desde la cercanía cotidiana y desde una convicción sencilla: comunidad, vida cristiana y anuncio.
De la vergüenza a la esperanza
Dentro de apenas tres días, León XIV visitará el muelle de Arguineguín, un lugar que durante años quedó asociado a imágenes de dolor, sufrimiento y abandono. Pero quienes acompañan la realidad migratoria quieren mirar también desde otro lugar.
Pasar de la vergüenza a la esperanza no significa olvidar las heridas de una ruta donde demasiadas personas han perdido la vida. No significa cerrar los ojos ante las causas que expulsan a seres humanos de sus hogares ni ante las dificultades que encuentran al llegar.
Significa reconocer que quienes muchas veces son presentados únicamente como problema son, antes que nada, personas. Hermanos y hermanas con historia, capacidades, sueños y futuro.
La esperanza nace cuando alguien vuelve a ser cuidado
En medio de una sociedad que demasiadas veces parece regresar a Babel, incapaz de entenderse, tentada por levantar muros y convertir al otro en amenaza, hay personas que siguen colocando ladrillos para construir otra casa común.
Volviendo a mi casa de acogida, leí de nuevo la oración compartida por los frutos de la visita del Papa a Canarias. Una petición sencilla para “reconocerlo en los pobres y en los que sufren, especialmente en quienes llegan a nosotros buscando esperanza” y para ser en medio del mundo personas “artesanas de acogida, de paz y de fraternidad”.
Quizá esta sea la magnífica humanidad que León XIV viene a encontrar en Canarias: una humanidad discreta y comprometida que ya estaba aquí antes de los focos. Una humanidad hecha de familias que acogen, comunidades que acompañan, y personas migrantes que ya están con nosotros, y que también cuidan a otras personas.
Una humanidad que, codo a codo, sigue construyendo esperanza.
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