Fallece Antonio Quitián, sacerdote obrero de la HOAC que hizo del Evangelio un compromiso con el mundo del trabajo

Militante y consiliario de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), dedicó su vida a acompañar a las personas trabajadoras más empobrecidas y fue uno de los impulsores de la movilización que marcó la historia del movimiento obrero granadino
Antonio Quitián, sacerdote obrero, militante y consiliario de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), falleció este viernes, 24 de julio, a los 97 años.
Con su muerte desaparece uno de los principales referentes del compromiso cristiano con el mundo del trabajo en Granada y uno de los hombres que contribuyeron a organizar la histórica huelga de la construcción de 1970, una movilización por la dignidad de las personas trabajadoras que terminó con el asesinato de tres obreros a manos de la policía franquista.
El funeral se celebrará este sábado, 25 de julio, a las 19:00 horas, en la iglesia de las Salesas del Cerrillo de Maracena.
La diócesis ha expresado su pesar por el fallecimiento de quien considera uno de sus referentes. En un mensaje de despedida recuerda que “su compromiso, su valentía y su ejemplo forman parte de la memoria colectiva de quienes siguen defendiendo la justicia social” y los derechos de las personas trabajadoras.
Su vida estuvo marcada por una convicción que él mismo resumía con sencillez: “Yo soy sacerdote, pero sacerdote obrero”. Una vocación que entendió siempre unida a la cercanía con quienes más sufrían: “Siempre ha sido estar con la gente que más necesidad tiene”.
Un testigo de la huelga que cambió Granada
En una intervención pública dedicada a recordar la huelga de la construcción de 1970, Antonio Quitián explicó que, tras su llegada al barrio de La Virgencica, comenzó a colaborar con el Partido Comunista, Comisiones Obreras y la HOAC. “Precisamente en la Virgencica se hicieron muchos de los preparativos para la huelga”, recordaba.
Aquella movilización nació, según relató, del rechazo de los trabajadores a aceptar un convenio impuesto sin contar con ellos. “Nosotros teníamos el propósito de que tomara mucha parte todos los obreros, que no fuera una cosa de la élite, sino que fuera consultado con los obreros”.
Quitián fue también testigo directo de la represión que acabó con la vida de tres trabajadores. Recordaba que, cuando comenzaron los disparos, tranquilizó a una mujer que estaba a su lado: “no se apure, si estos son tiros de fogueo. ¿Cómo van a tirar tiros para matar?”. Poco después comprobó la tragedia en el hospital.
“Los médicos me dijeron: ‘No ha habido nada que hacer, han muerto'”, evocó al recordar a los jóvenes que fallecieron tras ingresar gravemente heridos.
Pese al enorme coste humano y represivo, nunca dejó de reivindicar el significado de aquella lucha. “A pesar de lo que se sufrió, se consiguieron muchas cosas”, afirmaba, convencido de que aquel conflicto mejoró las condiciones de las personas trabajadoras y fortaleció su organización.
Evangelio, mundo obrero y HOAC
En el testimonio grabado en 2021 con motivo del 75º aniversario de la HOAC, Quitián repasó el itinerario que le llevó a descubrir el compromiso con el mundo obrero.
Explicaba que fue un proceso paulatino, alimentado por el encuentro con militantes y consiliarios y por figuras como Guillermo Rovirosa y Tomás Malagón, cuyos planteamientos le impactaron “por su radicalidad, por trabajar por la verdad, por los pobres, por un mundo distinto”.
Para él, la espiritualidad hoacista tenía un fundamento irrenunciable: “El eje fundamental es Jesucristo”. Pero ese seguimiento no podía quedarse en una formulación abstracta. “Jesucristo te trae un apreciar a las personas, de parte de los empobrecidos, de parte de los tratados injustamente… con una esperanza de querer un mundo distinto, un mundo de justicia y un mundo de transformación de la sociedad”.
Al explicar qué había aprendido como sacerdote en la HOAC, resumía una de las experiencias que marcaron su vida: “Las personas que yo he conocido de la HOAC me han hecho presente el Evangelio con sus personas, con su vida y con sus dichos y con su ejemplo”.
Un legado de coherencia
En aquella misma intervención sobre la huelga de 1970, Antonio Quitián dejó también una reflexión que sintetiza el sentido de toda su trayectoria. “Para mí el modelo es Jesucristo, que habló haciéndose pobre, estando con los pobres, defendiendo a los pobres y denunciando el abuso de los ricos”.
Y concluía reivindicando la solidaridad como seña de identidad del movimiento obrero: “La unión, el tener orgullo de ser pobres, de estar con los pobres, de estar unidos”.
Con su fallecimiento, a los 97 años, desaparece uno de los últimos testigos directos de una de las luchas obreras más significativas de la historia reciente de Granada.
Su memoria queda unida a una vida en la que el ministerio sacerdotal, la militancia en la HOAC y el compromiso con la dignidad de las personas trabajadoras fueron una misma vocación.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



