Iglesia y sindicatos: el diálogo pendiente

Hay anomalías, silenciosas pero significativas, que toca dejar de normalizar. Una de ellas se da en el ámbito institucional de la Iglesia y el mundo del trabajo: la ausencia de diálogo directo entre los máximos responsables de la Conferencia Episcopal Española y de Comisiones Obreras y de la Unión General de Trabajadoras y Trabajadores.
Es un déficit institucional que empobrece la vida pública y debilita la capacidad de afrontar, de manera compartida, algunos de los desafíos más urgentes del mundo del trabajo y de la sociedad.
Porque, pese a las diferencias, reales y legítimas, existen amplios espacios de coincidencia, como constata de forma habitual la Hermandad Obrera de Acción Católica, que tiende ese puente y que, por la vía del discernimiento entre fe y vida, impulsa el compromiso de sus militantes en las organizaciones sindicales (entre otras mediaciones). El trabajo decente, la lucha contra la siniestralidad laboral, el acceso a una vivienda digna, la situación de las personas trabajadoras migrantes o la creciente precariedad que afecta a amplias capas sociales son cuestiones de interés para la Iglesia y para el ámbito sindical. Son «lugares comunes» donde confluyen preocupaciones, diagnósticos y, en no pocas ocasiones, propuestas.
También hay un sustrato ético compartido que conviene poner en valor: la centralidad de la dignidad humana, la primacía del bien común, la necesidad de la justicia social, la apuesta por la paz y la fraternidad. Son principios que, desde tradiciones distintas, interpelan a caminar juntos. Y, sin embargo, ese caminar se encuentra hoy interrumpido en su nivel más visible.
La próxima visita del papa León XIV a España abre una oportunidad difícilmente repetible. No solo por el simbolismo del acontecimiento, sino por el momento histórico, el cambio de época, que atravesamos. El actual pontífice ha querido situarse explícitamente en la estela de León XIII, retomando la tradición inaugurada por la encíclica Rerum novarum, cuyo 135 aniversario se cumple este mes de mayo. Aquella carta fundacional de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) fue una respuesta concreta a «la situación de los obreros», nacida en diálogo con el mundo del trabajo organizado, marcada por la explotación, la inseguridad y la desigualdad.
Hoy, salvando las distancias históricas, vuelven a emerger tensiones que reclaman respuestas valientes. El autoritarismo y las guerras como instrumento político, la persistencia de la pobreza y la desigualdad, las transformaciones económicas y tecnológicas –la IA– que generan incertidumbre y exclusión, los flujos migratorios, o el avance de discursos que erosionan la dignidad humana configuran un terreno común que exige diálogo, cooperación y respuesta. Todos estos desafíos expresan, en el fondo, una misma crisis de dignidad que interpela tanto a la Iglesia como al mundo del trabajo.
En este contexto, el interés compartido de los sindicatos y la archidiócesis de Madrid ya ha generado un espacio de encuentro donde representantes del mundo sindical y eclesial han compartido preocupaciones y propuestas en torno al trabajo y la DSI, con la mirada puesta en trasladarlas a León XIV el domingo 7 de junio. Es un indicio de que el terreno no solo es fértil, sino que ya está siendo trabajado, como también ocurre en el marco de la pastoral del trabajo.
Además, existe un interés explícito por parte de los sindicatos en compartir con el santo padre estos desafíos globales. Se trata de una interpelación al conjunto de la sociedad. Como recuerda la tradición social cristiana, el trabajo no es una mercancía, sino una dimensión esencial de la vida humana, un pilar de la convivencia, «porque promueve el bien del pueblo» (Fratelli tutti, 162) y para el cuidado de la creación.
Por todo ello, comienza a vislumbrarse la posibilidad de un encuentro entre la Conferencia Episcopal y las organizaciones sindicales, en el marco de la visita del Papa o al calor de la misma, que permita reconstruir puentes, actualizar agendas comunes y ofrecer un testimonio de responsabilidad compartida.
Es hora de reconocer que, ante los grandes retos de nuestro tiempo, nadie puede caminar solo, «nadie se salva solo», recordaba Francisco. Cuando existen fundamentos comunes, la ausencia de diálogo deja de ser una simple carencia: es una anomalía que debe corregirse. •
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



