Cada persona migrada es una vida con nombre, memoria y horizonte

Cada persona migrada es una vida con nombre, memoria y horizonte
Foto | Ramón De La Rocha (EFE)
Es la cena del primer día de las Jornadas Nacionales de Pastoral de Migraciones. Acudimos a cenar y me siento en la silla libre más próxima.

Comenzamos a hablar, a saludarnos. Descubro que las cinco personas que me acompañan proceden de Moldavia, Rumanía, Venezuela, Colombia y Brasil. Son agentes de pastoral de migraciones, igual que yo. Me emociono, es un regalo del Señor. Sus rostros me interpelan, sus historias me conmueven. Y, en ese encuentro, pude constatar esos valores humanos fundamentales que compartimos y cómo cada persona migrada es una vida con nombre, memoria y horizonte. Podía haber elegido sentarme con personas conocidas, pero me hubiese perdido la oportunidad de vivir la universalidad de la Iglesia.

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