75 años de implantación de la HOAC en la diócesis de Orihuela-Alicante: Viviendo la sinodalidad

La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Orihuela-Alicante está de celebración: este año se cumple el 75 aniversario de su constitución en nuestra diócesis como movimiento especializado de Acción Católica y dirigido a la evangelización del mundo obrero.
Atrás han quedado los momentos en que se pudo cuestionar la necesidad de un movimiento así en la Iglesia. Los frutos que la HOAC ha aportado al conjunto de la Iglesia son indiscutibles, y por ello esta reflexión celebrativa de nuestros 75 años, más que centrarse en enumerar esos frutos de sobra conocidos, quiere profundizar en un aspecto que el papa Francisco puso en el centro de la acción eclesial a lo largo de su pontificado de tan grato recuerdo.
Hasta el pontificado de Francisco, la palabra sínodo nos recordaba al “Sínodo de los obispos”, entendido como “asamblea consultiva de obispos de todo el mundo, establecida por Pablo VI el año 1965, tras el Vaticano II, para fomentar la unidad y asesorar al Papa en asuntos puntuales de la Iglesia”.
Pero Francisco, además de convocar, como sus predecesores, sínodos de obispos, de repente tuvo la ocurrencia de pronunciar la palabra sinodalidad, y no solo eso sino que convocó un sínodo que, a diferencia de los precedentes dedicados según la definición anterior a asuntos puntuales, se destinaría a tratar el tema de la sinodalidad en sí misma. ¿Qué tenía esto de particular?
Si, a diferencia de los sínodos anteriores, el objetivo de este no era abordar un tema en particular, sino permitirnos llegar a ser lo que Dios nos llama a ser como Iglesia, todos juntos, ¡en la realidad del mundo de hoy!
En primer lugar, ya no se trataba solo de un sínodo de obispos de un mes, como los anteriores, sino de un proceso sinodal de tres años para todo el pueblo de Dios. Todos estaban invitados y nadie debe ser excluido. Los laicos y las laicas han participado desde el principio del sínodo. Y ahora, por primera vez en la historia, algunos participantes laicos también tienen derecho a voto.
En segundo lugar, este sínodo pretendía ofrecer a toda la Iglesia una experiencia vivida de la sinodalidad. Se trata de recoger los frutos de lo que el Espíritu Santo nos dice aquí y ahora para llegar a ser una Iglesia más sinodal en el mundo de hoy.
Y, por último, el objetivo del sínodo no es solo hablar de la sinodalidad, sino ponerla en práctica ahora mismo, en cada diócesis, parroquia y país de todo el mundo. Nos llama a todos a renovar nuestra manera de ser y de trabajar juntos para avanzar en comunión, participación y misión.
Eso nos llevó a centrar nuestra atención en dos cuestiones: la primera profundizar en el significado de la palabra sinodalidad. Y aquí vino la sorpresa: aquello venía del griego sínodo, palabra compuesta de syn, que significa juntos, y de hodos, que significa camino o viaje. En conclusión, esa palabra significaba “caminar juntos”.
Y la segunda cuestión, si el Papa proponía un sínodo para hablar de sinodalidad, estaba proponiendo a toda la Iglesia un modelo de actuar basado en caminar juntos.
O lo que es igual a decir que Francisco nos proponía un estilo de vida en el que todos (laicos, sacerdotes, religiosos y obispos) caminan juntos, escuchándose y discerniendo los signos de los tiempos, descubriendo a través de ellos qué es lo que Dios espera de nosotros en cada momento histórico. Más en concreto, Francisco nos proponía un modelo de eclesialidad sinodal a través de la cual vivimos la Iglesia como una comunidad que camina unida, escucha al Espíritu y discierne toda ella la voluntad de Dios.
Y, ya desde la perspectiva de la HOAC y su militancia, hemos de confesar que, si al principio la palabra sinodalidad pudo sonar a más de uno a palabrería clerical, una vez conocido el significado profundo del vocablo, no sóolo nos gustó sino que descubrimos que, aquello que el Papa proponía a toda la Iglesia como modelo de funcionamiento, nosotros modestamente podíamos presumir de venirlo viviendo a nivel interno desde el principio de nuestros setenta y cinco años de existencia. Como bien dijo quien durante ocho años fue nuestro consiliario general, Fernando C. Díaz Abajo, la HOAC podía ser considerada “sacramento de sinodalidad”, o lo que es igual como un signo de vivencia de la sinodalidad.
Desde la común dignidad, que nos viene a todas y todos por el bautismo, en la HOAC compartimos responsabilidades. Es cierto que cada una de las seis responsabilidades que en nuestro modelo organizativo nos hemos dados son ejercidas por personas distintas, pero no menos cierto es que todas esas responsabilidades se dirigen a un objetivo común, que es facilitar la misión evangelizadora que nos encomienda la Iglesia.
También en la HOAC tenemos asumido que lo que nos afecta a todos, ha de ser asumido por todos y decidido entre todos. Más de uno podrá pensar, y con razón, que actuar de esta manera puede hacer que determinados procesos se hagan largos en el tiempo, pero nos viene a la memoria aquella frase del recordado papa Juan XXIII –el que convocó por sorpresa el Concilio Vaticano II en el que se inició aquel proceso que propició que hoy hablemos de Sinodalidad como modelo de vivencia de la eclesialidad– quien solía decir que chi va piano, va lontano. Es preferible caminar juntos, a un caminar a distintas marchas que pueden generar desigualdades.
Desde la memoria agradecida a quienes hace setenta y cinco años nos precedieron en unas circunstancias muy distintas a las actuales, celebramos este acontecimiento para, sinodalmente, avanzar con toda la Iglesia en comunión, participación y misión.
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Comisión Diocesana de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de la diócesis de Orihuela-Alicante



