La magnífica humanidad que acoge a León XIV: “La esperanza no se espera, se construye”

La magnífica humanidad que acoge a León XIV: “La esperanza no se espera, se construye”
Experiencias de acogida migrante, participación vecinal y cultura comunitaria muestran en Canarias cómo cuidar y transformar la realidad desde las periferias

En el mismo muelle de Arguineguín donde hace casi seis años cientos de personas migrantes vivieron el sufrimiento del hacinamiento, la incertidumbre y la vulneración de derechos, León XIV encontrará este jueves una magnífica humanidad hecha de nombres, historias y compromisos concretos. Entre ellos estará Ousmane, un joven senegalés que llegó a Canarias en cayuco y que participará en una de las ofrendas al Papa.

Este martes, a unas cuantas horas de encontrarse con León XIV, Ousmane estaba en Lomo Los Frailes, Las Palmas de Gran Canaria, acompañando a Acogida Digna, la experiencia comunitaria que nació precisamente tras aquella crisis migratoria de 2020. Su presencia sencilla entre los asistentes expresaba buena parte del mensaje compartido durante la última sesión del curso de la Escuela de formación sociopolítica y fe cristiana del Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (ISTIC): esa magnífica humanidad no se construye desde los grandes discursos, sino desde vidas concretas capaces de cuidar, acoger y transformar la realidad.

La sesión, celebrada bajo el horizonte de “Salir a las periferias”, reunió en la asociación vecinal Rayco de Lomo Los Frailes tres experiencias que trabajan desde la realidad cotidiana: Acogida Digna, de la parroquia Nuestra Señora de los Dolores y Santa Águeda de Arguineguín; AmiRisco, amigas y amigos de El Risco; y La Periferia, asociación sociocultural y ambiental.

Tres realidades distintas unidas por una misma intuición: la esperanza necesita lugares donde encarnarse. Como expresó Cristina Vega, coordinadora de la Escuela, “la esperanza no es algo abstracto, sino que tiene rostro, tiene un nombre, tiene historias y tiene acciones concretas”.

La tarde comenzó precisamente poniendo música a esa convicción. Las primeras palabras compartidas fueron las de la canción Yo vengo a ofrecer mi corazón, de Fito Páez: “¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”. Una invitación que atravesó después los testimonios compartidos: comunidades que, ante el abandono, el rechazo o la indiferencia, deciden ofrecer cuidado, presencia y compromiso.

En el fondo, las experiencias ponían rostro a una de las preguntas que atraviesa la visita de León XIV a España: qué sociedad estamos construyendo y qué parte de responsabilidad asumimos para hacer posible una convivencia basada en la dignidad, el cuidado y el bien común.

La dignidad que vuelve al muelle de Arguineguín

La experiencia de Acogida Digna nació de una pregunta profundamente evangélica: qué hacer ante el sufrimiento de las personas migrantes.

Fefi Valerón recordó cómo en noviembre de 2020 la comunidad parroquial de Arguineguín fue testigo del drama vivido por miles de personas que permanecieron durante días y semanas en el muelle, en plena pandemia, en unas condiciones que hicieron que aquel espacio fuera conocido como el “muelle de la vergüenza”.

“Desde la parroquia, desde los agentes de pastoral y el entonces párroco Adrián Denis, nos preguntábamos qué hacer”, explicó.

No podían acceder al interior del recinto. Apenas podían acercar mantas u otros recursos. Pero entendieron que sí podían implicarse, acompañar y denunciar.

La experiencia también nació en medio de un ambiente social marcado por el miedo y el rechazo. Valerón recordó el dolor que supuso comprobar cómo parte de la sociedad respondía con hostilidad hacia quienes llegaban buscando una oportunidad.

“Aquello se convirtió en una manifestación de xenofobia, de racismo tremendo”, relató.

Frente a esa realidad, la comunidad decidió construir otra respuesta: “Estamos fundamentados en los cuatro verbos que nos invitó a vivir Francisco: acoger, proteger, promover e integrar”.

Three people posing together in front of a green floral wall: an older woman on the left, a young man center, and an older woman on the right, all smiling.

Desde entonces, Acogida Digna ha desarrollado un acompañamiento integral a personas migrantes: atención a necesidades básicas, clases de español, apoyo psicológico, orientación jurídica, encuentros interculturales y sensibilización social y eclesial.

Algunas de aquellas primeras clases de idioma se hicieron bajo los árboles, cuando los jóvenes migrantes permanecían en hoteles y apartamentos del sur de la isla. Valerón recuerda aquella etapa marcada por “el lenguaje universal del amor, de la acogida, de la ternura”.

El proyecto, integrado en la Delegación de Migraciones de la diócesis de Canarias, busca construir una comunidad acogedora donde las personas migrantes sean protagonistas y no únicamente destinatarias de ayuda. Además, Acogida Digna está implicada en el proceso de regularización extraordinaria de personas migrantes, acompañando y apoyando esta necesidad para que tantas personas puedan adquirir derechos de ciudadanía.

“Tendríamos que aprender mucho también de nuestros hermanos y hermanas, de toda la riqueza cultural que nos aportan”, afirmó.

En el diálogo posterior, Víctor Romero recordó precisamente que la migración no puede verse desde el miedo: “Como muchos quieren decir que los inmigrantes son una amenaza, es una riqueza”.

Y Valerón insistió en la importancia de una actitud sencilla pero profundamente humana: “Hacernos encontradizos con las personas”.

Periferias que cuidan barrios y reconstruyen comunidad

Pero el encuentro quiso mostrar que la periferia tiene muchos rostros. También puede estar en pleno centro de una ciudad cuando un barrio queda olvidado.

Así lo explicó Agustín Suárez, de AmiRisco, al presentar la realidad de El Risco de San Nicolás como “la céntrica periferia”. “Somos periferia a pesar de estar en el pleno centro de la ciudad”, señaló.

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Este histórico barrio de Las Palmas de Gran Canaria, tan antiguo como Vegueta, fue durante generaciones lugar de vida de familias trabajadoras, población humilde y personas llegadas desde otros puntos de la isla.

Sin embargo, Suárez denunció una larga historia de abandono institucional: problemas de accesibilidad, ausencia de servicios, escasez de zonas verdes, deterioro urbano y pérdida de población. “Este barrio es tan antiguo como la ciudad y tan abandonado secularmente”, afirmó.

Una realidad que resumió con una imagen muy gráfica: “Estamos al lado del centro neurálgico y comercial de Las Palmas, pero somos la trasera de la ciudad, la alfombra donde no se interviene”. A pesar de ello, AmiRisco no mira el barrio desde la carencia, sino desde su dignidad y sus capacidades.

“Nosotros estamos muy orgullosos de nuestro barrio y nos gusta el barrio. Lo primero que nos gusta del barrio son las personas”, subrayó.

Desde 2017, la asociación impulsa procesos de participación vecinal, recuperación de espacios, actividades culturales y proyectos de urbanismo participativo. Allí donde faltan recursos, la comunidad organiza cuidados.

“El Risco vive”, concluyó.

La tercera experiencia llegó desde Tamaraceite con La Periferia, una joven asociación sociocultural y ambiental nacida hace dos años a partir de un club de lectura vecinal.

Ángeles Sanjinés explicó que el proyecto surgió al descubrir que aquel primer espacio cultural necesitaba abrirse a otras inquietudes sociales y comunitarias.

“La Periferia nace con el propósito de transformar nuestra comunidad desde los márgenes, entendiendo la periferia como un espacio de resistencia, creatividad y encuentro”, explicó.

La asociación trabaja desde la cultura comunitaria, la ecología, la memoria, la participación y el cuidado del territorio. Entre sus iniciativas destacan el club de lectura, rutas divulgativas y los encuentros de reflexión llamados “El Alumbre”.

Sanjinés explicó que este espacio nace con la imagen de una hoguera alrededor de la que se sienta el vecindario “para recuperar lo que habíamos perdido: el diálogo, la reflexión, confrontar diferentes opiniones, proponer y actuar”.

Durante estos meses han abordado cuestiones como la memoria histórica, la paz, la violencia contra las mujeres, el modelo turístico, la defensa del territorio, los problemas derivados de las casas de apuestas próximas a centros educativos o la recuperación de espacios culturales.

“Desde los márgenes transformamos la comunidad”, resumió.

Una Iglesia que sale para escuchar

La última sesión del curso “Caminos de esperanza en la vida pública: discernir, cuidar y transformar” quiso ser también un gesto: salir de los espacios habituales y situarse en el territorio.

Armando Vallejo, delegado para el Laicado de la diócesis de Canarias y miembro de la zona pastoral Tamaraceite-Lomo Los Frailes, Tenoya y Siete Palmas, explicó que la propuesta buscaba “crear espacios en los que realmente confluyamos y veamos las diferentes sensibilidades que existen y las diferentes formas de responder a nuestra cosmovisión cristiana”.

También vinculó este camino con la visita de León XIV a España y su insistencia en el encuentro: “Si algo ha hecho desde que llegó a Madrid, ahora en Barcelona, es el diálogo, el diálogo entre el mundo creyente y el mundo civil”.

Para Cristina Vega, las experiencias compartidas muestran que existen muchas formas de compromiso, pero todas tienen “un fondo común, que es la participación, el cuidado de los vecinos y vecinas, el cuidado del barrio, el cuidado de las personas migrantes, la construcción de comunidad y, sobre todo, la dignidad de las personas”.

“En estos días, además con la presencia del papa León XIV en nuestra tierra, hay que poner las miradas en las fronteras, en las migraciones y en las periferias”, afirmó.

Lo vivido en Lomo Los Frailes, añadió, está en sintonía con esa llamada a “estar cerca, a acoger, a no mirar para otro lado y a construir una sociedad donde nadie quede fuera”.

Porque, como recordó al finalizar el encuentro, “la esperanza no se espera, se construye”.

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