El Papa convierte su visita en Montserrat en una invitación a “arrojar las armas” y apostar por la fraternidad

La abadía de Montserrat ha recibido la visita del papa León XIV entre peregrinos, familias y grupos escolares que lo saludaban mientras las campanas marcaban la solemnidad del momento.
A las 12.15 aproximadamente ha comenzado el rezo del Rosario de gloria, acompañado por las voces de la Escolanía. El obispo de Sant Feliu, el dominico Xabier Gómez García, ha ofrecido un saludo inicial, seguido por unas palabras del abad, Manel Gasch, que ha recordado que Montserrat vive su segundo milenio como un espacio de fe, cultura y hospitalidad.
León XIV ha presidido la oración subrayando la dimensión evangélica del Rosario, que él mismo ha descrito en otras ocasiones como “un compendio del Evangelio”.
En su mensaje, ha reconocido en la comunidad benedictina una escuela de humanidad que sigue inspirándose en la Regla de San Benito; y ha invitado a mirar a la Moreneta como madre de un pueblo que busca caminos de paz en tiempos de polarización.
También ha reparado en su vínculo personal con la Virgen de Montserrat, recordando la parroquia peruana de Monserrate donde sirvió como misionero en los años noventa y que fue en este lugar donde san Ignacio de Loyola “entregó sus armas de caballero” para iniciar “una vida nueva al servicio de Jesucristo”.
El Papa subrayó que “Jesús nos muestra el camino de la misericordia, la reconciliación, la verdad y la mansedumbre” y, al mismo tiempo, “desenmascara la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes: la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide”, una violencia que, advirtió, “a menudo se reviste de aparentes armaduras con las que intentamos proteger nuestras heridas”.
Prevost exhortó una vez más al desarme interior al afirmar, en catalán: “Depongamos hoy a los pies de la Virgen las corazas que han endurecido poco a poco el corazón”. Recordó que el Niño que María sostiene “no lleva armaduras”.
Durante la plegaria, invitó a “alzar la mirada a María” y pedirle que ayude a “revestirnos únicamente con las armas de Dios”, subrayando que la Moreneta “nos invita a reconocernos hermanos y hermanas, donde nadie quede excluido y donde la comunión sea más fuerte que toda división”
En su última intervención, también en catalán, pidió a la Virgen “renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias”, y a aprender a custodiar el amor “en la familia, entre amigos, en el trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas”, para que “el odio ceda paso a la esperanza y la paz”.
Tras el canto de la Salve Regina y del Virolai, el Papa se retiró a la Capilla de la Virgen para un breve momento de oración. Después salió al balcón del santuario para saludar a los fieles reunidos en la plaza.
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