Elsa Tamez: “Crear comunidad es construir ciudadanía”

Elsa Tamez: “Crear comunidad es construir ciudadanía”
En tiempos marcados por el individualismo, la polarización y la fragilidad de los vínculos sociales, la teóloga y biblista Elsa Tamez propuso recuperar la experiencia comunitaria como espacio de cuidado, participación y construcción de ciudadanía.

Lo hizo durante su intervención en el 45º Congreso de Teología que llevaba por título “Tejer comunidad en tiempos de fragmentación. Una perspectiva bíblica”, a través de un sugerente diálogo entre las actuales ollas comunitarias latinoamericanas y las primeras comunidades cristianas de Filipos, sobre el fortalecimiento de los lazos comunitarios.

“La comunidad es una tarea”, afirmó Tamez. Una tarea que, según explicó, “se produce y reproduce mediante pertenencia, cuidado mutuo, reconocimiento, reciprocidad y participación” y que resulta especialmente necesaria en sociedades caracterizadas por relaciones cada vez más fragmentadas.

La reflexión arrancó con la imagen de las ollas comunitarias surgidas en contextos de emergencia social y catástrofes naturales. Desde los terremotos hasta la pandemia o las movilizaciones sociales, estos espacios muestran, a juicio de la teóloga, la capacidad de las personas para organizarse, compartir recursos y reconstruir vínculos en medio de la adversidad.

“No se trata solo de comida, sino de la reconstrucción de un vínculo social roto por la exclusión o la polarización”, subrayó.

A partir de estas experiencias, Tamez invitó a mirar las comunidades cristianas del siglo I.

“¿Cómo se sostiene una comunidad cuando sus miembros viven en situación de vulnerabilidad?”, preguntó al iniciar su lectura de la carta a los Filipenses. Su respuesta apunta a la solidaridad como elemento central del tejido comunitario.

Según explicó, las comunidades de Filipos vivían en una situación de inseguridad y hostilidad dentro del Imperio romano, agravada por conflictos internos y por el encarcelamiento de Pablo de Tarso, su principal referente. Sin embargo, lejos de dispersarse, desarrollaron mecanismos de apoyo mutuo y cuidado compartido.

La ponente destacó especialmente el papel de las mujeres en la construcción de estas comunidades. Recordó la relevancia de figuras como Lidia, Evodia y Síntique, cuyas contribuciones muestran que “las lideresas estuvieron en primera línea de la consolidación del movimiento de Jesús”.

Tamez situó la solidaridad como la principal fuerza capaz de mantener viva una comunidad. “Las comunidades de Filipos se cuidaban a sí mismas, cuidaban a Pablo y Pablo cuidaba de ellas”, explicó al analizar el intercambio de apoyo material, afectivo y espiritual que refleja la carta. “El cuidado mutuo es la marca fundamental del tejido comunitario”, subrayó.

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Otro de los aspectos destacados de la conferencia fue la reflexión sobre la ciudadanía. Frente a una concepción basada exclusivamente en derechos legales o reconocimiento institucional, la biblista propuso entenderla como una práctica vivida. “Ser ciudadano no es solo una condición jurídica, sino una forma de participar en la construcción de la vida común”, sostuvo.

En este sentido, interpretó la expresión paulina “ciudadanos del cielo” no como una invitación a evadirse de la realidad, sino como una llamada a adoptar una lógica alternativa a la del poder imperial. Una ciudadanía basada en la responsabilidad mutua, la inclusión y el cuidado de las personas más vulnerables.

“La comunidad no se sostiene porque no haya conflicto”, afirmó, “sino porque aprende a atravesarlo sin romper el tejido”.

La intervención concluyó con una afirmación que sintetiza toda la propuesta presentada en el congreso: “Las ollas comunitarias y las comunidades de Filipos no tienen poder institucional, pero ejercen ciudadanía; no redactan leyes, pero construyen una vida común”. Por eso, concluyó, “crear comunidad es construir ciudadanía”.

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