El Círculo del Silencio de Málaga reclama una respuesta humanitaria urgente ante la crisis de Ceuta

El Círculo del Silencio de Málaga reclama una respuesta humanitaria urgente ante la crisis de Ceuta
El Círculo del Silencio de Málaga ha exigido una respuesta “urgente y humanitaria, total y no parcial” ante la crisis migratoria y humanitaria que vive Ceuta. Durante su concentración de septiembre, celebrada el pasado miércoles, denunció la utilización de las personas migrantes para alimentar intereses políticos y económicos y reclamó vías legales y seguras, operaciones de rescate, recursos suficientes para la acogida y una protección efectiva de las víctimas

El manifiesto leído durante el acto puso el foco en la situación registrada en Ceuta desde finales de julio y en la próxima celebración, el 27 de septiembre, de la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, dedicada este año a la especial vulnerabilidad de la infancia migrante.

El Círculo del Silencio advirtió de que la complejidad de lo ocurrido en la ciudad autónoma no admite “respuestas reduccionistas ni unilaterales”. En particular, lamentó que las personas más desfavorecidas sean utilizadas “para promover intereses personales, partidistas, económicos o políticos”, convertidas en espectáculo o empleadas para aumentar “el racismo, la xenofobia, la crispación y la polarización social”.

“Cada persona es valiosa por sí misma, independientemente de su estatus económico-social, nación, credo o cultura”, sostuvo el pronunciamiento, que defendió el derecho de todas las personas a recibir respeto, acompañamiento, asistencia y un trato acorde con su dignidad.

La concentración recordó también a quienes perdieron la vida al intentar alcanzar Ceuta. Ante la falta de un balance preciso, el manifiesto evitó dar por definitiva una cifra y dirigió la atención hacia las identidades y trayectorias personales que quedan ocultas tras las estadísticas. “Más que el número de fallecidos, lo que deberíamos lamentar es no saber sus nombres, sus historias, sus proyectos”, señaló.

La organización trasladó sus condolencias a las familias y denunció que de algunas víctimas solo queda “un número puesto en una lápida”, mientras que otras desaparecieron en el mar.

Recursos para Ceuta y protección para la infancia

El Círculo del Silencio reconoció la trayectoria de acogida y convivencia entre culturas y religiones de la población ceutí, pero alertó de que la ciudad fronteriza no dispone de medios suficientes para afrontar por sí sola una llegada masiva. La presión afecta, según explicó, a la atención alimentaria y sanitaria y a la disponibilidad de espacios adecuados.

Por ello, pidió una intervención pública que responda tanto a las necesidades de las personas migrantes como a las de la población local. “No se puede decir que se apoya a las personas sin darles los recursos que necesitan”, recalcó.

El pronunciamiento vinculó esta emergencia con el lema de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, “Incluso uno solo de estos pequeños”, con el que León XIV invita a mirar de manera particular a los niños, niñas y adolescentes obligados a abandonar sus hogares por las guerras, la pobreza, la violencia o la crisis climática.

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El Círculo del Silencio recordó que muchos de estos menores han perdido a sus familias o se han visto separados de ellas y han sufrido durante el camino explotación, trata, violencia sexual, reclutamiento forzoso o la muerte de personas cercanas. Frente a esta realidad, pidió evitar que queden condenados a la invisibilidad y garantizarles alimentación, educación, protección, relaciones sociales y espacios de juego.

“No podemos permitir que se le robe la infancia a ningún niño”, afirmó el manifiesto, que llamó a las instituciones y al conjunto de la sociedad a revisar sus prejuicios, escuchar las historias de los menores y dejar de reducir su presencia a una estadística.

Vías seguras y fin de los discursos de odio

Entre sus reivindicaciones, el Círculo del Silencio reclamó el fin de los discursos de odio que fomentan el racismo y la xenofobia; la apertura de vías legales y seguras; el rescate y la asistencia en las rutas migratorias; la cooperación internacional contra las redes de trata; y procesos serios de acogida e integración.

También defendió políticas que permitan a cada persona vivir dignamente en su lugar de origen. En este sentido, recordó el principio recogido por la doctrina social de la Iglesia: junto al derecho a buscar refugio cuando la vida está amenazada, debe garantizarse “el derecho a no tener que migrar”.

El manifiesto concluyó con una llamada a no normalizar las víctimas en las fronteras: “No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera”.

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