Manuel Salazar, una vida entre la fábrica, el barrio y la comunidad cristiana

Manuel Salazar, una vida entre la fábrica, el barrio y la comunidad cristiana
FOTO | Manuel Salazar, segundo por la derecha.
El sacerdote diocesano, trabajador industrial y sanitario, acompañó las primeras luchas obreras del Polo Industrial de Huelva, las reivindicaciones vecinales y la defensa de las personas migrantes. La HOAC lo recuerda como una referencia creyente que mantuvo en el centro la dignidad de las personas trabajadoras y empobrecidas

Manuel Salazar Monge, Manolo para quienes compartieron con él la fe y el compromiso, falleció el pasado 14 de agosto, a los 85 años. Consiliario diocesano de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Huelva durante 41 años, cura obrero y comprometido con las causas del mundo del trabajo, deja una trayectoria marcada por el acompañamiento, la justicia social y una forma sencilla y encarnada de vivir el Evangelio.

Nacido en Paterna del Campo el 14 de febrero de 1941, ingresó en el Seminario Diocesano de Huelva y fue ordenado sacerdote el 5 de septiembre de 1971 por el obispo Rafael González Moralejo. Su primer destino pastoral fue la parroquia de Nuestra Señora de Belén, en la barriada onubense de La Navidad, a la que años después regresaría como párroco. En 1975 pasó a la parroquia de San Pablo, en El Higueral.

Según la Diócesis de Huelva, pronto comenzó a simultanear su ministerio pastoral con el trabajo asalariado. Ejerció como electricista en distintas empresas y terminó su vida laboral en el Servicio Andaluz de Salud. Su muerte le sorprendió mientras rezaba en el lugar de su casa en el que acostumbraba a encontrarse con el Señor.

Cura y trabajador en el Huelva industrial

Como cura obrero, Manuel Salazar compartió las condiciones de vida de la clase trabajadora y vinculó su ministerio a sus luchas y esperanzas.

CCOO de Huelva ha recordado su trabajo en el sector del montaje y como electricista en las empresas que comenzaban a instalarse en el Polo Industrial. En una etapa caracterizada por importantes carencias de seguridad, protección y condiciones laborales, acompañó los primeros pasos de los comités de empresa que empezaban a organizarse para defender los derechos de las plantillas.

Posteriormente trabajó como celador en el Centro de Especialidades Virgen de la Cinta hasta su jubilación. El sindicato subraya que mantuvo durante toda su trayectoria una especial sensibilidad ante la desigualdad y las situaciones de mayor vulnerabilidad, hasta convertirse en un referente de la defensa de los derechos de las personas trabajadoras en Huelva.

Su compromiso se extendió también a las luchas vecinales de Marismas del Odiel y la barriada de Belén. Allí participó y acompañó procesos destinados a mejorar las condiciones de vida del vecindario, entre ellos la reivindicación y construcción del proyecto de viviendas conocido como “casa por casa”. También colaboró en la defensa y el acompañamiento de las personas migrantes junto con la HOAC, Cáritas y el área de Migraciones de CCOO.

“Compañero de camino y referencia creyente”

La HOAC de Huelva ha despedido a su consiliario “con profundo dolor y, al mismo tiempo, con inmensa gratitud”. Durante más de cuatro décadas, afirma el movimiento de trabajadoras y trabajadores cristianos, fue “mucho más que un consiliario”: un “compañero de camino, referencia creyente y presencia serena” en su historia.

“Con su prudencia, su honestidad y su manera sencilla de vivir el Evangelio nos ayudó a mirar la realidad con los ojos de Jesús y a mantener siempre en el centro la dignidad de las personas trabajadoras y empobrecidas”, expresa la organización diocesana.

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Su forma de acompañar se asentaba en la escucha, la cercanía y el respeto a los procesos personales y colectivos. “Manolo se marcha, pero queda su huella, queda su testimonio y queda una tarea que ahora nos toca continuar”, añade la HOAC, que recuerda con afecto una expresión habitual con la que comenzaba muchas de sus intervenciones: “No me quiero extender…”.

Una espiritualidad encarnada entre los pobres

A lo largo de su ministerio, Manuel Salazar asumió numerosos servicios pastorales. Fue administrador parroquial, párroco de Nuestra Señora del Carmen y de Nuestra Señora de Belén, arcipreste de Huelva capital, miembro de los consejos Presbiteral, Pastoral y de Asuntos Económicos, y capellán colaborador del Hospital Infanta Elena. En el momento de su muerte continuaba siendo consiliario de la HOAC y miembro del Consejo Presbiteral.

Su espiritualidad sacerdotal se alimentó también de su pertenencia a los Sacerdotes del Prado, asociación fundada por Antonio Chevrier para vivir el ministerio cerca de las personas pobres. La diócesis considera que su vida transparentó la misión de Jesús de “evangelizar a los pobres” y “poner en libertad a los oprimidos”, tanto en las barriadas de La Navidad y El Higueral como en las fábricas y en los demás servicios pastorales que le fueron confiados.

La HOAC y CCOO coinciden en reconocer una vida sacerdotal vinculada durante más de cinco décadas a la clase trabajadora, los barrios populares y las personas migrantes. Manuel Salazar deja tras de sí comunidades acompañadas, derechos defendidos y una tarea compartida que, en palabras del movimiento especializado de Acción Católica diocesano, “ahora nos toca continuar”.

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