Europa no pierde competitividad por los salarios, sino por la falta de inversión productiva

La economista Mariana Mazzucato sostiene en un informe para la Confederación Europea de Sindicatos (CES) que la Unión Europea ha “diagnosticado mal” su problema de competitividad: no sobran derechos laborales, falta inversión productiva
La Unión Europea no pierde competitividad porque los salarios sean demasiado altos ni porque existan demasiadas normas laborales. La pierde porque una parte creciente de los beneficios empresariales se destina a dividendos, recompras de acciones y remuneraciones directivas, en lugar de reinvertirse en producción, innovación y empleo de calidad.
Esa es la tesis central del informe Labour Squeezed, Investment Stalled (Trabajo presionado, inversión estancada) elaborado por la economista Mariana Mazzucato y un equipo del UCL Institute for Innovation and Public Purpose para la Confederación Europea de Sindicatos (CES). El documento cuestiona de raíz el relato dominante en Bruselas, según el cual la economía europea necesita más desregulación, más flexibilidad laboral y más contención salarial para competir.
La investigación apunta en dirección contraria: el verdadero cuello de botella no está en el coste del trabajo, sino en el uso que las grandes corporaciones hacen de sus beneficios.
Más beneficios, menos inversión
El análisis se basa en datos de las 300 mayores empresas no financieras cotizadas de Europa, que representan alrededor del 40% del PIB de la Unión Europea. Entre 2000 y 2024, la inversión neta cayó del 18,9% al 7,4% del beneficio bruto. En paralelo, los dividendos y las recompras de acciones pasaron de representar el 27% al 68% de los beneficios netos.
El contraste es elocuente: los beneficios brutos de las grandes empresas no financieras crecieron un 151%, casi el doble que los salarios, que aumentaron un 87%. Es decir, el problema no es que el trabajo se haya llevado demasiado, sino que el capital ha retenido demasiado y ha reinvertido demasiado poco.
La CES subraya además que, en el 69% de los casos, las empresas que pusieron en marcha procesos de reestructuración repartieron dividendos ese mismo año. La destrucción de empleo y la remuneración al accionista no aparecen, por tanto, como realidades separadas, sino como parte de una misma lógica empresarial.
Un “capitalismo de rentas”
El informe habla de la consolidación de un “capitalismo de rentas” en Europa: una economía en la que los ingresos se capturan cada vez más por la propiedad de activos, posiciones financieras y poder de mercado, y no por la producción de bienes, servicios, innovación o trabajo decente.
La conclusión política es clara: Europa debe abandonar una economía basada en la extracción de valor y avanzar hacia otra fundada en la creación de valor. Para Mazzucato, esto exige repensar el papel de la inversión pública y privada, orientar la economía hacia misiones sociales compartidas y condicionar el apoyo público a compromisos verificables.
El estudio revela que Europa ha entregado 3,5 billones de euros en ayudas públicas a sus corporaciones prácticamente sin condiciones sobre el destino final de esos recursos. La pregunta que plantea la investigación es directa: ¿pueden las empresas reclamar apoyo público, reducir plantillas, repartir dividendos y, al mismo tiempo, culpar a los salarios de la pérdida de competitividad?
“Se ha culpado injustamente a las personas trabajadoras”
La secretaria general de la CES, Esther Lynch, considera que el informe demuestra que “se ha culpado injustamente a las personas trabajadoras de las malas decisiones tomadas durante décadas en los consejos de administración de Europa”.
A su juicio, los directivos de las mayores empresas europeas han ido “desmantelando los activos de nuestra economía” y, después, han exigido recortes de salarios reales y condiciones laborales para compensar los daños. El resultado, advierte, es una situación de doble pérdida: más desigualdad y menor productividad.
Lynch rechaza que la salida pase por una nueva oleada de desregulación o por ataques a los derechos laborales. “Europa no puede ganar una carrera hacia abajo”, afirma. Su camino, sostiene la CES, pasa por empleo de calidad, alta inversión y mayor productividad.
El coste social de no invertir
El secretario confederal de la CES, Ludovic Voet, va más lejos y califica de “auténtico escándalo” que quienes más se quejan de la competitividad europea sean, precisamente, las empresas que han contribuido a erosionarla.
Hace veinticinco años, recuerda, las grandes compañías devolvían a los accionistas el 27% de sus beneficios. Hoy reparten el 68%, más de dos tercios de cada euro de beneficio. Mientras tanto, la inversión neta productiva se ha hundido desde 18,9 euros hasta solo 7,4 euros por cada 100 euros de beneficio bruto.
Para Voet, este es “el coste social de una asignación errónea del capital”: cuando los beneficios se extraen en lugar de invertirse, se destruye empleo, se estancan los salarios, se resiente la productividad y se pone en riesgo el futuro de Europa.
Condicionar las ayudas públicas
La CES reclama a las instituciones europeas un cambio de rumbo, coincidiendo con la presidencia irlandesa del Consejo Europeo que centra sus prioridades en competitividad, valores y seguridad. Entre sus propuestas figuran una Ley Europea de Empleo de Calidad para revertir la precariedad, condiciones estrictas a la financiación pública para asegurar que los beneficios se reinviertan, el refuerzo de la negociación colectiva y de los salarios para aumentar la demanda interna, y la creación de una herramienta permanente de inversión europea que sustituya al Mecanismo de Recuperación y Resiliencia.
El informe llega en un momento en el que el debate europeo sobre competitividad vuelve a estar dominado por la presión empresarial para rebajar obligaciones, flexibilizar normas y contener costes laborales.
La investigación de Mazzucato introduce una impugnación de fondo: antes de pedir menos derechos para las personas trabajadoras, las grandes empresas europeas deberían explicar por qué invierten menos mientras reparten mucho más.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



