En un mundo violentado, cuidémonos como pueblos y Tierra malheridos

En un mundo violentado, cuidémonos como pueblos y Tierra malheridos
Foto | Dominik Lückmann (unsplash)
Domina nuestro planeta una violencia estructural global. El poder militar, económico y financiero que asesina con total impunidad, es el mismo que contamina y esquilma territorios y los pueblos que los habitan. Y nos deja sin vivienda, precariza y maltrata nuestras vidas, nos llama a la insolidaridad, usa la inteligencia artificial para controlarnos… mientras socava la democracia y los derechos humanos.

Este sombrío panorama no debe provocarnos «ecoansiedad», ni paralizarnos. Asumir la realidad es condición necesaria para transformarla. Las Iglesias de América Latina nos llevan ventaja. El clima asfixiante de violencia estructural antes descrito lo sufren desde siempre las comunidades afectadas por el extractivismo o el latifundismo. El Evangelio es su fuerza para vivir con alegría y sembrar vida. Optar por la ecología integral ha sido su respuesta valiente a la llamada del Espíritu en estos tiempos difíciles.

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