El olor de la paz

El olor de la paz
Grafiti en Ucrania
Los cantos guerreros alcanzan últimamente un volumen que atronan nuestra sufrida trompa de Eustaquio, dificultando oír cualquier otra música. Jesús Núñez explicaba hace poco en Alandar que hay «59 conflictos activos en diferentes rincones del planeta, la cifra más alta desde el final de la II Guerra Mundial».

La esperanza de que el final de la Guerra Fría reduciría los gastos militares, generando unos «dividendos de la paz» que permitirían invertir en igualdad y justicia y en potenciar mecanismos de mediación y negociación para evitar sangrientas guerras ha dado paso a un belicismo alarmante.

Lejos de menguar, los gastos militares, tras 11 años de crecimiento, alcanzaron en 2025 los 2.889 billones de euros, el 2,5% del PIB global, según datos publicados por el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI).Aquí, para cumplir con el compromiso adquirido con la OTAN de llegar al 2% del PIB, el Consejo de Ministros aprobó el 22 de abril de 2025 un incremento de 10.471 millones en el presupuesto de Defensa, con un gasto total de 33.123 millones de euros (M€). La cifra real, sin embargo, es muy superior. El SIPRI calcula que asciende a 40.200 M€. Por primera vez España aparece en 2025 entre los países con mayor gasto militar del mundo, con un crecimiento del 50% en tan solo un año.

En 2002, con cifras bastante más bajas, Juan José Millás escribía: «Es evidente que los Presupuestos Generales del Estado, más preocupados por la calidad de los tanques que por la de las universidades, han sido pensados por un grupo de dementes, porque hay que estar muy mal de la cabeza para invertir tres veces más en cañones que en educación, cultura y deportes, todo junto. No es raro, pues, que la gente prefiera pegar tiros a leer novelas o que nos pasemos el día buscando enemigos debajo de las piedras».

Como gran parte de las guerras se libran en el relato, no lo llamemos «guerra», sino «defensa». Ay, defensa, ¿de qué? Lo que quita el sueño a la mayoría de las personas reales es no tener techo, no tener garantizado acceso a salud y educación, haber de elegir entre comer o pagar la electricidad, y fruslerías así. Encima tal derroche es inútil para los fines que aducen. «El gasto militar excesivo –denuncia Antonio Guterres, secretario general de la ONU– no garantiza la paz». Útiles sí que son, pero no para la paz, sino para el objetivo auténtico pero escamoteado: el negocio. Elke Schwarz afirmaba hace poco en la Directa que «la guerra y la inestabilidad son, y siempre han sido, una oportunidad para los negocios». Alimentar el conflicto para engordar el negocio.

La propia Schwarz cita a Peter Thiel, cofundador de Palantir, que en una entrevista publicada en The New York Times «sugiere que la verdadera causa del estancamiento económico tiene que ver con los 50 años de paz y estabilidad». La paz es una mala noticia. Aclaremos: para los mercachifles de la muerte, para los asesinos de toda forma de vida en la Tierra; para el resto es la peor de las noticias. Según un informe de Oxfam Intermón publicado en vísperas de la última cumbre del G7, los milmillonarios de la energía se embolsan 300 millones de dólares al día desde el inicio de la guerra de EEUU e Israel contra Irán. Mientras, «los países del G7 recortaron la ayuda a los países más pobres del mundo en 48.000 millones entre 2024 y 2026».

Con menos de un 4% del gasto militar global se podría terminar con el hambre en el mundo en 2040; con poco más de un 10% se vacunaría a todos los niños y niñas; con un 15%, se cubrirían todos los gastos de adaptación climática en los países pobres. Eso sería gasto de defensa digno de tal nombre, pero ya lo dijo Paul Valery: «La guerra es una masacre entre personas que no se conocen para provecho de personas que sí se conocen, pero no se masacran».

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De la mayor amenaza que se cierne sobre la especie humana y casi toda forma de vida sobre la Tierra, la crisis climática, no solo no nos defienden estos belicosos dispendios, sino que la alimentan.

Según un informe del Transnational Institute, en colaboración con el Centre Delàs, «las medidas de mitigación y adaptación al cambio climático sufren un déficit crónico de financiación de miles de millones de dólares, lo que profundiza la crisis climática y sus efectos en la ciudadanía de todo el mundo». El objetivo del 2% de la OTAN ahonda este déficit, puesto que hará crecer considerablemente las emisiones de gases efecto invernadero de origen militar y desviará fondos de la acción climática. Para los miembros europeos de la OTAN, el esfuerzo de 1 billón de euros adicional necesario para alcanzar el 2% del PIB equivale al billón de euros que se necesita para el Pacto Verde Europeo.

El Papa vino a vernos, entre grandes fanfarrias y atronadores aplausos, pero no sé si el ruido de los aplausos impidió a quienes diseñan estos presupuestos escucharlo. «El viejo de las manos traslúcidas (…) dirá: paz, paz, paz, entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita», escribe Federico García Lorca en Poeta en Nueva York. En la vigilia de la paz, León XIV denunció que la idolatría del dinero es la raíz de los conflictos armados. Es el modito natural de actuar del capitalismo: todo es mercancía, también la guerra, también la violencia; es decir, la vida. ¿Cómo cuela? Con eufemismos que nos hacen tragar lo intragable. Que la sociedad normalice semejante aberración exige un trabajo previo: hacer que el compromiso por la paz, la noviolencia y el antimilitarismo tengan mala prensa, hasta conseguir que quienes se niegan a matar sean mirados con sospecha o tildados de ingenuos.

Dicen que es más fácil definir la violencia que la paz, que no es mera ausencia de violencia. Jarcha la describió hace décadas. Cuando los campos maduren, cuando los trigos den pan, pan para todos los hombres –espero que también para todas las mujeres– justamente repartido, habrá estallado la paz.

¿A qué huelen las nubes, a qué huele la paz? A justicia huele la paz.

Recursos

Películas

Senderos de gloria (1957). Stanley Kubrick.
En tierra de nadie (2001). Danis Tanovic.
Can Serra: La Objeción de Conciencia en España (1976). Grupo de objetores de conciencia. Cooperativa Cinema Alternatiu.

Novelas

Gabriel Chevallier (2009). El miedo. Ed. Acantilado.
Erich Maria Remarque (1929). Sin novedad en el frente.

Canción

Solo le pido a Dios. León Gieco.

Web

Centre Delàs de Estudios por la Paz
Alternativas Noviolentas

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