Potencia transformadora de la dulzura y la paz

Potencia transformadora de la dulzura y la paz
Foto I George (unsplash)
La paz desarmada está en el origen del trabajo por la paz desde la noviolencia, única condición que le abre posibilidades reales al diálogo concreto entre las personas y entre los pueblos. La violencia de las armas, del dinero y del poder que se cobija tras ellos lo impide.

Y eso es lo que revela la hermosa novela que proponemos para su lectura este verano de 2026, Una máscara del color del cielo, del escritor palestino Basim Khandaqji. Redactada en una cárcel israelí, se trata de un relato que se inscribe en un género característico de la literatura árabe, la llamada «literatura de prisión», según nos revela Luz Gómez en el «Prólogo».

Una máscara del color del cielo
Basim Khandaqji (2025)
Hoja de Lata. 250 págs.

Urde Basim una ingeniosa trama en la que, a partir de la figura del «doble», de amplio abolengo literario desde el Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson al propio El doble de Dostoievski…, explora el entendimiento entre estos dos pueblos. Desde las posibilidades que proporciona un narrador omnisciente, la novela cuenta la historia de Nur Mahdi al Shadi, el protagonista, que nacido y criado en un campo de refugiados de Ramala, ha decidido escribir una novela histórica sobre María Magdalena, a partir de lo que desprenden de ella los evangelios gnósticos, principalmente. Los avances que va dando al respecto (tanto formales como de contenido) nos lo proporciona en primera persona el mismo Nur, bajo la forma de grabaciones que hace desde las habitaciones en las que suele residir. Así da comienzo el capítulo primero.

Entretanto, el narrador va dando cuenta de las vicisitudes del Nur personaje en el campo de refugiados, en Jerusalén y en la expedición arqueológica. Próxima a las maneras de la novela de formación, la historia de Nur es la narración de una vida, la de un refugiado palestino en su propia tierra, a la que Nur se resiste (primeros tres capítulos). Las peripecias del relato le llevan a encontrarse una tarjeta de identidad de un ciudadano judío, Or Shapira. Se siente tentado a suplantar esa identidad y moverse por Israel con esa máscara, hasta que finalmente lo hace con el pretexto de ir a la excavación en el territorio donde supuestamente residió María Magdalena.

A partir de este momento, segunda parte de la novela, se desarrolla un juego de desdoblamiento en Nur entre Or, judío, y el propio Nur, palestino, produciéndose «diálogos» entre ambos. Pero, sobre todo, asistimos a la mirada que Nur va realizando del conflicto sobre el terreno entre las dos naciones, y de la historia que le precede, no siempre bien revelada. Conflicto que, en la tercera parte de la novela, dramatiza al situarse en la excavación entre dos jóvenes arqueólogas, Ayala Sharapi, judía, y Sama’ Ismaail, palestina de Haifa.

Si algo evidencia la novela de Basim es que sin una paz desarmada, el diálogo y la posibilidad de convivencia resulta prácticamente imposible. Así lo atestiguan los pares de dobles que elabora la narración: Nur / Or, y Ayala / Sama’.

Potencia de la dulzura
Anne Dufourmantelle
Nocturna Editora (2022)
152 págs.

A nuestro mundo hoy no le es suficiente una paz desarmada; la paz en sí misma es una potencia desarmante, que abre el camino a la recuperación de la dignidad de la persona por encima de todas las cosas. Y lo es porque reclama potencialidades como el amor, la solidaridad, la justicia…, y, sobre todo, la DULZURA, en opinión de Anne Dufourmantelle en su ensayo Potencia de la dulzura. Filósofa y psicoanalista francesa, nacida en 1964, y que curiosamente falleció en julio de 2017 en la playa de Pampelame, cerca de Saint-Tropez, mientras intentaba rescatar a dos niños. Otros títulos en castellano de esta pensadora son Elogio del riesgo (2019), La mujer y el sacrificio (2022), En caso de amor (2025), etc.

En la dulzura Dufourmantelle no ve una virtud más, que se deja encerrar en los confines de un fenómeno, ve una potencia transformadora sobre las cosas y los seres. Y a su develamiento dedica este ensayo organizado en breves capítulos, que son otras tantas reflexiones de escritura transparente y lectura amable. La dulzura es una potencia porque es una capacidad que la persona posee para crecer en su devenir, una fuerza que resiste cualquier poder, dice en el primer tercio del libro (págs. 39-41). Es el impulso transformador que se opone a la injusticia, pero también a cualquier forma de brutalidad, incluida la guerra, y a la soledad. Por este motivo compromete a quien la encarna y la vuelve peligrosa para la sociedad. Su fortaleza reside en su gratuidad: nada la obliga ni en nada compromete al otro. En su proximidad a la bondad, a la alegría y al amor es capaz de reunir lo imaginario con lo real (pág. 21).

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Tras esta delimitación preliminar, la pensadora francesa va desgranando capítulo a capítulo los rasgos que hacen de la dulzura una «potencia» transformadora muy apta para el mundo frágil, líquido, triste… en el que nos desenvolvemos hoy. Su encarnación requiere reconocimiento, pero no se pliega al juicio; es una «pasividad activa que puede devenir una fuerza de resistencia simbólica prodigiosa» (pág. 23) y situarse en el centro de lo ético y lo político. Como potencia nos confronta con nuestra propia debilidad, por eso nos puede incomodar.

El origen de la dulzura está en la vida misma, afirma Anne Dufourmantelle, que la deposita en nosotros como un don. La dulzura fuerza la ecuación vida y muerte ampliando el presente y abriendo el tiempo al mundo de lo sensible. Por eso, el cuidado está asociado a la dulzura.

Junto a la «potencia» la otra gran cualidad de la dulzura que destaca la filósofa es la inteligencia: la dulzura despliega la capacidad de posar una mirada sobre la devastación de nuestro mundo «sin condenar», porque es capaz de comprender las cosas y los seres en su insuficiencia y precariedad. Ahí reside su poder transformador, en encargarse de la realidad después de hacerse cargo de ella.
De esta forma, precisa y desenfadada, la pensadora francesa va mostrándonos rasgos de la dulzura en los que, en su opinión, reside su potencia transformadora. Y de la que la novela de Basim es una excelente fabulación.

En nuestro rincón de archivo, cabría citar el ensayo de la también filósofa francesa Corine Pelluchon Ética de la consideración, recientemente publicado por Herder, o la nueva edición de la Ética de la compasión de Jean-Carles Mélich. Y en el apartado narrativo puede ser una buena ocasión de volver a leer títulos tan emblemáticos como El idiota de Dostoievski, Billy Bud de Melville, Guerra y paz de Tolstói, o, más próximo a nosotros, Paz en la guerra de Unamuno.

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