Trabajadoras y trabajadores cristianos reclaman en la OIT una gobernanza de la IA centrada en la dignidad humana, la justicia social y el trabajo decente

El Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC) ha llevado a la 114 Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT, la preocupación del mundo trabajador cristiano ante el avance de la inteligencia artificial (IA) y sus consecuencias laborales, sociales y democráticas. En su intervención, la copresidenta del movimiento, Christine Isturiz, defendió que la transformación tecnológica debe estar siempre al servicio de la persona y no sustituir su capacidad de decisión
El MMTC, que agrupa a más de 50 organizaciones de trabajadores y trabajadoras cristianas de cuatro continentes, acaba de participar en el debate abierto a partir de la memoria del director general de la OIT, Gilbert F. Houngbo, titulada Un momento decisivo: aprovechar la inteligencia artificial para promover el trabajo decente, uno de los documentos centrales de esta conferencia que se celebra en Ginebra hasta el 12 de junio.
Desde una perspectiva de educación y acción obrera, Isturiz comenzó planteando que “la IA no es inteligente, recopila y organiza millones de informaciones, pero no es creativa”. Una afirmación con la que quiso situar el debate no solo en las posibilidades técnicas de esta revolución digital, sino en quién gobierna sus usos y con qué criterios.
“¿Hasta dónde aceptaremos que la supuesta inteligencia decida en nuestro lugar?”
En su intervención ante la OIT, el MMTC reconoció las oportunidades que puede abrir la inteligencia artificial, pero advirtió de sus riesgos cuando se introduce en el mundo laboral sin participación de las personas trabajadoras ni garantías suficientes.
Isturiz recordó una de las conclusiones recogidas en la memoria del director general de la OIT. “La IA reconfigura el empleo más mediante la transformación de las tareas y la organización del trabajo que mediante la eliminación de empleos a gran escala”. Sin embargo, alertó de que junto a sus posibles beneficios en materia de prevención de riesgos también pueden aparecer nuevas amenazas vinculadas a “la intensificación del trabajo, la sobrecarga cognitiva y el seguimiento permanente”.
Para el movimiento internacional de trabajadoras y trabajadores cristianos, una de las grandes cuestiones está en la transparencia de los sistemas automatizados. “Me resulta muy preocupante que las personas trabajadoras puedan ser objeto de decisiones adoptadas por sistemas automatizados sin comprender cómo funcionan, en qué datos se basan o cómo llegan a sus resultados”, señaló Isturiz.
Ante esta realidad, preguntó: “¿Hasta dónde aceptaremos que la supuesta inteligencia decida en nuestro lugar?”. Y reivindicó que la tarea de los movimientos de trabajadores y trabajadoras cristianas pasa por “afirmar el lugar preponderante del ser humano para reflexionar, elaborar un juicio libre», con el compromiso de defender «no solo un trabajo decente, sino un trabajo digno”.
El MMTC vinculó esta reflexión con el pensamiento del papa León XIV, expresado en Magnifica humanitas, recordando que “las inteligencias artificiales, desprovistas de experiencias, valores y sentimientos, no pueden ni deben asumir nunca un papel de responsabilidad y supremacía sobre la inteligencia humana”.
El trabajo invisible que sostiene la inteligencia artificial
La intervención puso también el foco en una dimensión menos visible de la revolución tecnológica: las personas trabajadoras que alimentan los sistemas digitales en condiciones precarias.
La copresidenta del MMTC cuestionó la supuesta “gratuidad” de muchas herramientas digitales, recordando que los datos son utilizados por las grandes corporaciones tecnológicas, “dueñas de los algoritmos”, que concentran un enorme poder económico y capacidad de influencia.
Para mostrar las consecuencias concretas de este modelo, Isturiz compartió el testimonio de Elina, una trabajadora de Madagascar vinculada al movimiento: “Me llamo Elina y trabajo en una tienda de productos biológicos que utiliza inteligencia artificial. Mi función consiste en registrar facturas. Proceso hasta 1.500 facturas al día por un salario de 120 euros al mes. Tengo que entrenarme intensamente para automatizar mis tareas, actuando casi como una máquina”.
Para el MMTC, este ejemplo evidencia que la economía digital crea oportunidades, pero también nuevas desigualdades: empleos esenciales para el funcionamiento tecnológico global que siguen siendo “poco cualificados y mal remunerados, especialmente en países empobrecidos”.
En esta línea, Isturiz reclamó una mirada crítica y colectiva ante el desarrollo tecnológico. Inspirándose en la Doctrina Social de la Iglesia, defendió que cuando “el criterio dominante se convierte en la eficiencia, el trabajo corre el riesgo de perder su valor humano y relacional”.
Finalmente, la copresidenta del MMTC realizó una llamada a no rechazar la inteligencia artificial, sino a gobernarla desde la justicia social: “Tan inevitable como lo fue la rueda cuando fue creada, tenemos que convivir con la IA. Mantengamos la distancia crítica y el análisis. Eduquemos y, si es necesario, resistamos”.
“En nombre de la justicia social y de una economía para la vida”, el movimiento invitó a formarse, cuestionar los usos de la IA, denunciar sus riesgos para el mundo del trabajo y participar en todas aquellas acciones “que hagan el mundo más humano”, concluyó.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



