Sebas Mora: “Abundan las opiniones y los mensajes rápidos, pero escasean espacios para pensar juntos”

Sebas Mora: “Abundan las opiniones y los mensajes rápidos, pero escasean espacios para pensar juntos”
FOTO | CJ, Cristianisme i Justícia
La velocidad de los cambios tecnológicos, económicos y culturales plantea nuevas preguntas sobre el futuro del trabajo, la dignidad humana y la construcción del bien común. En un tiempo atravesado por la inteligencia artificial, la crisis ecológica, la desinformación y nuevas formas de comprender lo humano, detenerse a pensar juntos se convierte en una necesidad

Sobre estos desafíos reflexionará Sebastián Mora, doctor en Sociología y profesor de la Facultad de Teología de la Pontificia de Comillas, en las jornadas de profundización y diálogo de los cursos de verano de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), donde ofrecerá una mirada de conjunto para dialogar sobre cómo desarrollar la tarea evangelizadora en el mundo obrero en una cultura donde el poder tecnológico y económico parece imponerse, en muchas ocasiones, a la centralidad de la persona, la justicia, la paz y el cuidado de la creación.

Mora propone recuperar espacios de escucha, discernimiento comunitario y deliberación compartida para preguntarnos hacia dónde queremos orientar los cambios que vivimos. Antes de su participación, conversamos con él para abrir camino a este encuentro.

¿Cómo describirías el momento que estamos viviendo y por qué merece la pena pararse a reflexionar sobre ello?

Vivimos un tiempo de incertidumbre profunda. La tecnología avanza a gran velocidad, cambian nuestras formas de relacionarnos, aumentan las tensiones sociales y geopolíticas, y sentimos que el mundo se vuelve más complejo y difícil de comprender. Tenemos más información que nunca, pero no siempre más claridad.

Por eso es importante detenerse a reflexionar. Cuando todo nos empuja a la rapidez y a la reacción inmediata, pensar se convierte en un acto revolucionario. Como recuerda el papa León XIV, las cuestiones decisivas son: ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir comunidad humana y como pueblos? (MH,6). Y para ello es urgente y necesario deliberar en común.

Lo que está en juego no es únicamente nuestro modelo económico o tecnológico. Está en juego la calidad de nuestra convivencia, nuestra capacidad de cuidar a los más vulnerables y el tipo de sociedad que queremos dejar a las próximas generaciones.

¿Qué puede aportar hoy la mirada cristiana al mundo obrero y a los grandes desafíos sociales de nuestro tiempo?

La mirada cristiana sigue aportando algo esencial: poner a la persona en el centro. En un tiempo en el que hablamos mucho de productividad, competitividad, algoritmos o crecimiento, recuerda que ningún trabajador puede ser tratado como un recurso más ni valorado únicamente por lo que produce.

La gran cuestión de nuestro tiempo no es si habrá progreso, sino para quién será ese progreso. La inteligencia artificial, la transición ecológica o los cambios en el empleo pueden generar nuevas desigualdades, pero también abrir nuevas oportunidades. La tradición social cristiana nos invita a preguntarnos quién queda atrás y qué estamos dispuestos a hacer para evitarlo.

Además, frente a una cultura cada vez más individualista, aporta una idea profundamente contracultural: que estamos vinculados unos a otros y que el bien común no es la suma de intereses individuales. Una sociedad no se mide solo por la riqueza que crea, sino por la dignidad que garantiza a las personas más vulnerables.

¿Qué preguntas crees que necesitamos hacernos para que los cambios que estamos viviendo estén al servicio de las personas y del bien común?

Creo que, en estos momentos, necesitamos recuperar una cierta dosis de idealismo. No basta con preguntarnos qué podemos hacer; debemos preguntarnos qué merece la pena hacer y tener la determinación de orientar nuestras decisiones en esa dirección. El predominio de un pragmatismo mal entendido nos ha llevado, en ocasiones, a convertirnos en una sociedad excesivamente conformista, más preocupada por gestionar lo posible que por imaginar lo deseable.

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Por eso necesitamos un realismo con horizonte, un realismo capaz de habitar la complejidad de la realidad sin resignarse a ella, y de tensionarla hacia ideales de justicia, dignidad y bien común.

Con frecuencia debatimos sobre innovación, crecimiento o eficiencia, pero mucho menos sobre el sentido y la finalidad de esos avances. Sin embargo, el progreso no puede medirse únicamente por lo que somos capaces de producir o por la velocidad a la que transformamos nuestro entorno. Debe medirse, sobre todo, por nuestra capacidad para construir una sociedad más justa, más inclusiva y más humana.

¿Por qué animarías a participar en esta ponencia de los cursos de verano? ¿Qué puede encontrar quien se acerque a este espacio de reflexión y diálogo?

Animaría a participar porque creo que necesitamos más espacios para pensar juntos. Vivimos en una sociedad donde abundan las opiniones y los mensajes rápidos, pero escasean los lugares en los que podamos detenernos, escucharnos y reflexionar con serenidad sobre las cuestiones que realmente importan.

Poder participar en un espacio de deliberación compartida, donde podamos confrontar experiencias, inquietudes y esperanzas desde perspectivas diversas es un auténtico lujo. Un lugar para escuchar y escucharnos es básico para poder encarar la pregunta básica: si queremos reconstruir Babel o la muralla de Jerusalén tal como expone el papa León XIV en Magnifica humanitas.

Desde la tradición cristiana hablaríamos también de una escucha en el Espíritu: una disposición que nos permite ir más allá de nuestros intereses inmediatos y abrirnos a preguntas más profundas sobre el sentido de nuestro trabajo, nuestras responsabilidades y nuestra contribución a la sociedad. Porque antes de decidir qué hacer, necesitamos recordar por qué merece la pena hacerlo.

El discernimiento comunitario, como describe el Papa al referirse a la Doctrina Social de la Iglesia en su encíclica, es un dinamismo necesario en nuestro compromiso en y con el mundo obrero y estos cursos pueden ser una ayuda para ello.

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