Ousmane vuelve a Arguineguín: del muelle donde llegó en patera al encuentro con León XIV

Cinco años después de cruzar el Atlántico desde Senegal, este joven de 24 años regresa al mismo lugar donde empezó su nueva vida. Participa en la ofrenda al Papa con una historia marcada por el trabajo, la familia, la acogida y una fraternidad que rompe fronteras
Ousmane vuelve al muelle de Arguineguín. El mismo lugar al que llegó hace cinco años después de siete días atravesando el Atlántico en una patera con otras 128 personas. El mismo lugar donde pudo llamar a su madre y decirle que estaba vivo. El mismo lugar donde comenzó una nueva etapa lejos de todo lo que quería.
Esta vez será diferente. Vuelve para encontrarse con León XIV y participar en la ofrenda que un grupo de personas migrantes realizará al Papa en el muelle de la esperanza. Quienes un día llegaron buscando acogida estarán ahora en el centro de una visita que quiere poner rostro a la dignidad humana.
La conversación con Ousmane se produce dos días antes de ese encuentro con León XIV, en la asociación vecinal Rayco de Lomo Los Frailes, en Las Palmas de Gran Canarias, acompañado por Fefi Valerón, del proyecto Acogida Digna y militante hoacista, una de las personas que durante estos años ha caminado junto a él.
Al principio habla poco. Escucha más que responde. Sus palabras llegan despacio, como quien mide cada recuerdo. Poco a poco, entre silencios y sonrisas, aparece una historia que no empezó en el mar.
Pero la historia de Ousmane no empieza en una patera. Empieza mucho antes. Empieza en Senegal. Allí era pescador, corredor, cantante, bailarín… Cuando empieza a hablar –al principio con pocas palabras y la mirada baja– aparece poco a poco su historia.
“Yo cantaba para mi mujer”, explica sonriendo. También corría por la montaña. Más de veinte kilómetros. Era parte de su vida. Hasta que tuvo que marcharse.
“Yo no quería venir”
Cuando se habla de migraciones muchas veces se olvida una pregunta fundamental: qué deja atrás una persona que se marcha. Ousmane no habla de aventura. Habla de necesidad. “Mi tierra es muy dura”, reconoce. Trabajaba en el mar. Pasaba largas jornadas pescando para regresar con muy poco. “Quince días en el mar y vuelves sin cobrar”, explica.
Su madre fue quien le animó a buscar otra oportunidad. Pero él insiste: “Yo no quería venir”. Detrás quedaban su casa, sus vínculos y su mujer embarazada.
Salió de Senegal en una patera. No pagó por el viaje porque ayudó durante la travesía. Otros compañeros, recuerda, tuvieron que pagar alrededor de 500 euros, según nos dice.
Fueron siete días de océano. “No hubo muertes”. Lo dice consciente de que no todas las historias de la ruta atlántica terminan así.
Cuando llegó a Arguineguín, la primera llamada fue a casa. Su mujer no sabía dónde estaba. “Ella estaba embarazada de ocho meses. No quería que tuviera miedo”, recuerda.
Solo cuando pisó tierra pudo decirle la verdad. “Le dije: estoy en España”. Un mes después nació su hija. Cinco años más tarde todavía no la ha podido abrazar.
Cuando piensa en volver a Senegal, no habla de regresar derrotado. Habla de volver distinto. “Cuando vuelva a mi país voy a vivir otra persona”, dice.
Echa de menos a su familia y especialmente espera el momento de mirar por primera vez a su hija.
Una acogida que también acoge
En Canarias encontró acompañamiento en el proyecto Acogida Digna de la parroquia de Arguineguín. Allí aparece Fefi Valerón. Durante la conversación ella ayuda a completar algunas partes de la historia que Ousmane cuenta con más dificultad: los meses de espera, la incertidumbre, las lágrimas, el cansancio.
“Ha sufrido mucho”, recuerda. Pero también habla de todo lo recibido. Porque la acogida no funciona en una sola dirección. “El amor no son solo los lazos de sangre”, explica Fefi. “Cuando él me sonríe, cuando me acoge, yo me siento acogida y acompañada por él”.
Quizá esa es una de las grandes historias que León XIV encontrará en Canarias: personas que llegan buscando una oportunidad y terminan construyendo nuevos vínculos de familia.
Aprender a mirar
Durante la conversación hay un gesto que se repite. Ousmane baja la mirada. Para quien no conoce su cultura podría parecer distancia o inseguridad. Pero significa justo lo contrario. Respeto. “Si eres mayor que yo y hablas conmigo, tengo que poner mis ojos abajo”, explica.
También eso forma parte del encuentro: aprender que existen otras maneras de mirar.
Cuando habla del Papa, Ousmane habla de convivencia. Él es musulmán. León XIV es el líder de la Iglesia católica. Pero para Ousmane eso no es una frontera. “En Senegal conocemos el diálogo”, afirma.
Recuerda que en su país musulmanes y cristianos comparten vida, celebraciones y amistad. “Cuando hacemos la fiesta del Cordero o el Ramadán cocinamos para ellos. Ellos también en Navidad están al lado de nosotros”. “La mitad de mis amigos son cristianos”, destaca.
Cinco años después, aquel joven que llegó del mar regresará al mismo lugar, como lo que siempre fue: un hijo. Un padre. Un trabajador. Un creyente. Una persona con una historia. Una magnífica humanidad con nombre propio.
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