León XIV llama a poner la dignidad del trabajo en el centro de la actividad empresarial

El papa León XIV ha hecho una enérgica defensa del diálogo social como clave imprescindible para el avance de la sociedad y el desarrollo de una cultura a la altura de la dignidad humana, pero también ha pedido a la empresa que reconozca “la dignidad de la persona” y que “el trabajo siga siendo motor de esperanza” en el Encuentro “Tejer redes”.
El Papa ha defendido el diálogo entre instituciones orientado a la defensa de la dignidad humana a través del cuidado incluso del del lenguaje y el respeto por las diferencias, para entre otras cosas que “la actividad empresarial no vea al empleado como un factor más en la ecuación de sus intereses”.
También ha abogado por que “la universidad no viva de espaldas al mundo del trabajo ni renuncie a la verdad”; o que “el progreso tecnológico tome en cuenta a los ancianos, a los pobres y a quienes no tienen voz”, además de defender el arte y el deporte de intereses puramente materiales.
Con “sus aciertos y sus errores”, el Papa ha reivindicado la aportación que la Iglesia puede hacer hoy también a la cultura y las relaciones sociales, en fidelidad a su propia vocación de permanecer en diálogo con el mundo contemporáneo, no como poder, sino como experta en humanidad.
León XIV retoma la intuición de Pablo VI ante la ONU: la misión de la Iglesia es inseparable de lo humano, y su misión no es otra que defender la inalienable dignidad humana, fundamento de todo orden social verdaderamente justo.
La conversación pública, ha comparado es como “tejer redes”, un trabajo paciente que exige encuentro, escucha, respeto y una voluntad real de construir en común.
La Iglesia —dice el Papa— entra en este diálogo desde una convicción profunda: el ser humano está “entramado con hilos de amor”, creado a imagen de un Dios que es amor.
No solo ha pedido respeto y cuidado, sino que también ha llamado a no excluir a nadie y a contar preferentemente con sectores marginados y especialmente castigados, lo que implica tender puentes y tejer redes. Es más ha invitado a ser hilos nuevos para tejer redes nuevas. tanto a creadores y deportistas como a instituciones y actores sociales, incluido empresarios y sindicatos presentes en el encuentro.
El diálogo social desde el respeto a las diferencias y el cuidado del propio lenguajes, contribuirá así a armonizar la vida social, enriquecer la cultura, e incluso a devolver la centralidad a la persona en la empresa y esperanza al trabajo.
El legado cultural
Ha abierto su discurso refiriéndose a la creatividad histórica de España, visible en su patrimonio, sus ciudades y sus expresiones artísticas, para luego plantear la pregunta que guió todo el mensaje: “¿qué herencia se está dejando a las futuras generaciones?”.
Consciente de la enorme capacidad para producir e innovar de la humanidad, el Papa ha advertido que aún debe aprender a “custodiar el alma de lo que genera”, evitando convertirse en experta en los medios pero incierta en los fines. De ahí que la Iglesia, “experta en humanidad”, desee mantener un diálogo abierto con el mundo contemporáneo y seguir preguntándose qué significa hoy ser verdaderamente humano, como plantea la reciente encíclica Magnifica humanitas.
A este interrogante, la Iglesia responde desde “aquello que ha descubierto en la experiencia de la fe: que Jesucristo responde a las grandes preguntas sobre la vida humana y su plenitud, ya en este mundo y hasta su culmen en la eternidad”, lo que desde su tradición y doctrina social se traduce en que “la persona humana permanece siempre como “el camino primero y fundamental de la Iglesia” y el corazón de toda auténtica vía de desarrollo humano integral”.
De ahí que la cultura entendida también como “cultivo” de saberes, valores y obras implique, “preguntarnos qué es lo que hoy sembramos, qué es lo que florece y qué se marchita silenciosamente en nuestra sociedad; qué valores estamos preservando y cuáles estamos dejando morir”.
Ya como segunda clave, planteó la necesidad de crear juntos, evocando la tradición cultural y espiritual que ha dado forma a España: desde las saetas y la poesía mística hasta la obra de Lope de Vega, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz o Tomás de Aquino. Todo ello, afirmó, muestra la unión entre lo material y lo espiritual que sostiene la existencia humana, más aún cuando se comprende como dijo Benedicto XVI que “la fe es amor y por ello crea poesía y crea música. La fe es alegría y por ello crea belleza”.
El tercer eje del discurso fue el servicio desinteresado. León XIV recordó la huella histórica de la fe en Europa —hospitales, escuelas, iniciativas solidarias— y preguntó si sería posible comprender la identidad europea sin esa dimensión espiritual.
No ignorar el grito de los pobres
Invitó a reconciliar la eternidad con la vida cotidiana y llamó a no ignorar el grito de los pobres, cuya situación interpela a sociedades, sistemas económicos y a la propia Iglesia. Reiteró que las estructuras solo “son justas si favorecen el desarrollo integral y la participación de todos”.
Antes de concluir, dedicó una reflexión al deporte, que consideró una escuela de respeto, humildad y convivencia. Citó a Juan Pablo II para recordar que los deportistas ofrecen un testimonio luminoso de cohesión en tiempos marcados por la violencia y la división.
En la parte final de su intervención, el papa León XIV invitó a los presentes a convertirse en “hilos nuevos” capaces de tejer relaciones que sostengan una convivencia más humana.
Retomó las palabras de san Pablo para subrayar la necesidad de una actitud fraterna y humilde —“alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran”— y llamó a cultivar un trato igualitario, sin pretensiones de grandeza ni respuestas de resentimiento.
El pontífice animó a procurar el bien común y a mantener la paz “en la medida de lo posible y en lo que dependa de cada uno”, convencido de que en esa disposición se juega que, en el futuro, siga resplandeciendo lo mejor de la “magnífica humanidad” que la Iglesia desea custodiar y promover.

Redactor jefe de Noticias Obreras



