Eustaquio el de la trompa pasa a la acción

La literatura a veces hermosea la realidad. Desde hace tiempo sospecho (lo he explicado aquí) que el canto de las sirenas que «hechizaba» –según Homero– a Ulises y sus secuaces tal vez no era tal; quizás las virtudes cantoras de los seres marinos eran más bien presuntas; quizás la teórica música era más bien ruido.
El Libro Verde de la Comisión Europea define el ruido como «el conjunto de sonidos no deseados, fuertes, desagradables o inesperados», tortura a la que estamos expuestos buena parte de los europeos y las europeas, en un grado «que los expertos consideran inaceptable». Según estos expertos la población de las zonas urbanas es la que más sufre esta molesta música (parece que no frecuentan el «apacible» medio rural en la época de las «entrañables» fiestas populares, cuyas delicias sonoras han inspirado a Forges ingeniosas viñetas que nos arrancan sonrisas de dolorida complicidad). El origen –que no siempre la causa–, «el tráfico y las actividades industriales y recreativas», señalan los expertos urbanitas.
La Organización Mundial de la Salud alerta de que vivir expuestos al ruido causa serios trastornos en las actividades escolares, profesionales y familiares de las personas, además de males físicos importantes, que pueden abocar a la sordera. Algunos de estos males son fatiga, estrés, agresividad, irritabilidad, trastornos digestivos y del sueño, hipertensión, dolencias cardiovasculares, alteraciones hormonales. Incluso hay expertos en medición de niveles sonoros que sostienen que la principal causa de conflictos entre vecinos es el ruido y que puede llevar a violencias extremas. Con niveles altos de ruido, la tendencia natural de la gente hacia la ayuda mutua disminuye o desaparece, reapareciendo –¡menos mal!– en el momento en que se suprime la presión. De hecho, el ruido aísla mucho más que el silencio. Unos tímpanos torturados tienden al aislamiento; además de la dificultad de comunicación que supone no oírse.
Contra la inacción de los ayuntamientos y otros quiencorresponde, la acción de la ciudadanía. Casi una cuarentena de organizaciones constituyeron el pasado febrero la coordinadora Madrid contra el Ruido, cuyo primer acto fue la «Jornada contra el Ruido», cuyas ponencias pueden consultarse en su web.
En Barcelona, la sexta ciudad más ruidosa del mundo y la segunda de Europa, asociaciones, vecinos y vecinas se unieron hace un par de años, «ante la situación de ruido creciente, que afecta a gran parte de los barrios de Barcelona, provocado por actividades económicas, sociales, lúdicas y deportivas, lesivas para la salud y la intimidad de las personas, así como el mal uso y el abuso del espacio público», y crearon la Xavecs, la Red Vecinal Contra el Ruido «para defender los derechos fundamentales al descanso, a la intimidad y a la salud».
Solo dos ejemplos a conocer y seguir. En «El sitio dedicado a la contaminación acústica», aunque no muy actualizado, pueden encontrarse más. •
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Periodista.
Autora del libro Maneras de vivir Mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas, está cambiando el mundo (Ediciones HOAC, 2024)



