La “prioridad nacional” frente a la prioridad evangélica

La “prioridad nacional” frente a la prioridad evangélica
FOTO | SJM Almería

“A muchas personas habría que meterlas en una lancha, pasar cinco días en el Atlántico, día y noche, sin comer, y ver cómo llegan. Entonces, cuando lleguen, ¿qué haremos? Tendremos que recibirlas y cuidarlas, por supuesto”, declaró mons. José Mazuelos, obispo de Canarias el pasado 23 de abril en un encuentro de la Conferencia Episcopal Española con periodistas para informar de la visita del papa León XIV a Gran Canaria y Tenerife los próximos 11 y 12 de junio.

Fue su respuesta a una pregunta sobre las críticas que se vienen formulando al proceso de regularización de migrantes en España, abierto el 20 de abril; el lunes, de esa misma semana. La reacción de Santiago Abascal, el líder de VOX, fue inmediata en X (antes Twitter), ese mismo día: “Algunas personas que se benefician de la inmigración ilegal deberían abandonar el palacio y bajar a ver las consecuencias que esto tiene para los españoles: para la sanidad, la seguridad, los salarios y los impuestos”.

Y fue así como se reabrió la confrontación entre Vox y los obispos españoles. Digo que se “reabrió” porque ya en agosto del año pasado, Abascal se mostró “perplejo y entristecido” por la posición de parte de la jerarquía eclesiástica en materia migratoria. En febrero de este año cargó contra la “deriva” de los obispos que criticaban la postura de Vox: “que digan misa”. A diferencia de estos dos anteriores enfrentamientos, el más reciente se ha caracterizado no solo por la dureza de los comentarios del líder de Vox, sino también por el apoyo que ha recibido el obispo de Canarias del alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez y del ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres. Y, sobre todo, por la contundente claridad de mons. Mazuelos y de los mismos obispos españoles que, reunidos en Asamblea Plenaria, han vuelto a marcar distancias con Vox en este asunto por coherencia con el Evangelio.

Es un “ataque brutal de la ultraderecha”, ha manifestado el alcalde socialista. En La Laguna –ha continuado– conocemos de primera mano” el trabajo asistencial de muchos voluntarios y profesionales de Cáritas con personas vulnerables, tanto migrantes como población local. Y, de manera particular, el servicio que prestan a quienes llegan a nuestra tierra, en muchos casos, “en condiciones extremas”. Quienes, como Vox, censuran este comportamiento, no hacen otra cosa que mostrar “su rostro más insolidario”. Por su parte, el ministro Ángel Víctor Torres señaló que el obispo Mazuelos tenía “toda la razón” y que no lo podía haber dicho “más claro”: es palabra de quien ve cómo llegan personas migrantes “desvalidas, famélicas o incluso fallecidas”, después de una travesía en la que “arriesgan” sus vidas para tan solo “alcanzar un futuro mejor”.

En otras declaraciones posteriores, el prelado canario, tras hacer un llamamiento a ‘todos los políticos’ para sentarse a una mesa y dar solución a una realidad que, aseguraba, no va a desaparecer, indicaba –en respuesta a la acusación del líder de Vox– que “si yo me estoy lucrando con la inmigración, que vaya al juzgado y me denuncie”. Seguidamente, tras invitar a no utilizar la tragedia humana de la migración canaria para “hacer campaña de votos de buenos y malos”, señalaba que la obligación de la Iglesia y de toda persona con entrañas de humanidad es “atender a todo el mundo”. La prioridad la marcan “las necesidades, no la nacionalidad y la raza”. Por eso, “me da igual que sea español o no español”. Simplemente, se debe atender primero “al que sea más necesitado”. Esto es el corazón del Evangelio. Y en él se sustentan “la compasión, la empatía” y la defensa de la “dignidad de toda persona humana”. “Si uno encuentra a una persona tirada, como la gente de Lanzarote cuando se lanzan al mar a ayudar a esa patera que llega, pues es que sale del corazón humano”, ha argumentado, rechazando la acusación de que los pescadores “salgan corriendo” ante la llegada de un cayuco. Y ha finalizado señalando que está “totalmente de acuerdo” con la necesidad de “atacar a las mafias” y de actuar en los países de origen para que los cayucos no sean “la vía de salida”. Estoy a favor de promover en los lugares de origen una migración regulada “con un papel y un trabajo determinado”. Pero mientras sigan llegando cayucos, tendremos que seguir atendiendo a las personas que llegan; no hay otra.

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Estas declaraciones han estado acompañadas por otras del portavoz de la Conferencia Episcopal Española defendiendo la “prioridad del Evangelio” frente a la “prioridad nacional” y por la posterior réplica del líder de Vox: el portavoz de la Conferencia Episcopal “nunca se atreve a criticar al gobierno mafioso. Porque el gobierno le proporciona su negocio con la invasión. Y esa es su prioridad: el negocio. Y el desprecio profundo a los españoles que quieren defender su patria”.

Creo que hemos asistido a otro capítulo –uno más– de este enfrentamiento entre Vox y la Iglesia católica. No soy un iluminado si adelanto que el siguiente será con motivo de la visita de León XIV a Gran Canaria y Tenerife el próximo mes de junio. Será entonces cuando el Papa ponga en el centro de su viaje –y del foco mundial informativo– la crisis migratoria y la importancia humanitaria de la “prioridad evangélica” y la alicorta e inhumana de la “nacional”.

Ojalá que entonces se aborden dos asuntos que no es posible tratar en esta ocasión por motivos de espacio y tiempo.

El primero de ellos, económico, es el referido a la financiación y a la libertad de una Cáritas que, como la española, recibió 486,9 millones de euros de los cuales 143,4 millones procedieron de las Administraciones públicas. Son cifras de la Memoria del año 2024. ¿Sigue siendo posible ser plenamente libre con casi un 30% de financiación procedente de las diferentes Administraciones públicas? Es un asunto que merece una detenida reflexión, tanto por parte de los católicos como de los poderes públicos.

Y, el segundo, más teológico y político, es el planteado en febrero de 2025 por J. D. Vance, vicepresidente de EEUU sobre el llamado ordo amoris o, lo que es lo mismo, sobre la organización de la solidaridad en círculos concéntricos, perfectamente jerarquizados: “Ama a tu familia, y luego ama a tu vecino, y luego a tu comunidad, y luego a tus conciudadanos de tu propio país. Y después de eso, puedes priorizar el resto del mundo”. Por cierto, y como curiosidad, una tesis bastante más templada que la defendida en su día por F. Savater, cuando sostuvo que el único “desprendimiento” que conocía era “el de retina”. Pero un criterio, el de J. D. Vance, ante el que hay que preguntarse ¿dónde queda el programa de Jesús cuando proclama –a propios y extraños– que “fui extranjero y me acogisteis”?

Acabo: se trata, en cualquier caso, de dos tesis –tanto la de uno como la del otro– en las antípodas de la parábola del buen samaritano y en la del juicio final, además de un problema de vista, al menos, en el caso del filósofo guipuzcoano…

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