Esther Lynch (CES): “Las muertes por calor en el trabajo no son accidentes: son previsibles y evitables”

Esther Lynch (CES): “Las muertes por calor en el trabajo no son accidentes: son previsibles y evitables”
La Confederación Europea de Sindicatos (CES) reclama una ley europea que fije temperaturas máximas de trabajo ante el aumento de fallecimientos por calor, en el Día Internacional de la Seguridad y la Salud en el Trabajo

El calor extremo ya no es una amenaza futura, sino una realidad que está costando vidas en los centros de trabajo europeos. Coincidiendo con el 28 de abril, Día Internacional de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, la Confederación Europea de Sindicatos (CES) ha reclamado una legislación comunitaria que establezca límites de temperatura en el trabajo y refuerce la protección de millones de personas trabajadoras expuestas a condiciones climáticas cada vez más adversas.

El llamamiento se produce en Bruselas, en un acto organizado por esta organización y el Instituto Sindical Europeo, donde representantes sindicales han trasladado a la Comisión Europea la urgencia de actuar ante un fenómeno que ya deja cifras alarmantes. Las muertes laborales relacionadas con el calor han aumentado un 42% en la Unión Europea desde el año 2000, el mayor incremento registrado a nivel global. Al mismo tiempo, el número de personas expuestas a olas de calor en su puesto de trabajo ha crecido un 60% en las últimas dos décadas.

A esta realidad se suma una percepción extendida de desprotección: casi la mitad de la población trabajadora (47%) reconoce haber sufrido calor excesivo en su empleo, pero solo el 15% afirma que se han adoptado medidas para garantizar su seguridad. Los datos evidencian, además, que el riesgo no es menor: por encima de los 30 grados, la probabilidad de accidente laboral aumenta entre un 5% y un 7%, y supera el 10% cuando las temperaturas alcanzan los 38 grados.

El calor mata también en el trabajo

La organización de trabajadoras y trabajadores europeos. a la que pertenece CCOO, UGT, USO y ELA, advierte de que estas cifras con el reflejo de situaciones concretas que, en muchos casos, podrían haberse evitado. El pasado verano dejó varios ejemplos dramáticos: un trabajador agrícola fallecido en España tras recolectar fruta a más de 40 grados; dos operarios de la construcción que murieron tras sufrir golpes de calor; o un trabajador de 50 años que perdió la vida en Francia al alcanzar una temperatura corporal de 42,9 grados en un centro logístico.

Pese a que la Comisión Europea publicó en 2023 orientaciones sobre la responsabilidad empresarial en contextos de altas temperaturas, los sindicatos denuncian que su impacto ha sido limitado. Diversos estudios apuntan a una “reticencia a adoptar medidas preventivas” por parte de las empresas y a una “negativa a aceptar la inclusión de medidas específicas sobre el calor” en la negociación colectiva.

“Las muertes por calor en el trabajo no son accidentes: son previsibles y evitables, y, sin embargo, demasiadas empresas siguen sin tomarse en serio el riesgo”, ha señalado la secretaria general de la CES, Esther Lynch.

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La dirigente sindical ha recordado que desde hace años las organizaciones afiliadas vienen denunciando casos “trágicos” en sectores como la agricultura, la limpieza viaria, la construcción o la industria, donde la exposición al calor extremo forma parte de la jornada laboral. “Su pérdida pone de relieve la urgente necesidad de actuar”, ha subrayado.

Una legislación pendiente para proteger la vida

La CES reclama que la futura ley europea de empleo de calidad incorpore una regulación clara sobre temperaturas máximas de trabajo y obligue a las empresas a aplicar medidas básicas de protección: acceso a agua potable, zonas de sombra, pausas durante la jornada o adaptación de horarios.

“El calor en el trabajo ya no es un problema emergente: es una realidad cotidiana para millones de trabajadores en toda Europa. No se trata solo de incomodidad; se trata de salud, de seguridad y, cada vez más, de pérdida de vidas”, ha diagnosticado el secretario confederal de la CES, Giulio Romani.

Romani considera que existe una “ventana de oportunidad política” en el proceso legislativo en curso para incorporar estas medidas y avanzar hacia un modelo de empleo que integre la resiliencia climática como un elemento esencial de calidad.

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