La Iglesia se moviliza contra la siniestralidad laboral: “Ninguna persona debería morir por ganarse el pan”

“Ninguna persona debería perder la vida por ganarse el pan”, advierte la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente, mientras la Conferencia Episcopal Española subraya que “ninguna sociedad puede permitirse que el trabajo (…) se convierta en causa de enfermedad, sufrimiento o muerte”, reclamando poner el cuidado y la dignidad en el centro
La conmemoración del 28 de abril, Día Internacional de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, está desplegando en todo el país una intensa agenda de convocatorias que, más allá de la denuncia, buscan generar conciencia social, memoria y compromiso.
Desde celebraciones litúrgicas hasta concentraciones públicas, pasando por espacios de diálogo y formación, la Iglesia (a través de la pastoral del trabajo, de los movimientos especializados de Acción Católica y sobre todo con el impulso de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente) sitúa con claridad el foco: la vida de las personas trabajadoras no puede seguir subordinada a la lógica del beneficio de otras personas.
Como recuerda el manifiesto de ITD, “ninguna persona debería perder la vida por ganarse el pan”, una afirmación que cobra especial gravedad en un contexto en el que, en España, mueren de media dos personas cada día mientras trabajan. La respuesta eclesial y social se articula estos días en una red de actos que combinan denuncia, oración y propuesta.
Una movilización que crece frente a una tragedia persistente
La agenda a la que ha tenido acceso este diario se ha ido construyendo durante los días previos con iniciativas que evidencian su arraigo y capilaridad en todo el territorio. En Toledo, un café de trabajo abordó “una lacra que no cesa: la siniestralidad laboral”, mientras que en Granada se insistía en una clave central: “cuidar el trabajo, cuidar la vida”, en una charla con la expresidenta de la HOAC, Maru Megina.
Barcelona, Córdoba y Elche acogieron actos públicos de sensibilización y lectura del manifiesto, y en Astorga la memoria de las víctimas se hizo liturgia y silencio, con una misa y un gesto público que subraya una dimensión esencial: recordar a las personas fallecidas no es un acto simbólico, sino una exigencia ética.
La jornada del 27 de abril en Castellón, con la presentación del libro Trabajo humano, el reto pendiente de Paco Porcar y una posterior concentración, reforzó esa idea de que el problema de la siniestralidad laboral exige reflexión profunda y acción colectiva.

El 28 de abril: visibilizar el dolor, denunciar la injusticia
Hoy, 28 de abril, se concentra el mayor número de convocatorias, configurando una jornada de alcance estatal. Las diócesis y movimientos implicados han optado por una combinación de expresiones públicas y celebraciones eucarísticas que visibilizan tanto el dolor como la esperanza.
En Plasencia, la jornada articula manifestación, vigilia y eucaristía en distintas localidades; en Logroño, la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) convoca una manifestación en la plaza del Mercado; y en ciudades como Guadalajara o Burgos, las vigilias de oración desembocan en gestos públicos contra la siniestralidad laboral.
Jaén suma concentración y eucaristía en memoria de las víctimas, mientras Toledo celebra una misa presidida por el arzobispo Francisco Cerro. En todos estos actos se repite un mismo hilo conductor: hacer visible una realidad que con frecuencia queda relegada a la estadística.
Las convocatorias tratan de interpelar. La ocupación del espacio público (plazas, calles, parroquias) busca romper la indiferencia social ante una tragedia cotidiana.
Más allá del 28: organización de las víctimas y presión social
Las convocatorias continúan en los días siguientes, ampliando el foco hacia la organización de las víctimas, la reflexión social y la reivindicación política.
El 29 de abril, Sevilla acoge la presentación de la Asociación de Víctimas del Trabajo en Andalucía (AVAELA), un paso relevante para dar voz a quienes sufren directamente las consecuencias de la siniestralidad. Salamanca y Zaragoza celebran vigilias y eucaristías, mientras Ciudad Real desarrolla su Jornada Diocesana de Pastoral Obrera, enlazando ya con el Primero de Mayo.
El 30 de abril refuerza esta continuidad con propuestas de análisis y denuncia: en Córdoba se abordará la precariedad laboral desde la mirada de FOESSA; en Sevilla se plantea una reflexión sobre el futuro del trabajo; en Valencia se celebrará una jornada bajo el lema “Ante la exclusión, defendemos el trabajo decente”; y en Logroño se realizará un gesto específico por la última persona fallecida en la región.
Poner la vida en el centro: una urgencia social y política
El conjunto de estas convocatorias configura algo más que una agenda: es una expresión de comunidad y de compromiso. Frente a una cultura que normaliza la siniestralidad laboral, las diversas expresiones de la Iglesia insiste en un cambio de paradigma.
No basta con mejorar cifras o reforzar normativas —aunque sea imprescindible—. Lo que está en juego es una concepción del trabajo. Como se viene reiterando desde la pastoral del trabajo, el empleo no puede ser un espacio de riesgo estructural, sino un ámbito de dignidad, cuidado y realización humana.
La amplitud territorial y la diversidad de actos muestran que existe una conciencia creciente. Sin embargo, el hecho de que cada día sigan muriendo personas mientras trabajan revela también la insuficiencia de las respuestas actuales.
En ese contraste, entre movilización y persistencia del problema, se sitúa el sentido profundo de este 28 de abril: no permitir que la muerte en el trabajo se convierta en un hecho asumido. Porque, como subraya el manifiesto de ITD, la vida no puede ser el precio del empleo.
Una llamada eclesial oportuna
A este conjunto de iniciativas se suma una aportación significativa: la nota conjunta de los departamentos de Pastoral de la Salud y de Pastoral del Trabajo de la Conferencia Episcopal Española con motivo de esta jornada. Con el título “Es tiempo de un país que cuide”, el texto toma posición y refuerza el núcleo de estas movilizaciones.
En él se afirma con claridad que “ninguna sociedad puede permitirse que el trabajo, que debería ser fuente de vida, se convierta en causa de enfermedad, sufrimiento o muerte”, una denuncia que conecta con el lema de ITD y con la realidad cotidiana de la siniestralidad laboral.
La nota de ambos departamentos destaca la necesidad de una transformación cultural que sitúe el cuidado en el centro del trabajo y de la vida social. En este sentido, el texto subraya que la defensa de la vida en el trabajo no es solo una reivindicación social, sino también una exigencia ética y pastoral.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



