El Mediterráneo alza la mirada para dejar de ser frontera y volver a ser espacio de fraternidad

El Mediterráneo alza la mirada para dejar de ser frontera y volver a ser espacio de fraternidad
FOTO | Momento del encuentro de León XIV y David Yambio
Coincidiendo con la visita de León XIV a España, Barcelona acogió el MED 26, la cuarta etapa del proceso iniciado en Bari para convertir el Mediterráneo en un espacio de encuentro, justicia y paz. Obispos, jóvenes, teólogos y agentes sociales de 25 países reflexionaron sobre cómo construir puentes entre las orillas de un mar herido por los conflictos, las desigualdades y las migraciones forzadas

El Mediterráneo volvió a presentarse en Barcelona como una pregunta abierta: ¿será un espacio de fronteras y enfrentamientos o un lugar donde los pueblos sean capaces de reconstruir la fraternidad?

Esa fue la cuestión de fondo que atravesó los Encuentros Mediterráneos MED 26, celebrados durante la visita del papa León XIV a España, aunque fuera del programa oficial del viaje apostólico. La iniciativa nació de la invitación del cardenal Juan José Omella a los obispos del Mediterráneo para celebrar una nueva asamblea tras las experiencias de Bari (2020), Florencia (2022) y Marsella (2023).

Barcelona se convirtió así en la cuarta etapa de un camino eclesial que busca responder a los grandes desafíos de una región marcada por guerras, desigualdades económicas, crisis migratorias y amenazas medioambientales, pero también llena de experiencias de solidaridad y encuentro entre culturas y religiones.

El objetivo del MED 26 fue “construir puentes de fraternidad entre las cinco orillas del Mediterráneo para responder a los desafíos de la justicia y la paz”. Para ello reunió a cerca de 60 obispos junto a jóvenes, teólogos de la red RTMed, responsables de lugares sagrados, comunidades religiosas y agentes sociales comprometidos con la solidaridad.

Un camino mediterráneo de comunión iniciado por Francisco

Los Encuentros Mediterráneos forman parte de un proceso impulsado por el papa Francisco, quien pidió al cardenal Jean-Marc Aveline, arzobispo de Marsella, la creación de la Oficina de Coordinación Eclesial del Mediterráneo (COMED).

Su misión es acompañar el camino iniciado en 2020 en Bari por iniciativa del cardenal Gualtiero Bassetti y la Conferencia Episcopal Italiana, fortaleciendo la comunión y la cooperación entre las Iglesias situadas en las distintas riberas del Mediterráneo.

COMED, presidida por Aveline y con el padre Alexis Leproux como secretario general, cuenta con representantes de diferentes países mediterráneos, entre ellos el obispo de Sant Feliu, Xavier Gómez, y la coordinadora del Consejo Mediterráneo de la Juventud, Pilar Shannon.

La propuesta responde a una convicción: los desafíos espirituales, sociales y ambientales del Mediterráneo necesitan respuestas compartidas. Por eso, junto a la asamblea de obispos, el proceso ha ido articulando redes de jóvenes, teólogos, santuarios, monasterios y centros de solidaridad.

El MED 26 quiso expresar así una aplicación concreta del camino sinodal en el contexto mediterráneo: una Iglesia que escucha, dialoga y trabaja junto a quienes están en las fronteras sociales.

En ese sentido se expresó el sacerdote italiano Mattia Ferrari, capellán de Mediterranea Saving Humans y coordinador de los Encuentros Mundiales de Movimientos Populares, que participó en Barcelona junto a David Yambio, presidente del movimiento popular Refugees in Libya. Yambio pudo saludar personalmente a León XIV durante el MED 26, un encuentro que definió como “un honor”, y en el que agradeció al Papa “reconocer la exclusión y la marginación que experimentan las personas migrantes”.

El activista, que destacó la importancia de reunir en Barcelona a “obispos, teólogos, jóvenes y actores de solidaridad” para fortalecer relaciones y construir redes en todo el Mediterráneo, explicó que durante su breve conversación trasladó a León XIV la situación cada vez más grave que viven las personas negras en Libia y Túnez, y le animó a seguir abordando estas cuestiones con jefes de Estado y líderes políticos.

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Para Ferrari, el encuentro fue “una gran oportunidad de estar juntos, rezar juntos y compartir nuestras experiencias”. La presencia de obispos, jóvenes, teólogos y agentes sociales muestra, según explicó a noticiasobreras.es, “la Iglesia que Jesús sueña, una Iglesia sinodal y misionera donde todos caminamos juntos para el bien común, para construir la civilización del amor”.

“La fraternidad nace de nuevo desde abajo”

El cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, participó también en el MED 26 antes de desplazarse a Tenerife para acompañar el último tramo de la visita pastoral de León XIV.

Su intervención puso el acento en la necesidad de mirar más allá de las heridas actuales. El Mediterráneo, recordó, es “cuna de civilizaciones”, pero está atravesado por “conflictos de una gravedad sin precedentes”. Las divisiones geopolíticas, las desigualdades económicas, los desplazamientos forzados y las tragedias migratorias muestran, afirmó, los grandes retos pendientes.

Ante esta realidad, Czerny llamó a no limitarse al diagnóstico: “No se trata simplemente de analizar o evaluar, sino que se necesita un nuevo paradigma de amistad social”. Una llamada a levantar la mirada para construir “un horizonte de paz y reconciliación”.

Esa mirada fue compartida por quienes viven diariamente las heridas abiertas del Mediterráneo. Mattia Ferrari recordó que queda mucho camino por recorrer porque “el Mediterráneo todavía es un mar donde hay guerra, donde hay naufragios, donde hay ruptura y destrucción de la fraternidad”.

Sin embargo, el sacerdote italiano quiso destacar también la esperanza que nace en las periferias. “El Mediterráneo es un mar donde la fraternidad nace de nuevo desde abajo, gracias a la Iglesia y gracias a muchas personas de buena voluntad”, subrayó.

Para Ferrari, esa es precisamente “la buena noticia del Evangelio en el Mediterráneo”: aunque la fraternidad haya sido rota por “el individualismo, la guerra, la indiferencia y el rechazo a los migrantes”, vuelve a abrirse camino “gracias al amor”.

“Esta es la dinámica de la Pascua de Cristo, una fuerza operante en la historia y también en el Mediterráneo”, afirmó.

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