1º de mayo: trabajo digno y compromiso cristiano

El 1º de Mayo volveremos a celebrar la fiesta de san José Obrero, la fiesta del trabajo y de las trabajadoras y los trabajadores. La Iglesia está presente en el mundo del trabajo y desea colaborar con los demás miembros de la sociedad civil, apoyando las justas demandas de las trabajadoras y trabajadores de hoy.
El diálogo entre la Iglesia y el mundo del trabajo es muy necesario, porque permite que todos podamos conocernos mejor y ayudarnos a afrontar, de manera saludable, los múltiples problemas que se presentan en el trabajo de cada día.
En este 1º de Mayo volvemos a reclamar trabajo decente para todas y todos, aquí y en todas partes.
Recientemente hemos recordado el primer aniversario del fallecimiento del amado papa papa Francisco, cuyo sueño de justicia social expresó mediante las tres “T”: “tierra, techo y trabajo para todos”.
Tratemos de buscar entre todos, en comunión y en sinodalidad, lo que constituye el bien común, particularmente el bien integral de los más necesitados.
La pastoral obrera de la Iglesia en España y fuera de España despliega una labor importantísima en lo que se refiere a acercar la Doctrina Social de la Iglesia a la realidad concreta de las trabajadoras y trabajadores.
En el documento Fieles al envío misionero se nos anima a llevar a cabo la tan deseada nueva evangelización de nuestra sociedad, teniendo en cuenta que evangelizar el mundo del trabajo es una tarea urgente entre nosotros.
Es cierto que vivimos en una sociedad desvinculada, desconfiada, enfrentada y polarizada. Por eso debemos acompañar a los trabajadores más pobres, precarios, descartados, migrantes y desplazados.
Hemos de promover encuentros que nos ayuden a dialogar con los sindicatos, los empresarios, las administraciones, las personas y los colectivos más comprometidos con el mundo del trabajo.
Hemos de buscar caminos de humanización en nuestro mundo, también en el mundo del trabajo, creando puentes entre la Iglesia y las trabajadoras y trabajadores.
Apoyamos iniciativas tales como Iglesia por el Trabajo Decente y campañas como “Cuidar el trabajo, cuidar la vida“.
Los miembros de la Iglesia, que somos también miembros de la sociedad civil, no debemos permanecer impasibles ante los sufrimientos y las penas de tantos hermanos y hermanas que se ven obligados a trabajar en condiciones indignas.
También es importante que luchemos para erradicar las causas del desempleo y del trabajo precario.
El dinamismo de la pastoral del trabajo ha sido capaz de abordar los debates actuales de la situación del mundo laboral (reforma laboral, reducción de la jornada laboral, etc.).
En algunas diócesis, los obispos se han sentado junto con los empresarios y los trabajadores para escucharse mutuamente y compartir experiencias.
Es también necesario que nos preocupemos por las víctimas de los accidentes laborales y por sus familias.
La Iglesia quiere ser una voz profética de anuncio de la buena noticia y de denuncia de las injusticias que existen en nuestro mundo.
Es necesario animar la pastoral del trabajo en las pequeñas y grandes comunidades cristianas.
Los movimientos, tales como la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y la Juventud Obrera Cristiana (JOC), así como sus militantes, desempeñan un papel decisivo en el acompañamiento y el cuidado en el mundo del trabajo.
Sirve perfectamente el método: ver + juzgar + orar + actuar.
Las buenas relaciones existentes entre dichos movimientos y las organizaciones sindicales deben proseguir si es que, en verdad, queremos colaborar en la construcción de un mundo más humano, fraterno y saludable.
La presencia de la clase obrera en la Iglesia y de la Iglesia en la clase obrera ha de ir dirigida a coordinar esfuerzos que nos permitan avanzar en la edificación del bien común, promoviendo una sociedad más humana, justa, fraterna y solidaria, donde cada persona sea reconocida por lo que es y no por lo que tiene.
No podemos sino defender la dignidad del trabajo y el trabajo digno desde la perspectiva del bien común. Y esta cuestión implica, por encima de todo, la dignidad de cada persona, creada a imagen de la Trinidad.
Si no somos capaces de estar junto a los sufrientes, si nos mostramos huraños o indiferentes ante tanto sufrimiento, si no escuchamos el clamor de los débiles y de los más pobres, ¿cómo vamos a colaborar en la humanización de nuestras sociedades?
Celebremos la fiesta del trabajo de manera alegre y comprometida, como venimos haciendo desde que, el 1 de mayo de 1955, el papa Pío XII proclamó a san José patrón de los trabajadores, para poner de manifiesto la dignidad del trabajo humano y su importancia para todas las personas y para el conjunto de la sociedad.
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Sacerdote diocesano de Valencia



