La bienaventuranza de acoger e integrar al extranjero

La bienaventuranza de acoger e integrar al extranjero
El compromiso con los migrantes ha marcado la vida de Esmaragdo González, militante de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) en la diócesis de Gran Canaria. Su experiencia personal ejemplifica los cuatro verbos del papa Francisco: acoger, proteger, promover e integrar.

El despertar de una conciencia acogedora de los migrantes entró en su vida a través de un Quehacer Apostólico Comunitario (QAC) que impulsó a los militantes grancanarios a crear el Sector de Migraciones.

Esa semilla germinó promoviendo la Delegación de Migraciones de la diócesis, donde Esmaragdo se integró desde sus inicios en 2016. Pero la sensibilidad y la inquietud por integrar a los diferentes, los recién llegados, ya la cultivaba muchos años antes.

Este hoacista, hoy profesor de religión jubilado, recuerda que en los años anteriores a la crisis económica de 2008 coordinó un proyecto intercultural del Gobierno de Canarias durante cuatro años. «Fue un proyecto precioso. Se daban clases de español y apoyo para integrarse en la sociedad a los chavales migrantes».

Esmaragdo González también fue gerente de una fundación público-privada que trabaja con menores discapacitados. Siempre cercano a los vulnerables, el despertar a la realidad del mundo migrante le llevó a vivir de cerca la gran crisis que se produjo con la llegada de miles de personas por mar hasta Canarias, el desbordamiento de las autoridades que no pudieron dar respuesta ordenada y el hacinamiento de africanos, parte de ellos menores, en el muelle del Puerto de Arguineguín.

En el último trimestre de 2020, a causa del cierre de fronteras por la pandemia de la COVID-19 y la actividad de una nueva y peligrosa ruta de migración, llegaron miles de personas a las islas.

El 15 de diciembre de ese año habían arribado a Canarias 702 pateras y 21.452 personas. Arguineguín fue el punto caliente de la crisis. «La parroquia desarrolló un proyecto de acogida. Hubo familias que vieron que los chicos no podían estar en la calle y los acogieron. El párroco estaba sensibilizado, pero después llegó otro sacerdote que no quiso saber nada. Nosotros, desde la Delegación de Migraciones intentamos que no hubiera conflictos con un sector de la población que mostró su rechazo».

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