Ni una menos

Un hombre estrangula a su mujer (48 años) y se entrega a la Guardia Civil. Callosa de Segura llora la pérdida de Patricia: emotivo minuto de silencio y cánticos de “ni una menos” tras el crimen machista.
Leí la noticia con el corazón encogido: una nueva víctima de la violencia machista, una familia rota, un pueblo herido. Después volví a san Juan de la Cruz, buscando una palabra que no naciera del ruido ni de la rabia. Y, casi al mismo tiempo, regresó a mí Edith (Edith Elvira Colqui Rojas-Perú) y su imagen de estrangular palabras para que broten versos. Entre la crudeza de la noticia, la hondura del místico y la intuición poética de Edith, fue tomando forma este poema… con carne y palabras estranguladas.
Aunque es de noche, prefiero estrangular palabras
Hay noches
en las que las palabras se resisten.
Se esconden.
Callan.
Tiemblan.
Y una mujer peruana, Edith,
dice que a veces hay que estrangularlas
para que sangren rimas de amor.
Yo también busco palabras esta noche.
Las rebusco entre periódicos,
entre lágrimas,
entre nombres propios.
Patricia.
Aitana.
Marisol.
Alberto.
Nombres que resuenan
como campanas heridas
en la comarca valenciana.
Palabras que no deberían habitar
las páginas de sucesos,
sino los álbumes familiares,
las sobremesas compartidas,
los abrazos cotidianos.
Esta noche oscura,
Callosa de Segura llora.
Y mientras algunos estrangulan vidas,
yo quisiera estrangular palabras.
Retorcerlas.
Abrirlas.
Desnudarlas.
No para arrancarles sangre,
sino para extraerles luz.
Porque ya hemos tenido demasiadas manos
apretando gargantas.
Ya hemos tenido demasiada violencia
disfrazada de amor.
Ya hemos tenido demasiadas mujeres
convertidas en estadísticas.
Y entonces,
en medio de la noche,
vuelve san Juan de la Cruz.
Y nos susurra:
“Bien sé yo la fonte que mana y corre,
aunque es de noche.”
Aunque es de noche.
Aunque la noticia golpee.
Aunque el miedo permanezca.
Aunque haya hogares rotos.
Aunque haya silencios cómplices.
Aunque la cultura siga enseñando
dominio donde debería enseñar encuentro.
Porque hay una fuente más honda
que la violencia.
Una corriente más fuerte
que el odio.
Una luz que no puede ser estrangulada.
La luz de quienes se levantan
para decir:
Ni una menos.
La luz de quienes educan
en igualdad.
La luz de quienes acompañan,
protegen,
escuchan,
denuncian.
La luz de tantas mujeres y hombres
que no aceptan la indiferencia.
En este Año Jubilar de San Juan de la Cruz,
cerca ya la fiesta del Corpus,
quiero creer
que la Fuente sigue manando.
Que Dios sigue llorando
con las víctimas.
Que sigue llamándonos
a construir relaciones nuevas.
Que sigue amasando humanidad
en el pan compartido.
Y que Patricia,
arrancada violentamente de esta tierra,
nos deja una pregunta ardiente:
¿Qué amor estamos enseñando?
¿Qué masculinidad estamos construyendo?
¿Qué mundo estamos dejando?
Por eso,
esta noche,
prefiero estrangular palabras.
No vidas.
Prefiero romper vocabularios viejos
para alumbrar otros nuevos:
dignidad,
ternura,
respeto,
igualdad,
fraternidad,
libertad.
Y mientras llega el alba,
mientras aprendemos a querernos mejor,
mientras la justicia y la memoria hacen su camino,
permanezco atento
a esa claridad que no se rinde,
a esa fuente escondida
que sigue atravesando la noche.
Porque la oscuridad no tiene la última palabra.
Porque cada gesto de cuidado,
cada voz que se alza,
cada vida defendida,
ensancha la luz.
Y sigo escuchando,
como un rumor de agua viva:
“Aquesta viva fuente que deseo,
en este pan de vida yo la veo,
aunque es de noche.”
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