Los movimientos populares de Argentina llaman a organizarse frente a la deshumanización y la concentración de riqueza

La declaración del encuentro celebrado en Argentina, que será entregada a León XIV durante su visita al país, reclama trabajo digno, reconocimiento de los cuidados, integración de los barrios y participación popular en las decisiones tecnológicas. Las organizaciones rechazan que el progreso justifique nuevas formas de explotación y se comprometen a fortalecer su articulación latinoamericana
“No aceptamos que el dios dinero se presente como la única manera posible de organizar nuestras sociedades”. Los movimientos populares reunidos en La Matanza, provincia de Buenos Aires, han aprobado una declaración que cuestiona la concentración de la riqueza y el poder, rechaza la precarización como supuesto precio del progreso y propone fortalecer la organización comunitaria para defender tierra, techo y trabajo. Su respuesta ante las nuevas formas de deshumanización “no puede ser resignarnos. Tiene que ser organizarnos mejor”.
El Encuentro Regional de Movimientos Populares–Capítulo Argentina 2026, celebrado los días 27 y 28 de octubre en Ciudad Papa Francisco, contó con organizaciones argentinas y delegaciones de otros países de América Latina y Estados Unidos. La declaración final será entregada a León XIV durante su próxima visita a Argentina, trasladando al pontífice las demandas y propuestas elaboradas desde las periferias.
Entre los participantes estuvieron Marcelo Colombo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina; Gustavo Carrara, arzobispo de La Plata y presidente de Cáritas Argentina; Eduardo García, obispo de San Justo; Mattia Ferrari, coordinador del Encuentro Mundial de Movimientos Populares; Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina, y representantes de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular.
Las jornadas pusieron las experiencias de sufrimiento, resistencia y organización de las comunidades en diálogo con Magnifica humanitas. Ese trabajo se concreta en nueve ámbitos de compromiso que conectan las reivindicaciones históricas de los movimientos con las transformaciones tecnológicas, los cuidados y las estructuras que reproducen la violencia y la exclusión.
El diagnóstico denuncia un agravamiento de las desigualdades: la guerra y el hambre expulsan a millones de personas de sus tierras, crecen los discursos de odio y se criminaliza a quienes buscan cómo sobrevivir. Mientras tanto, la riqueza se concentra y los avances tecnológicos se utilizan también para vigilar, controlar y acumular poder.
“Hace once años el Papa Francisco nos decía que este sistema no se aguanta más”, recuerda el documento. Desde entonces, sostiene, “las desigualdades se han profundizado y la deshumanización y la crueldad se han convertido en una marca de nuestro tiempo”.

Derechos frente a la concentración de riqueza y poder
La declaración rechaza que la transformación tecnológica sirva para presentar la pérdida de derechos como un proceso inevitable. “No aceptamos que la precarización del trabajo se presente como una consecuencia inevitable del progreso. La tecnología debe estar al servicio del trabajador y no el trabajador al servicio de la tecnología”.
Esta posición se traduce en demandas de salarios dignos, seguridad social y organización de todas las personas trabajadoras, incluidas las de la economía popular y las plataformas digitales. Las organizaciones exigen que los beneficios del progreso tecnológico mejoren las condiciones de vida de los pueblos.
La cuestión es también quién controla esos avances. Frente a su utilización para concentrar riqueza y poder, los movimientos defienden el acceso democrático al conocimiento, la protección de los datos personales, la soberanía popular y el derecho a participar en las decisiones tecnológicas.
“No aceptamos que las personas sean reducidas a consumidores, a datos o a algoritmos”, afirman. Reivindican así la capacidad de las comunidades para decidir sobre su futuro frente a una transformación que con frecuencia se presenta como ajena a cualquier intervención colectiva.
La defensa de los bienes naturales cuestiona que las nuevas necesidades tecnológicas y productivas justifiquen el saqueo de los territorios. Los movimientos reivindican la soberanía de los pueblos sobre sus recursos y el derecho de las comunidades a decidir sobre los lugares donde viven.
“No habrá transición ecológica justa si se construye sobre la destrucción de nuestra Casa Común y el desplazamiento de nuestros pueblos”, sostienen. La declaración vincula esa exigencia con la reforma agraria integral, la agroecología y la soberanía alimentaria, frente a un modelo que concentra la tierra, expulsa comunidades y destruye biodiversidad. Defiende las semillas como patrimonio de los pueblos y el acceso a alimentos sanos.
El derecho a techo tampoco queda reducido al acceso a una vivienda. Comprende vivir en un territorio con servicios, infraestructura, educación, salud, cultura y oportunidades. Por ello, las organizaciones reclaman integración sociourbana y reconocimiento de las personas trabajadoras de la economía popular que, mediante cooperativas, construyen y transforman sus barrios.
Los cuidados adquieren un lugar propio en esta actualización de las luchas populares. El documento visibiliza el trabajo cotidiano de quienes sostienen la alimentación, la salud, la educación y el acompañamiento de las personas más vulnerables. Exige reconocer esas tareas como trabajo esencial y desarrollar políticas públicas que fortalezcan las comunidades organizadas y garanticen condiciones dignas a quienes cuidan.
“Porque no hay justicia social sin cuidados, ni futuro posible sin comunidades que pongan la vida en el centro”, afirma.
La defensa de la vida lleva también a cuestionar las respuestas que criminalizan a los barrios mientras dejan intactos los poderes que se benefician del narcotráfico. La “narcoestructura”, denuncia, es un entramado económico, financiero, político, judicial, policial y territorial que lucra con la exclusión y destruye las comunidades, especialmente a su juventud.
“No aceptamos que nuestros barrios y nuestros pibes sean criminalizados mientras permanezcan intactas las estructuras que organizan, financian y protegen el negocio”. El compromiso combina enfrentar esas estructuras con fortalecer el trabajo, la educación, la cultura, los clubes y las redes de cuidado.
El mismo criterio orienta la defensa de las personas privadas de libertad. Las organizaciones exigen educación, trabajo y reinserción para reconstruir sus proyectos de vida: “Una sociedad que solo sabe castigar y abandonar termina reproduciendo la exclusión que dice combatir”.

Protagonistas de la justicia social
Estas demandas se acompañan de un compromiso de articulación latinoamericana entre movimientos populares, sindicatos, organizaciones comunitarias, pueblos originarios e Iglesias. El propósito es construir espacios permanentes de encuentro, comunicación y acción colectiva, porque “ninguna de estas luchas puede darse de manera aislada”.
La intervención de Mattia Ferrari reforzó esa concepción de los movimientos como protagonistas de la transformación. El coordinador del Encuentro Mundial de Movimientos Populares destacó su trabajo cotidiano, frecuentemente invisible, y vinculó la justicia social con la capacidad de las personas empobrecidas para organizarse y actuar por sí mismas. “Solo cuando ellos son sujetos y no objetos es posible caminar hacia la justicia social”, afirmó.
Desde el episcopado argentino, Colombo defendió una relación estable y de reciprocidad entre la Iglesia y los movimientos sociales. Carrara, por su parte, subrayó el camino compartido que Francisco y León XIV han pedido recorrer, orientado a cuidar la fragilidad y “defender la dignidad de los pueblos”.
Ese acompañamiento quedó expresado también en el mensaje de Alessandra Smerilli, prefecta del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.
“Acompañar es un verbo evangélico”, sostuvo Smerilli, “así quiere caminar la Iglesia con Ustedes, y así se compromete a seguir haciéndolo el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral”, reafirmó.
Su mensaje reconoció la capacidad de los movimientos para reconstruir la sociedad desde la exclusión. Al recuperar la imagen de Nehemías presente en Magnifica humanitas, expresó: “Los movimientos populares nacieron precisamente así: de personas que, ante las ruinas de la exclusión, no se resignaron, se organizaron, rezaron y pusieron manos a la obra, cada una con su tramo de muralla”.
La declaración concluye con un mensaje dirigido a León XIV. Al “Estoy con ustedes” que recuerdan del V encuentro mundial de Roma de hace un año, las organizaciones responden: “Estamos con vos”. Quieren acompañarlo en la defensa de la paz, la dignidad humana y la justicia social, y compartir tanto las injusticias que sufren como las alternativas que construyen.
“Nos quieren hacer creer que el futuro ya está escrito. Que la tecnología, el dinero y el poder decidirán por nosotros. No lo aceptamos”, proclaman. Frente a esa pretensión, reafirman que “frente a Babel, elegimos comunidad. Frente al descarte, organización. Frente a la deshumanización, dignidad. Frente a la impotencia, esperanza. Tierra, Techo y Trabajo siguen siendo derechos sagrados. Y el futuro también es un derecho de los pueblos”, concluyen.
Apoya y cuida Noticias ObrerasTu aportación hace posible un periodismo comprometido con la dignidad del trabajo, la justicia social y la esperanza. Puedes colaborar también a través de Bizum al 13744. Cualquier aportación, por pequeña que sea, suma y nos ayuda a seguir construyendo, día a día, esta mirada compartida al servicio del bien común

Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



