León XIV alerta contra delegar decisiones en los algoritmos y denuncia las condiciones laborales degradantes

El Papa vincula los desafíos de la inteligencia artificial, el trabajo y la convivencia social con una misma exigencia: situar la dignidad humana y la justicia social en el centro
León XIV ha advertido del riesgo de acostumbrarse a delegar en los algoritmos decisiones que corresponden a la conciencia humana y ha recuperado la denuncia de Gaudium et spes contra las condiciones laborales degradantes que reducen a la persona trabajadora a un “mero instrumento de lucro”. También ha rechazado que la diversidad entre personas y pueblos sea presentada como un peligro o una amenaza.
Los tres asuntos han aparecido unidos en la audiencia general de este miércoles, 16 de septiembre, en la que el Papa ha continuado este ciclo de catequesis sobre la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. Frente a transformaciones tecnológicas, económicas y sociales muy diferentes a las de hace seis décadas, León XIV ha recuperado una afirmación conciliar como criterio para abordar los debates actuales: “el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana”.
El pontífice ha llevado este principio directamente al terreno de la inteligencia artificial. El desarrollo tecnológico, los medios de comunicación, las redes sociales y el creciente recurso a la IA abren “nuevas posibilidades, derribando barreras y distancias”, ha reconocido, pero al mismo tiempo las relaciones tienden a convertirse en “cada vez menos personales, más virtuales”.
El problema no reside únicamente en cómo nos relacionamos. León XIV ha introducido una advertencia que afecta directamente a la utilización de sistemas automatizados para adoptar decisiones: “se corre el riesgo de acostumbrar a delegar en los algoritmos decisiones que corresponden solo a la conciencia humana”.
La reflexión prolonga una línea que el Papa viene desarrollando sobre el gobierno de la inteligencia artificial. El pasado sábado, ante el IV Encuentro Sinodal Fratelli tutti, planteó que, ante el desarrollo tecnológico, “la cuestión decisiva no es simplemente si aceptamos o rechazamos determinadas herramientas”, sino “qué humanidad queremos construir y qué lugar tendrá en ella cada persona”.
En aquella intervención reclamó también empresas que reconozcan “el trabajo y la dignidad como medidas del éxito”.
Cuando el trabajo reduce a la persona a instrumento
En la audiencia de esta semana, León XIV ha conectado directamente esa primacía de la persona con las condiciones de trabajo.
Al recuperar las que Gaudium et spes denominó “consecuencias prácticas de máxima urgencia”, ha recordado la condena conciliar de aquellas situaciones que ofenden la dignidad humana. Junto a las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución o la trata, el documento incluye expresamente “las condiciones laborales degradantes”.
Son aquellas, según el texto conciliar reproducido por el Papa, que reducen a la persona trabajadora “al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana”.
La expresión mantiene una especial actualidad ante transformaciones laborales en las que la digitalización y la inteligencia artificial están modificando la organización del trabajo, la contratación, el control de las plantillas y la propia capacidad de decisión de las trabajadoras y los trabajadores.
El planteamiento de León XIV desplaza así la discusión desde la mera eficiencia tecnológica hacia una pregunta anterior: qué decisiones pueden ser automatizadas sin menoscabar la autonomía, la responsabilidad y la dignidad de las personas.
No es la primera vez que el pontífice plantea el debate en estos términos. En el citado encuentro sinodal, advertía de las consecuencias de un progreso que deja de servir a la persona: “grandes edificaciones” se derrumban “donde el trabajo pierde su dignidad, donde comunidades enteras son marginadas o donde la tecnología termina profundizando las divisiones que debería ayudar a superar”.
La diversidad no es una amenaza
La misma concepción de la dignidad humana ha llevado al Papa a detenerse en la convivencia entre personas y pueblos.
León XIV ha afirmado que la diversidad existente en el mundo “no debe ser considerada como un peligro o una amenaza”, sino “como potencialidad de enriquecimiento y de crecimiento”. Frente a la oposición que puede degenerar en violencia, ha reclamado abrirse “a la lógica de la reciprocidad, del compartir y del cuidado”.
La reflexión adquiere especial relevancia en un contexto europeo –y global– marcado por el endurecimiento del debate migratorio y, en España, por la situación de Ceuta y la discusión política sobre el control de las fronteras, la acogida y protección de menores migrantes y el reparto de responsabilidades entre Administraciones.
Sin entrar ni citar directamente esta cuestión, el Papa ha recuperado otro principio de Gaudium et spes: “Toda forma de discriminación” en los derechos fundamentales por motivos de “sexo, raza, color, condición social, lengua o religión” debe ser “vencida y eliminada”.
León XIV ha añadido a esta exigencia una llamada a superar “la mentalidad individualista” y asumir una actitud de responsabilidad y participación.
Su planteamiento sitúa la justicia social como consecuencia concreta del reconocimiento de la igual dignidad de todas las personas. También obliga, según el texto conciliar recuperado por el Papa, a tener en cuenta “las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos” y el bien común de “toda la familia humana”.
La audiencia termina así conectando debates que habitualmente discurren por separado. El uso de la inteligencia artificial, las condiciones laborales, la convivencia entre pueblos y la discriminación quedan sometidos a un mismo criterio: la centralidad de la persona.
Para León XIV, este legado del Concilio no pertenece únicamente a la reflexión interna de la Iglesia. Debe ayudar a “valorar con responsabilidad los proyectos sociales y políticos de hoy” a partir de tres criterios que enumera expresamente: “la dignidad de la persona humana, la justicia social y la libre participación en la construcción del bien común”.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



